DICCIONARIO MÉDICO
Adenoacantoma
El adenoacantoma es un adenocarcinoma que presenta focos de diferenciación escamosa de aspecto benigno. Se localiza con mayor frecuencia en el endometrio, donde aparece en aproximadamente una cuarta parte de los adenocarcinomas endometrioides. La tendencia actual en anatomía patológica es sustituir este término por la designación unificada «adenocarcinoma con diferenciación escamosa». Desde el punto de vista histológico, el adenoacantoma es un tumor epitelial maligno cuyo componente principal sigue un patrón glandular (es decir, se trata de un adenocarcinoma), pero que además contiene áreas donde el epitelio ha sufrido una transformación hacia células escamosas sin signos de malignidad. Esos focos escamosos pueden adoptar formas diversas: perlas de queratina, puentes intercelulares bien definidos o agrupaciones de células ovoideas fusiformes que los patólogos denominan mórulas. El rasgo que distingue al adenoacantoma de otras variantes con componente escamoso es, precisamente, que dichas áreas no muestran atipia significativa. La palabra procede de tres raíces griegas: ἀδήν (adḗn, «glándula»), ἄκανθα (ákantha, «espina»), y el sufijo -ωμα (-ōma, «tumor»). El elemento ákantha alude a las células escamosas por la forma espinosa que presentan al microscopio sus prolongaciones intercelulares, los llamados «puentes de espinas» o desmosomas visibles en la capa espinosa del epitelio plano. La Real Academia Nacional de Medicina recoge como sinónimo en desuso el término adenocancroide. Durante décadas, los patólogos distinguieron dos categorías dentro de los adenocarcinomas endometriales con componente escamoso. Si las células escamosas tenían aspecto benigno, el tumor se clasificaba como adenoacantoma. Cuando esas mismas células mostraban rasgos francamente malignos, la denominación pasaba a ser carcinoma adenoescamoso. Steven G. Silverberg propuso en 1971 los criterios formales para separar ambas entidades, y la distinción se mantuvo vigente durante casi dos décadas. En 1988, un estudio de Robert J. Zaino y colaboradores, basado en 600 pacientes con enfermedad en estadios iniciales, demostró que el grado de diferenciación glandular y la profundidad de la invasión miometrial predecían mejor el riesgo de metástasis ganglionares que la clasificación del componente escamoso como benigno o maligno. No se halló diferencia estadística significativa entre ambos grupos. A raíz de este hallazgo, la Sociedad Internacional de Patología Ginecológica (ISGP) recomendó abandonar la dicotomía adenoacantoma/adenoescamoso y englobar todos los casos bajo el término «adenocarcinoma endometrioide con diferenciación escamosa». La clasificación vigente de la OMS mantiene esa denominación unificada. El término adenoacantoma no ha desaparecido del lenguaje médico, aunque su uso se ha reducido considerablemente. Sigue apareciendo en informes histopatológicos de centros que conservan la subdivisión clásica, y conviene conocerlo para interpretar correctamente bibliografía publicada antes de los años noventa. La frontera entre adenoacantoma y carcinoma adenoescamoso residía en la apariencia del componente escamoso. En el adenoacantoma, las células escamosas conservan una morfología madura, con citoplasma eosinófilo abundante y núcleos regulares, a veces formando mórulas compactas. En el carcinoma adenoescamoso, por el contrario, el componente escamoso muestra atipia nuclear, mitosis y, con frecuencia, queratinización anómala. La dificultad para trazar esa línea de forma reproducible entre observadores fue uno de los argumentos que impulsaron la unificación terminológica. Conviene no confundir ninguna de estas entidades con el carcinoma epidermoide puro del endometrio, un tumor extraordinariamente infrecuente que carece por completo de componente glandular. Del griego ἀδήν (adḗn, «glándula»), ἄκανθα (ákantha, «espina») y -ωμα (-ōma, «tumor»). La raíz ákantha hace referencia a la apariencia espinosa que adoptan las prolongaciones citoplasmáticas de las células escamosas cuando se observan al microscopio, un detalle morfológico que da nombre a la capa espinosa del epitelio. Cada vez menos. Desde 1988, la tendencia internacional es referirse a todos estos tumores como «adenocarcinoma con diferenciación escamosa», sin distinguir entre componente escamoso benigno y maligno. La clasificación de la OMS vigente ya no recoge la subdivisión clásica, pero el término persiste en textos anteriores y en algunos informes que siguen la tradición nomenclatural más antigua. No exactamente. Todo adenoacantoma es un adenocarcinoma, pero no todo adenocarcinoma es un adenoacantoma. La diferencia está en la presencia de focos de metaplasia escamosa de aspecto benigno dentro del tumor glandular. Un adenocarcinoma endometrioide sin esos focos se clasifica simplemente como adenocarcinoma endometrioide. Es su localización predominante, pero se han descrito casos en otras localizaciones donde el epitelio glandular puede sufrir metaplasia escamosa, como el intestino grueso o la cavidad oral. Son presentaciones poco habituales. Si desea profundizar en conceptos vinculados al adenoacantoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el adenoacantoma
Contexto histopatológico y evolución de la nomenclatura
Diferenciación con el carcinoma adenoescamoso
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra adenoacantoma?
¿Se sigue usando el término adenoacantoma en la práctica clínica?
¿Es lo mismo un adenoacantoma que un adenocarcinoma?
¿Solo aparece en el endometrio?
Referencias
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