DICCIONARIO MÉDICO
Adenocarcinoma
El adenocarcinoma es un tumor maligno que se origina en las células del epitelio glandular, es decir, en las células encargadas de producir y secretar sustancias como moco, jugos digestivos u hormonas. Constituye la variedad más frecuente de cáncer en órganos como el pulmón, el colon, la próstata, la mama, el páncreas y el endometrio. Su contraparte benigna es el adenoma. Un adenocarcinoma es, en sentido estricto, un carcinoma de patrón glandular. Las células tumorales reproducen, con mayor o menor fidelidad, la arquitectura de las glándulas de las que proceden: forman luces, túbulos y papilas, y en muchos casos conservan la capacidad de producir mucina. El patólogo identifica estos rasgos al examinar el tejido al microscopio, y es precisamente ese patrón glandular lo que distingue al adenocarcinoma de otros tipos de carcinoma, como el carcinoma epidermoide, cuyas células imitan al epitelio escamoso, o el carcinoma de células transicionales, propio de la vía urinaria. El término procede de la unión de tres raíces griegas: ἀδήν (adḗn, «glándula»), καρκίνος (karkínos, «cangrejo») y el sufijo -ωμα (-ōma, «tumor»). La raíz karkínos tiene un recorrido largo en la historia de la medicina: ya Hipócrates la utilizó para describir tumores cuyas prolongaciones vasculares le recordaban las patas de un cangrejo, y Galeno la consolidó en el léxico médico grecolatino. La forma compuesta «adenocarcinoma» se generalizó en la literatura patológica del siglo XIX, cuando la observación microscópica permitió clasificar los tumores según su tejido de origen. Los adenocarcinomas representan, en conjunto, la categoría histológica más numerosa dentro de los cánceres sólidos. Hay una razón biológica directa: el epitelio glandular tapiza superficies internas sometidas a renovación celular constante, y esa alta tasa de división incrementa la probabilidad de que se acumulen mutaciones oncogénicas a lo largo de la vida. En el colon y el recto, prácticamente la totalidad de los tumores malignos son adenocarcinomas. Lo mismo ocurre en la próstata, donde superan el 95 % de los casos. En el pulmón, el adenocarcinoma ha desplazado al carcinoma epidermoide como subtipo predominante (alrededor del 40-50 % de los carcinomas pulmonares en las series actuales), una tendencia que se ha acentuado en las últimas décadas, en parte porque afecta con más frecuencia a zonas periféricas del pulmón que no siempre se asocian al tabaquismo clásico. En la mama, los carcinomas de estirpe ductal y lobulillar son también adenocarcinomas, aunque la nomenclatura habitual no siempre explicite el prefijo. Y en el páncreas, el adenocarcinoma ductal concentra cerca del 85 % de las neoplasias malignas del órgano. Cada localización impone matices propios. No es lo mismo un adenocarcinoma bien diferenciado del endometrio, con frecuencia indolente y de buen pronóstico si se detecta en fases tempranas, que un adenocarcinoma pancreático, cuya biología agresiva lo convierte en una de las neoplasias de peor evolución. Cuando el patólogo examina un adenocarcinoma, una de las primeras valoraciones que realiza es el grado de diferenciación, es decir, cuánto se parece el tumor al tejido glandular normal del que procede. Se distinguen habitualmente tres grados. Bien diferenciado (grado 1). Las células tumorales conservan una arquitectura glandular reconocible, con formación de luces y polaridad celular. El núcleo muestra escasa atipia. Son tumores que, en general, crecen con relativa lentitud. Moderadamente diferenciado (grado 2). Se mantiene cierta organización glandular, pero las estructuras son más irregulares y la atipia nuclear resulta evidente. El patólogo reconoce rasgos glandulares, aunque entremezclados con áreas de crecimiento sólido. En el grado 3 (pobremente diferenciado), la arquitectura glandular se ha perdido casi por completo. El tumor crece en láminas o nidos sólidos, con marcada atipia y elevado índice mitótico. Identificar el origen glandular puede requerir técnicas complementarias, como la inmunohistoquímica o la tinción de mucinas, porque la morfología convencional ya no basta por sí sola. El adenoma es un tumor benigno de estructura glandular. La frontera entre adenoma y adenocarcinoma reside en la capacidad de invasión: mientras el adenoma permanece confinado dentro de los límites del tejido donde se originó, el adenocarcinoma cruza la membrana basal y puede infiltrar tejidos adyacentes o diseminarse a distancia mediante metástasis. En el colon existe una secuencia bien documentada por la que un adenoma puede transformarse progresivamente en adenocarcinoma a lo largo de años, a medida que acumula alteraciones genéticas sucesivas (el modelo propuesto por Bert Vogelstein y Eric Fearon en 1990). No todos los adenomas progresan a malignidad; de hecho, la mayoría no lo hacen. Pero la vigilancia endoscópica de los pólipos adenomatosos se fundamenta justamente en interrumpir esa secuencia antes de que la transformación maligna se complete. De tres raíces griegas: ἀδήν (adḗn, «glándula»), καρκίνος (karkínos, «cangrejo») y -ωμα (-ōma, «tumor»). Hipócrates ya empleaba karkínos para referirse a ciertos tumores, y la forma compuesta «adenocarcinoma» se consolidó en el siglo XIX con la aparición de la anatomía patológica moderna. Sí. La terminación «-carcinoma» indica malignidad. Un adenocarcinoma es, por definición, un tumor maligno de origen glandular, con capacidad de infiltrar tejidos vecinos y producir metástasis. Su equivalente benigno se denomina adenoma. No exactamente. Carcinoma es el término genérico para todos los tumores malignos de origen epitelial. El adenocarcinoma es un subtipo concreto de carcinoma: aquel cuyas células reproducen un patrón glandular. Otros subtipos incluyen el carcinoma epidermoide, el de células transicionales o el carcinoma indiferenciado, entre otros. No. La gran mayoría de los adenomas permanecen benignos durante toda su existencia. La progresión hacia la malignidad requiere la acumulación de múltiples alteraciones genéticas, un proceso que se extiende normalmente durante años y que solo se completa en una fracción minoritaria de los casos. En absoluto. Puede desarrollarse en cualquier órgano que contenga epitelio glandular: colon, pulmón, próstata, mama, páncreas, estómago, endometrio, ovario, esófago, vía biliar y otros. Las características clínicas y el comportamiento biológico varían ampliamente según la localización. Si desea profundizar en conceptos vinculados al adenocarcinoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el adenocarcinoma
Frecuencia y distribución por órganos
Grados de diferenciación histológica
Diferenciación con el adenoma y la secuencia adenoma-carcinoma
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra adenocarcinoma?
¿Todo adenocarcinoma es cáncer?
¿Es lo mismo adenocarcinoma que carcinoma?
¿Todos los adenomas se convierten en adenocarcinoma?
¿El adenocarcinoma aparece solo en un órgano?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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