DICCIONARIO MÉDICO

Carcinoma

El carcinoma es una neoplasia maligna que se origina en el tejido epitelial. Representa más del 80 % de todos los cánceres diagnosticados en el ser humano y puede surgir en órganos tan distintos como la piel, el pulmón, la mama, el colon o las vías urinarias. Su clasificación depende del tipo de epitelio del que procede la célula tumoral.

Qué es el carcinoma

Con la excepción del tejido nervioso central y las células de estirpe sanguínea, prácticamente cualquier epitelio del organismo puede dar origen a un carcinoma. La palabra designa, en sentido estricto, un tumor maligno derivado de células epiteliales, es decir, de aquellas que forman las superficies de revestimiento externo (piel, mucosas) y las glándulas. Esa ubicuidad explica que los carcinomas constituyan, con diferencia, el grupo más numeroso de neoplasias sólidas.

La palabra procede del griego καρκίνωμα (karkínōma), derivado a su vez de καρκίνος (karkínos), que significa «cangrejo». La RAE recoge la voz a través del latín carcinōma. La comparación con el cangrejo es antigua: aparece ya en el Corpus Hippocraticum (siglos V-IV a. C.), donde se emplea καρκίνος para describir tumores cuyas prolongaciones venosas irradiaban desde la masa central recordando las patas del animal. Galeno, en el siglo II d. C., sistematizó el uso del término y reservó καρκίνωμα para las formas ulceradas, distinguiéndolas de los tumores indurados que denominó σκίρρος (skírrhos, «duro»). Esa distinción se perdió con el tiempo, y hoy carcinoma abarca cualquier neoplasia epitelial maligna, ulcerada o no.

Origen epitelial y transformación neoplásica

En la piel, las mucosas, los bronquios, la vejiga, los conductos glandulares: las células epiteliales están en casi todas partes. Se renuevan con rapidez, lo que las expone a un riesgo acumulativo de errores durante la replicación del ADN. Ese ritmo de división explica, al menos en parte, por qué los carcinomas son mucho más frecuentes que los tumores de tejidos con menor tasa de recambio celular.

Cuando una célula epitelial acumula mutaciones suficientes en genes que regulan el ciclo celular, la reparación del ADN o la apoptosis, puede escapar a los mecanismos normales de control y proliferar de forma autónoma. Ese proceso, la carcinogénesis, no ocurre de golpe: suele requerir años e incluso décadas de acumulación de alteraciones genéticas y epigenéticas sucesivas.

La frontera entre un carcinoma confinado y uno agresivo la marca la membrana basal. Mientras las células transformadas permanecen sobre ella sin atravesarla, la lesión se clasifica como carcinoma in situ; una vez que la cruzan e infiltran el tejido conjuntivo subyacente, el carcinoma pasa a considerarse invasivo, con capacidad potencial de alcanzar vasos linfáticos o sanguíneos y generar metástasis a distancia.

No todos los carcinomas se parecen al tejido del que proceden. El grado de diferenciación lo establece el patólogo al examinar la pieza al microscopio. Los bien diferenciados conservan rasgos reconocibles del epitelio original y tienden a crecer con lentitud; los pobremente diferenciados han perdido esas características hasta un punto en que solo la inmunohistoquímica permite confirmar su origen epitelial (esa pérdida extrema de identidad celular se denomina anaplasia). Entre ambos extremos, los moderadamente diferenciados ocupan una franja intermedia de agresividad variable.

Clasificación según el epitelio de origen

Del epitelio plano estratificado nace el carcinoma epidermoide, también llamado escamoso o espinocelular. Es el tipo predominante en la piel, la cavidad oral, la laringe, el esófago y el cuello uterino. Su nombre alude al aspecto «escamoso» que adquieren las células al queratinizarse, un rasgo que el patólogo reconoce con facilidad al microscopio.

Cuando el tumor se origina en un epitelio glandular (secretor de moco, enzimas u hormonas), recibe el nombre de adenocarcinoma. Los de colon, mama, próstata, pulmón y páncreas pertenecen a esta categoría. Resulta ser, con diferencia, el subtipo histológico más frecuente a escala global si se suman todas las localizaciones anatómicas.

Las vías urinarias están revestidas por un epitelio transicional (urotelio) capaz de adaptarse a los cambios de volumen de la vejiga. De ese tejido procede el carcinoma urotelial, antes denominado «de células transicionales», que abarca la pelvis renal, el uréter y la vejiga.

Existen variantes menos frecuentes que completan el espectro. El carcinoma basocelular se origina en la capa basal de la epidermis y, pese a ser el cáncer cutáneo con mayor incidencia absoluta, rara vez produce metástasis; un comportamiento tan poco agresivo que algunos autores discuten si debería seguir llamándose carcinoma en sentido oncológico pleno. En el otro extremo, el carcinoma microcítico de pulmón deriva de células neuroendocrinas del epitelio bronquial y se comporta con una agresividad notable. El carcinoma embrionario testicular procede de células germinales totipotenciales con diferenciación epitelial, lo que lo sitúa en una zona fronteriza dentro de la clasificación convencional.

