DICCIONARIO MÉDICO
Arteria renal
La arteria renal es una rama par de la aorta abdominal que transporta sangre oxigenada hasta el riñón. Cada riñón recibe entre el 20 y el 25 % del gasto cardíaco a través de su arteria renal, un flujo desproporcionadamente alto para el tamaño del órgano, que se explica porque la arteria no solo nutre el parénquima renal sino que aporta toda la sangre que las nefronas deben filtrar para producir la orina. Hay dos arterias renales, una para cada riñón. Nacen de las caras laterales de la aorta abdominal, habitualmente a la altura del disco intervertebral entre L1 y L2, justo por debajo del origen de la arteria mesentérica superior. La derecha es más larga que la izquierda porque debe cruzar por detrás de la vena cava inferior para alcanzar el riñón derecho; la izquierda tiene un trayecto más corto y prácticamente horizontal. Ambas penetran en el riñón a través del hilio renal, la hendidura del borde medial por la que entran y salen también la vena renal, el uréter, los vasos linfáticos y los nervios del órgano. "Renal" procede del latín ren, renis, "riñón". El griego empleaba νεφρός (nephrós) para el mismo órgano, raíz que pervive en nefrona, nefrología o nefrectomía. En español conviven ambas familias léxicas (la latina: renal, suprarrenal; la griega: nefrona, nefritis) sin generar ambigüedad, y "arteria renal" es la única denominación en uso clínico para este vaso. Antes de entrar en el hilio, cada arteria renal se divide en una rama anterior (prepiélica) y una posterior (retropiélica), llamadas así por su relación con la pelvis renal. La rama anterior se subdivide en cuatro o cinco arterias segmentarias (apical, anterosuperior, anteroinferior, inferior y la posterior), cada una responsable de un territorio definido de parénquima. A partir de ahí comienza una arborización progresiva que va de lo macroscópico a lo microscópico. De las segmentarias nacen las arterias interlobares, que ascienden entre las pirámides renales por las columnas de Bertin. Al llegar a la frontera entre la corteza y la médula, giran formando las arterias arciformes, que recorren la base de las pirámides en sentido paralelo a la superficie del riñón. De las arciformes brotan las arterias interlobulillares, que ascienden radialmente por la corteza y, finalmente, dan origen a las arteriolas aferentes que alimentan los glomérulos. La secuencia completa tiene siete niveles: renal, segmentaria, interlobar, arciforme, interlobulillar, arteriola aferente, capilar glomerular. Ninguno de estos niveles dispone de anastomosis con las ramas vecinas del mismo calibre. Las arterias segmentarias irrigan territorios estancos: si se ocluye una de ellas, el parénquima que depende de esa rama sufre un infarto sin posibilidad de compensación colateral. El cirujano vascular y el nefrólogo tienen presente este dato cada vez que planifican una intervención sobre el pedículo renal. Alrededor del 25 al 30 % de las personas poseen una o más arterias renales adicionales, llamadas arterias renales accesorias o supernumerarias. Pueden nacer de la aorta, de las arterias ilíacas o de otras ramas próximas, y suelen dirigirse al polo superior o inferior del riñón sin pasar por el hilio. No representan una anomalía patológica: son variantes del desarrollo embrionario, consecuencia de la persistencia de brotes aórticos que normalmente involucionan mientras el riñón fetal asciende desde la pelvis hasta su posición lumbar definitiva. La entrada riñón con arterias múltiples desarrolla esta variante en detalle. Conocer de antemano cuántas arterias irrigan cada riñón resulta necesario en cirugía renal. Un trasplante, una nefrectomía parcial o la embolización de un tumor exigen cartografiar la anatomía vascular con angio-TC antes de intervenir, porque cada arteria accesoria debe ser identificada y manejada individualmente. Porque su trabajo consiste en filtrarla, no solo en alimentarse de ella. Unos 1.200 ml de sangre por minuto pasan por ambos riñones, cerca de la cuarta parte de lo que bombea el corazón. La mayor parte de ese volumen se filtra en los glomérulos y se reabsorbe en los túbulos; solo una pequeña fracción acaba convertida en orina. Mucho. Cuando el flujo a través de la arteria renal cae (por una estenosis, por ejemplo), el riñón interpreta esa caída como hipotensión sistémica y responde liberando renina. La renina pone en marcha el eje renina-angiotensina-aldosterona, que retiene sodio, contrae los vasos y eleva la presión. Es el mecanismo de la hipertensión renovascular: un estrechamiento de la arteria renal puede provocar una hipertensión grave y difícil de controlar con las medidas habituales. Sí. En torno al 25-30 % de la población presenta arterias renales accesorias. Son variantes del desarrollo, no patología. Lo habitual es una o dos arterias adicionales de menor calibre que entran en el riñón por fuera del hilio, generalmente en los polos. Su detección preoperatoria es obligada antes de cualquier cirugía renal. Del latín ren, "riñón". El griego usaba νεφρός (nephrós), raíz que el español ha conservado en nefrona, nefrología y nefritis. Para la arteria principal del riñón la tradición médica ha preferido siempre la forma latina. Si desea profundizar en conceptos asociados a la arteria renal, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la arteria renal
Ramificación intrarrenal
Arterias renales accesorias
Preguntas frecuentes
¿Por qué el riñón recibe tanta sangre siendo un órgano pequeño?
¿Qué tiene que ver la arteria renal con la presión arterial?
¿Es frecuente tener más de una arteria renal?
¿De dónde viene la palabra "renal"?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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