DICCIONARIO MÉDICO

Adenocarcinoma renal

El adenocarcinoma renal, también denominado carcinoma de células renales (CCR), es el tumor maligno más frecuente del parénquima del riñón. Se origina en el epitelio de los túbulos renales y representa aproximadamente el 90 % de los cánceres renales del adulto. El subtipo de células claras es, con diferencia, el predominante.

Qué es el adenocarcinoma renal

El adenocarcinoma renal es un adenocarcinoma que nace en las células epiteliales que revisten los túbulos de la corteza renal, la porción más externa del riñón donde se concentra la mayor parte de las nefronas. Al microscopio, las células tumorales conservan en grado variable un patrón glandular o tubular, lo que justifica la denominación de adenocarcinoma. Representa entre el 2 y el 3 % de todos los cánceres del adulto, con una incidencia mayor en varones (proporción aproximada de 2:1 frente a las mujeres) y un pico de aparición entre la sexta y la séptima décadas de la vida.

En la nomenclatura médica actual, «carcinoma de células renales» es el término preferido por las clasificaciones internacionales (OMS, AJCC) y aparece con más frecuencia en la literatura que la forma clásica «adenocarcinoma renal», aunque ambas designan la misma entidad. Un tercer sinónimo, hoy en desuso clínico pero presente en textos antiguos, es hipernefroma o tumor de Grawitz.

La etimología resulta transparente: ἀδήν (adḗn, «glándula»), καρκίνος (karkínos, «cangrejo»), -ωμα (-ōma, «tumor») y el adjetivo latino renalis, derivado de ren, «riñón». El sinónimo «hipernefroma» tiene una historia más curiosa, vinculada a un error de interpretación que persistió durante décadas (véase más adelante).

El error de Grawitz y la larga confusión sobre el origen del tumor

En 1883, el patólogo alemán Paul Grawitz observó que las células de ciertos tumores renales se parecían notablemente a las de la glándula suprarrenal, y concluyó que el tumor se originaba a partir de restos de tejido suprarrenal enclavados en la corteza del riñón durante el desarrollo embrionario. Propuso llamarlo Struma lipomatodes aberrata renis. La idea caló en la comunidad médica, y el término hipernefroma (del griego ὑπέρ, hypér, «encima de», y νεφρός, nephrós, «riñón», aludiendo a la glándula que se sitúa «por encima» del riñón) se generalizó rápidamente.

Hubo que esperar varias décadas para que se demostrara de forma concluyente que el tumor procedía del propio epitelio tubular renal, no de la suprarrenal. Oberling, Rivière y Haguenau lo confirmaron mediante microscopía electrónica en 1960. El nombre perduró, sin embargo, y todavía hoy aparece ocasionalmente en informes anatomopatológicos.

Subtipos histológicos principales

La clasificación vigente de la OMS reconoce más de una docena de subtipos de carcinoma de células renales, definidos por criterios morfológicos y, cada vez más, por alteraciones moleculares específicas. Los tres subtipos principales concentran la inmensa mayoría de los casos.

Carcinoma de células claras. Es el subtipo dominante: representa alrededor del 70-80 % de todos los adenocarcinomas renales. Sus células presentan un citoplasma ópticamente vacío (de ahí el calificativo «claras»), rico en glucógeno y lípidos que se disuelven durante el procesamiento histológico. La pérdida o inactivación del gen VHL, situado en el brazo corto del cromosoma 3, es la alteración genética más característica de este subtipo, tanto en los casos esporádicos como en los asociados al síndrome de Von Hippel-Lindau.

El carcinoma papilar ocupa el segundo lugar, con un 10-15 % de los casos. Las células tumorales se disponen sobre ejes fibrovasculares formando papilas, y se distinguen dos variantes (tipo 1 y tipo 2) con perfiles genéticos y pronósticos distintos. El tipo 1 suele ser de bajo grado y curso relativamente indolente.