Diferenciación con sarcoma, linfoma y melanoma

Sarcoma y carcinoma comparten la condición de tumores sólidos malignos, pero su origen tisular es completamente distinto. El sarcoma procede del tejido mesenquimal (hueso, cartílago, músculo, grasa, vasos), mientras que el carcinoma nace siempre del epitelio. Ese distinto origen se traduce en patrones de diseminación diferentes: los carcinomas tienden a propagarse primero por vía linfática, y los sarcomas, por vía hematógena.

Los linfomas constituyen un grupo aparte. Se originan en las células del sistema inmunitario (sobre todo linfocitos) y pertenecen a la categoría de neoplasias hematológicas, no a la de tumores sólidos epiteliales. Su comportamiento biológico y su abordaje son, en consecuencia, muy diferentes a los de los carcinomas.

Merece una mención aparte el melanoma. Aparece con frecuencia en la piel, sí, pero no procede del epitelio: los melanocitos, de los que se origina, son células de estirpe neuroectodérmica que migran a la epidermis durante el desarrollo embrionario. No es un carcinoma.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra «carcinoma»?

Del griego καρκίνωμα (karkínōma), formado sobre καρκίνος (karkínos), «cangrejo». Los médicos hipocráticos compararon ciertos tumores con la forma de un cangrejo por las prolongaciones vasculares que irradiaban desde la masa central. Galeno precisó el término en el siglo II d. C. para las formas ulceradas, y de ahí pasó al latín médico y al español.

¿Carcinoma y cáncer son lo mismo?

No. Cáncer es un término general que engloba todas las neoplasias malignas: carcinomas, sarcomas, linfomas, leucemias, melanomas y otros. El carcinoma es solo uno de esos grupos, pero con diferencia el más numeroso (más del 80 % de los diagnósticos oncológicos corresponden a carcinomas). Coloquialmente se usan como sinónimos, pero en el lenguaje médico la distinción importa porque cada tipo tiene un origen celular y un comportamiento biológico propios.

¿Qué diferencia un carcinoma in situ de uno invasivo?

La membrana basal. Mientras las células malignas permanecen sobre ella sin atravesarla, el carcinoma es in situ; cuando la cruzan e infiltran el tejido subyacente, se convierte en invasivo. Esa frontera, que al microscopio puede parecer sutil, cambia radicalmente el pronóstico.

¿Todo tumor epitelial es un carcinoma?

Estrictamente, no. Los tumores epiteliales benignos (adenomas, papilomas, pólipos) no son carcinomas. El término carcinoma se reserva para las neoplasias epiteliales malignas, es decir, aquellas con capacidad de invadir tejidos vecinos y, potencialmente, producir metástasis. Un adenoma de colon, por ejemplo, puede permanecer benigno durante años antes de que una acumulación adicional de mutaciones lo transforme en adenocarcinoma.

¿Por qué los carcinomas son más frecuentes que los sarcomas?

Porque las células epiteliales se dividen mucho más deprisa que las del tejido mesenquimal. Un epitelio como el intestinal renueva toda su superficie en tres a cinco días; la alta tasa de replicación multiplica las oportunidades de que se acumulen errores genéticos. Los tejidos mesenquimales (hueso, músculo, cartílago) tienen un recambio celular mucho menor, y eso se refleja en una incidencia de sarcomas que no alcanza el 1 % de todos los cánceres del adulto.

Referencias

  1. Instituto Nacional del Cáncer (NCI). ¿Qué es el cáncer?.
  2. MedlinePlus en español. Cáncer.
  3. Real Academia Española. Carcinoma. Diccionario de la lengua española, 23.ª edición.
  4. Manual MSD (versión para público general). Introducción al cáncer.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al carcinoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Adenocarcinoma: subtipo de carcinoma originado en epitelios glandulares, frecuente en colon, pulmón, mama y páncreas.
  • Carcinoma epidermoide: neoplasia que nace del epitelio plano estratificado, habitual en piel, laringe y esófago.
  • Carcinoma in situ: fase en la que las células malignas no han rebasado la membrana basal del epitelio.
  • Sarcoma: tumor maligno de tejido mesenquimal, con un origen celular diferente al del carcinoma.
  • Carcinogénesis: secuencia de cambios genéticos y epigenéticos que transforma una célula normal en tumoral.
  • Carcinomatosis: diseminación amplia de un carcinoma a superficies serosas como el peritoneo o las meninges.
  • Linfoma: neoplasia maligna del tejido linfático, de estirpe diferente a la epitelial.
  • Anaplasia: pérdida extrema de diferenciación celular, indicativa de mayor agresividad tumoral.

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