DICCIONARIO MÉDICO
Agujero
En anatomía, un agujero es una abertura que atraviesa un hueso, una membrana o una estructura orgánica y permite el paso de nervios, vasos sanguíneos u otras formaciones. El término equivale al latín foramen, preferido por la nomenclatura anatómica internacional, y constituye uno de los accidentes óseos más frecuentes del cuerpo humano: solo en el cráneo se contabilizan más de veinte agujeros de relevancia clínica. La palabra castellana "agujero" procede del latín tardío acucularium, derivado de acus ("aguja"), y designa, en su acepción general, una perforación o abertura. En medicina, el término se reserva para las aberturas naturales del organismo, no para las producidas por traumatismos o procedimientos quirúrgicos. Su sinónimo culto foramen (del latín foramen, foraminis, "orificio") es la forma que recoge la Terminologia Anatomica vigente desde 1998, y la que aparece en la mayoría de los atlas internacionales. Sin embargo, la tradición médica española ha mantenido la voz "agujero" en el uso clínico cotidiano, y la Real Academia Nacional de Medicina la acepta como primera denominación en muchas de sus entradas. Conviven así pares como "agujero intervertebral" / "foramen intervertebrale" o "agujero oval" / "foramen ovale", sin que uno invalide al otro. Un agujero anatómico no es un simple hueco. Cada abertura tiene límites óseos, membranosos o ligamentosos definidos, y por ella transitan estructuras concretas cuyo trayecto depende de la localización del orificio. En la base del cráneo, por ejemplo, el foramen yugular da paso a la vena yugular interna y a tres pares craneales (IX, X y XI), mientras que el foramen oval del ala mayor del esfenoides aloja la rama mandibular del trigémino. En la columna vertebral la situación es distinta. Los agujeros intervertebrales se forman entre dos vértebras contiguas y permiten la salida de los nervios espinales del canal raquídeo. No son orificios labrados en un solo hueso, sino espacios delimitados por los pedículos vertebrales, el disco intervertebral y las apófisis articulares. Tampoco faltan aberturas de naturaleza membranosa: los agujeros del cuarto ventrículo cerebral (dos laterales, llamados agujeros de Luschka, y uno medial, el agujero de Magendie) comunican la cavidad ventricular con el espacio subaracnoideo para permitir la circulación del líquido cefalorraquídeo. Agrupar los agujeros por regiones ayuda a entender su lógica anatómica. En el cráneo, los principales se sitúan en la base: el foramen magno (por donde la médula espinal se continúa con el tronco encefálico), el agujero oval, el redondo, el espinoso, el rasgado y el yugular, entre otros. Cada uno lleva el nombre de su forma, de su contenido o de ambos. En el raquis, además de los agujeros intervertebrales ya descritos, cada vértebra posee un foramen vertebral central que, sumado al de las vértebras adyacentes, forma el conducto raquídeo. Las vértebras cervicales añaden un par de forámenes transversos por los que asciende la arteria vertebral. Fuera del esqueleto, la terminología conserva el mismo vocablo para aberturas de tejidos blandos. El agujero oval del corazón fetal es un orificio en el tabique interauricular que permite el cortocircuito de sangre oxigenada antes del nacimiento. Que un mismo nombre designe estructuras tan distintas como un orificio del esfenoides y una comunicación cardíaca fetal es fuente habitual de confusión, y la propia RANM advierte sobre ello. En anatomía descriptiva, "agujero" designa una abertura que atraviesa por completo una estructura, habitualmente un hueso. Cuando la abertura no es completa y solo presenta una depresión o muesca en el borde, se habla de escotadura: las escotaduras vertebrales superior e inferior de dos vértebras adyacentes se alinean para configurar el agujero intervertebral. Un conducto se diferencia del agujero en que tiene longitud apreciable, como el conducto auditivo interno. Tampoco conviene confundir agujero con hendidura (fissura), que es una abertura alargada y estrecha. Del latín tardío acucularium, formado sobre acus ("aguja"). La idea original era la de un orificio del tamaño que deja una aguja al perforar un material. En anatomía, el sentido se amplió a cualquier abertura natural de un hueso o membrana, con independencia de su calibre. Sí. "Foramen" es el término latino recogido en la Terminologia Anatomica internacional. "Agujero" es la traducción española aceptada por la RANM. En la práctica médica cotidiana en España y Latinoamérica ambas formas conviven sin problema, y la elección depende del contexto y de la tradición de cada especialidad. Depende de cómo se cuenten. Solo en la base del cráneo, los tratados de anatomía identifican entre quince y veinticinco forámenes constantes. Si se añaden variantes como los agujeros emisarios (que no están presentes en todos los individuos), la cifra sube. No hay un número universal fijo porque la variabilidad anatómica individual es considerable. Algunos, sí. El agujero oval del corazón se cierra funcionalmente al nacer por el aumento de presión en la aurícula izquierda; cuando persiste abierto se habla de foramen oval permeable. En la columna vertebral, los agujeros intervertebrales pueden reducir su calibre por artrosis, hernias discales u osteofitos, comprimiendo las raíces nerviosas que los atraviesan: esa situación se denomina estenosis foraminal. Si desea profundizar en conceptos asociados al término agujero, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un agujero en el contexto anatómico
Funciones y contenido de los agujeros anatómicos
Agujeros del cráneo, del raquis y de las vísceras
Diferenciación con orificio, conducto y canal
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "agujero" en español?
¿Es lo mismo agujero que foramen?
¿Cuántos agujeros tiene el cráneo humano?
¿Puede un agujero anatómico cerrarse o estrecharse?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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