Con aproximadamente un 5 % del total, el carcinoma cromófobo completa la tríada principal. Tiende a ser un tumor bien delimitado, de crecimiento sólido y pronóstico favorable en la mayoría de las series. La confusión más frecuente en la práctica histopatológica es su distinción con el oncocitoma renal, un tumor benigno con el que comparte ciertas características celulares.

Factores de riesgo y contexto epidemiológico

El tabaquismo, la obesidad y la hipertensión arterial son los tres factores de riesgo modificables que la epidemiología ha asociado de forma más consistente con el adenocarcinoma renal. La incidencia ha aumentado en las últimas décadas, en parte por la detección incidental de tumores pequeños y asintomáticos en pruebas de imagen realizadas por otros motivos.

Aproximadamente un 5 % de los casos se enmarcan en síndromes hereditarios. El más conocido es el síndrome de Von Hippel-Lindau, causado por mutaciones germinales del gen VHL, que predispone al desarrollo de carcinomas de células claras bilaterales o multifocales a edades más tempranas de lo habitual. Existen otros síndromes con predisposición genética al carcinoma renal (Birt-Hogg-Dubé, carcinoma papilar hereditario, leiomiomatosis hereditaria), pero su frecuencia es mucho menor.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra hipernefroma?

Del griego ὑπέρ (hypér, «encima de») y νεφρός (nephrós, «riñón»). El término se acuñó en el siglo XIX porque se creía erróneamente que el tumor se originaba a partir de tejido suprarrenal (la glándula situada «encima del riñón»). Paul Grawitz defendió esta hipótesis en 1883, y el nombre sobrevivió al error durante más de medio siglo.

¿Adenocarcinoma renal y carcinoma de células renales son lo mismo?

Sí. Ambas denominaciones designan la misma entidad. «Carcinoma de células renales» es el término que predomina en las clasificaciones y guías clínicas actuales, mientras que «adenocarcinoma renal» subraya el origen glandular del tumor y sigue siendo válido en el uso médico.

¿Es el cáncer de riñón más frecuente?

Del parénquima renal, sí. Representa aproximadamente el 90 % de los tumores malignos del riñón en adultos. El otro grupo relevante, los carcinomas de células transicionales, se origina en la pelvis renal (la parte del riñón que conecta con el uréter) y tiene una biología y un comportamiento distintos.

¿El oncocitoma renal puede confundirse con un adenocarcinoma renal?

En ocasiones, sí. El oncocitoma renal es un tumor benigno que puede presentar características celulares similares a las del carcinoma cromófobo. La distinción es relevante porque el oncocitoma tiene un pronóstico excelente y no requiere el mismo abordaje que un tumor maligno.

Referencias

  1. MedlinePlus. Carcinoma de células renales.
  2. Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Tratamiento del cáncer de células renales (PDQ).
  3. Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Cáncer renal.
  4. American Cancer Society. ¿Qué es el cáncer de riñón?.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos vinculados al adenocarcinoma renal, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Hipernefroma: denominación histórica del adenocarcinoma renal, acuñada a partir de la hipótesis errónea de un origen suprarrenal del tumor.
  • Riñón: órgano par del aparato urinario encargado de la filtración de la sangre y la formación de orina.
  • Nefrona: unidad funcional del riñón, formada por el glomérulo y el sistema tubular.
  • Oncocitoma renal: tumor benigno del riñón que puede asemejarse al carcinoma cromófobo en la evaluación histológica.
  • Tumor de Wilms: nefroblastoma, el tumor renal maligno más frecuente en la edad pediátrica.
  • Angiomiolipoma: tumor renal benigno compuesto por vasos, músculo liso y tejido adiposo.
  • Nefroma: tumor renal, generalmente benigno, con distintas variantes histológicas.
  • Adenocarcinoma: tumor maligno originado en el epitelio glandular, categoría general a la que pertenece el adenocarcinoma renal.

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