DICCIONARIO MÉDICO
Yodo
El yodo es un oligoelemento esencial para la síntesis de las hormonas tiroideas, que regulan el metabolismo, el crecimiento y el desarrollo neurológico. Su déficit o su exceso pueden causar enfermedad tiroidea. El yodo es un mineral traza imprescindible para la vida humana. El organismo no puede fabricarlo, por lo que debe obtenerse obligatoriamente a través de la alimentación o de suplementos. Su función principal es servir como materia prima para que la glándula tiroides produzca las hormonas tiroideas, unas moléculas que influyen en el funcionamiento de prácticamente todos los órganos y sistemas del cuerpo. Tanto la deficiencia como el exceso de yodo pueden provocar alteraciones de la función tiroidea con repercusiones significativas sobre la salud. El yodo (símbolo químico I, número atómico 53) es un elemento químico no metálico perteneciente al grupo de los halógenos. En su forma pura se presenta como un sólido cristalino de color violeta oscuro que sublima fácilmente, desprendiendo vapores de color violeta con un olor característico. Su nombre procede del griego ioeides, que significa "de color violeta". En la naturaleza, el yodo se encuentra principalmente disuelto en el agua del mar, en los suelos costeros y en ciertos depósitos minerales. Desde el punto de vista biológico, el organismo humano utiliza el yodo en su forma iónica, el yoduro (I⁻), que es la forma en la que se absorbe en el tracto digestivo y se transporta por la sangre hasta la glándula tiroides. Se clasifica como un oligoelemento esencial, lo que significa que el cuerpo lo necesita en cantidades muy pequeñas (del orden de microgramos al día), pero que su presencia es absolutamente indispensable para el funcionamiento normal del organismo. La función más importante del yodo es su participación en la síntesis de las hormonas tiroideas: la tiroxina (T4), que contiene cuatro átomos de yodo, y la triyodotironina (T3), que contiene tres. Estas hormonas desempeñan funciones vitales: Además, estudios recientes sugieren que el yodo puede desempeñar funciones adicionales fuera de la glándula tiroides, incluyendo un papel como antioxidante, la modulación de la respuesta inmunitaria y una posible participación en la salud del tejido mamario, aunque estas funciones extratiroideas están todavía en fase de investigación. El contenido de yodo de los alimentos varía considerablemente en función del tipo de alimento, la zona geográfica de producción y los métodos de procesado. Los principales alimentos ricos en yodo son: Los alimentos de origen vegetal cultivados en suelos pobres en yodo, como los de zonas montañosas o interiores alejadas del mar, contienen cantidades reducidas de este mineral. Además, ciertas sustancias presentes en algunos alimentos, denominadas bociógenos (como los tiocianatos e isotiocianatos presentes en la col, el brócoli, la coliflor y la soja), pueden interferir en la utilización del yodo por la tiroides, aunque este efecto solo es relevante en personas con una ingesta marginal de yodo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto de Medicina de Estados Unidos (IOM) establecen las siguientes ingestas diarias recomendadas de yodo según el grupo de edad: El límite superior tolerable de ingesta de yodo para adultos se establece en 1.100 μg/día (según el IOM) y en 500 μg/día según las recomendaciones de la Asociación Americana del Tiroides (ATA), que aconseja no superar esta cifra mediante suplementos de yodo o de kelp. Durante el embarazo y la lactancia, las recomendaciones sobre el límite superior varían entre 500 y 1.100 μg/día según la fuente consultada. La deficiencia de yodo es la causa prevenible más frecuente de daño cerebral y de discapacidad intelectual en el mundo. Según la OMS, alrededor de un tercio de la población mundial vive en áreas con riesgo de ingesta insuficiente de yodo, especialmente en regiones montañosas, interiores o con suelos pobres en este mineral. Las consecuencias de la deficiencia de yodo dependen de su gravedad y del momento de la vida en que se produce: La introducción generalizada de la sal yodada a partir de la década de 1920 redujo drásticamente la prevalencia de los trastornos por deficiencia de yodo en muchos países y se considera una de las intervenciones de salud pública más exitosas del siglo XX. No obstante, la deficiencia subclínica de yodo sigue presente en algunos grupos de riesgo, particularmente en mujeres embarazadas, veganos y personas que no consumen sal yodada ni productos lácteos. Aunque la mayoría de las personas sanas toleran bien un rango amplio de ingestas de yodo, el exceso puede producir alteraciones tiroideas significativas en determinados individuos: Las fuentes más frecuentes de exceso de yodo incluyen ciertos suplementos de yodo y kelp (que pueden contener cantidades hasta cien veces superiores a la ingesta diaria recomendada), los medios de contraste yodados utilizados en radiología, determinados medicamentos (como la amiodarona, que contiene aproximadamente un 37 % de yodo en su peso molecular) y el consumo excesivo de algas marinas ricas en yodo. El yodo tiene múltiples aplicaciones en la práctica médica, tanto en el ámbito diagnóstico como en el terapéutico y el preventivo: Para evaluar si una persona o una población tiene una ingesta adecuada de yodo, el método más utilizado es la determinación de la concentración de yodo en orina (yoduria). La mayor parte del yodo ingerido se excreta por vía renal, por lo que la yoduria refleja con fidelidad la ingesta reciente de yodo. A nivel poblacional, la OMS clasifica el estado de nutrición yódica según la mediana de la concentración urinaria de yodo: A nivel individual, la yoduria aislada tiene limitaciones porque varía considerablemente a lo largo del día y de un día a otro, por lo que suele ser necesario obtener varias muestras para obtener una estimación fiable. Otros indicadores complementarios del estado de yodo incluyen la tiroglobulina sérica, la TSH neonatal (utilizada en programas de cribado de hipotiroidismo congénito) y la ecografía tiroidea para valorar el volumen glandular. El médico determinará las pruebas más adecuadas en función de cada situación clínica. Es recomendable consultar con un profesional sanitario en las siguientes situaciones relacionadas con el yodo y la función tiroidea: No. Solo la sal etiquetada específicamente como "sal yodada" contiene yodo añadido. La sal marina, la sal rosa del Himalaya, la flor de sal y otras variedades gourmet generalmente no están yodadas o contienen cantidades mínimas de yodo de origen natural. Por este motivo, las personas que utilizan exclusivamente estos tipos de sal pueden tener una ingesta insuficiente de yodo si no lo compensan con otras fuentes alimentarias. Es importante comprobar el etiquetado del producto para saber si la sal que se consume habitualmente contiene yodo. Sí. Las personas que siguen una dieta estrictamente vegana (sin productos de origen animal) eliminan algunas de las fuentes dietéticas más importantes de yodo, como los productos lácteos, los huevos y el pescado. Si además no consumen sal yodada de forma habitual, el riesgo de una ingesta insuficiente de yodo es considerable. Diversos estudios han documentado que la prevalencia de deficiencia de yodo es mayor en poblaciones veganas que en la población general. Las sociedades científicas recomiendan que las personas veganas presten especial atención a su ingesta de yodo, ya sea a través del uso habitual de sal yodada, del consumo moderado y controlado de algas (vigilando no exceder las cantidades recomendadas, ya que algunas variedades contienen cantidades extremadamente altas de yodo) o mediante suplementos de yodo bajo la supervisión de un profesional sanitario que valore las necesidades individuales. El consumo habitual de pescado y marisco dentro de una dieta variada aporta cantidades adecuadas de yodo sin riesgo para la función tiroidea. Sin embargo, el consumo frecuente de grandes cantidades de algas marinas, especialmente las variedades más ricas en yodo como el kombu, puede suponer ingestas de yodo muy superiores al límite recomendado y provocar alteraciones tiroideas en personas susceptibles (hipotiroidismo o hipertiroidismo inducido por yodo). Se recomienda un consumo moderado de algas y consultar con un profesional sanitario ante cualquier duda, sobre todo si existe enfermedad tiroidea previa. Las necesidades de yodo aumentan significativamente durante el embarazo y la lactancia. La Asociación Americana del Tiroides (ATA) y la Asociación Americana de Pediatría recomiendan que las mujeres embarazadas, las que planifican un embarazo y las que están en periodo de lactancia tomen un suplemento diario que contenga 150 μg de yodo (como yoduro potásico), además de seguir una dieta que incluya fuentes de yodo. No obstante, conviene comprobar si el complejo vitamínico prenatal ya contiene yodo, ya que no todos lo incluyen. La suplementación debe ser indicada por el profesional sanitario que realiza el seguimiento del embarazo. El concepto de "alergia al yodo" es un término impreciso que genera frecuentes confusiones. El yodo, como elemento mineral esencial, no es un alérgeno en sí mismo. Lo que sí puede provocar reacciones alérgicas o de hipersensibilidad son ciertos compuestos que contienen yodo, como los medios de contraste yodados, la povidona yodada o determinados medicamentos. Estas reacciones están dirigidas contra la molécula del compuesto, no contra el yodo como elemento. Por este motivo, una persona que haya tenido una reacción a un contraste yodado no tiene necesariamente alergia al marisco (ni viceversa), ya que se trata de moléculas completamente diferentes. El médico valorará los antecedentes del paciente para determinar las precauciones necesarias antes de administrar cualquier compuesto yodado. © Clínica Universidad de Navarra 2026Qué es yodo
Funciones del yodo en el organismo
Fuentes alimentarias de yodo
Necesidades diarias de yodo
Deficiencia de yodo
Exceso de yodo
El yodo en la práctica clínica
Valoración del estado de yodo
Cuándo acudir al médico
Preguntas frecuentes sobre el yodo
¿Toda la sal tiene yodo?
¿Los veganos tienen más riesgo de deficiencia de yodo?
¿Tomar mucho marisco o algas puede perjudicar el tiroides?
¿Es necesario tomar suplementos de yodo durante el embarazo?
¿La "alergia al yodo" existe realmente?
Referencias
© Clínica Universidad de Navarra 2026