DICCIONARIO MÉDICO
Yoduro
El yoduro (I⁻) es la forma iónica del yodo, el anión que resulta cuando el átomo de yodo gana un electrón y adquiere carga eléctrica negativa. La mayor parte del yodo presente en la naturaleza, en los alimentos y en el organismo humano circula como yoduro, y son sus sales, sobre todo el yoduro potásico, las que tienen uso farmacológico. La variante ortográfica "ioduro" se considera forma culta y aparece todavía en algunos textos académicos, pero "yoduro" es la grafía dominante en español médico contemporáneo. Para la definición del elemento yodo y su papel en la síntesis de hormonas tiroideas, véase la entrada yodo. En términos químicos, el yoduro es un ion monovalente negativo: un átomo de yodo (I) con un electrón extra que le confiere carga -1. Se forma por reducción del yodo molecular (I₂) y es la especie más estable del yodo en disolución acuosa y en medios biológicos. El nombre sigue la regla de nomenclatura de los aniones halogenuros: del lema "yodo" se forma "yoduro" con el sufijo -uro, igual que de cloro deriva cloruro o de bromo, bromuro. El agua de mar contiene yoduro disuelto, y de ahí pasa a las algas, al pescado y, en general, a la cadena alimentaria. En los alimentos terrestres, la cantidad de yoduro depende mucho del suelo en que se cultivan: las zonas alejadas del mar y los terrenos lavados por glaciaciones son pobres en yodo, lo que explica el déficit endémico que motivó la introducción de la sal yodada. Esta contiene yoduro potásico, o yodato potásico, añadido a la sal común, no yodo molecular. Un detalle importante: el organismo absorbe el yodo en forma de yoduro, no en forma de yodo elemental. Los enterocitos del intestino delgado captan I⁻ y lo vierten al torrente sanguíneo. Desde ahí, la glándula tiroides lo concentra activamente mediante una proteína transportadora, el simportador sodio-yoduro (NIS), que lleva yoduro al interior del folículo tiroideo en contra de gradiente. Una vez dentro, el yoduro se oxida y se incorpora a la tiroglobulina para formar las hormonas tiroideas. La distinción es química, no terminológica. El yodo (I, o I₂ en su forma molecular) es el elemento neutro; el yoduro (I⁻) es su forma reducida e iónica. En el lenguaje cotidiano la palabra "yodo" cubre las dos formas, y a efectos prácticos no suele importar; en terminología médica precisa, conviene saber a cuál se refiere uno. Cuando se habla de yodo en la dieta o en suplementos, lo que en realidad se ingiere es casi siempre yoduro: a la sal yodada se le añade yoduro potásico o yodato potásico, nunca yodo molecular. El yodo del Betadine o de la tintura de yodo, de uso antiséptico tópico, tiene otra naturaleza química: ahí lo activo es yodo molecular o complejos de yodo, povidona iodada en el caso del Betadine, no yoduro. Y el yodo que actúa como medicamento antitiroideo es, de nuevo, distinto: yoduro potásico o solución de Lugol, una mezcla de yodo molecular y yoduro potásico en agua. Tres preparaciones, tres químicas distintas, todas llamadas "yodo" en la consulta. Los usos médicos del yoduro se concentran en sus sales, sobre todo el yoduro potásico (KI) y, en menor medida, el yoduro sódico (NaI). Ambos se administran por vía oral, y su papel se reparte entre tres escenarios: la patología tiroidea con hiperfunción, la preparación de la cirugía tiroidea y la protección frente a la captación de yodo radiactivo tras una emergencia nuclear. El yoduro potásico interviene en tres contextos clínicos, todos ligados a su capacidad de frenar de forma transitoria la actividad de la glándula. Aparece en la preparación de la tiroidectomía en pacientes con enfermedad de Graves-Basedow, donde reduce la vascularización y la friabilidad del tejido y facilita así la disección quirúrgica. Interviene también en la tormenta tiroidea, donde bloquea de forma aguda la liberación de la hormona ya almacenada en el coloide folicular. Y aparece, por último, en formas graves de hipertiroidismo que exigen un control rápido, como la tirotoxicosis inducida por amiodarona de tipo 1. El yoduro potásico es, por tanto, un antitiroideo no tionamida: actúa por un mecanismo distinto al del metimazol o el propiltiouracilo, que se detalla en el apartado siguiente. Para información clínica completa sobre causas, manifestaciones y abordaje del cuadro, puede consultarse la página de hipertiroidismo, elaborada por el Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica. Tras un accidente nuclear con liberación de yodo radiactivo, sobre todo el isótopo I-131, la tiroides capta ávidamente el isótopo, igual que captaría yodo estable, y queda expuesta a una dosis interna elevada con riesgo de cáncer tiroideo a medio plazo. Los niños y los fetos son los más vulnerables. La administración preventiva de yoduro potásico estable satura el simportador sodio-yoduro de la glándula y bloquea durante 24-48 horas la entrada de yodo radiactivo. La acción es rápida: los efectos se detectan ya a los 30 minutos de la ingesta, y la protección es máxima cuando se administra antes o muy poco después de la exposición. El yoduro potásico protege exclusivamente la tiroides, y solo frente al yodo radiactivo: no es un antídoto general contra la radiación ni cubre otros radionúclidos. Su administración debe estar indicada por las autoridades de salud pública ante una alerta concreta, nunca por iniciativa propia ante el temor a una catástrofe hipotética; tomarlo sin esa indicación no aporta protección añadida y sí puede alterar la función tiroidea. La dosis y la pauta por edades son competencia de los servicios de protección civil y de las guías clínicas, no de un diccionario médico. Baste decir que la demanda de comprimidos de yodo radiactivo estable se dispara en las farmacias europeas cada vez que un episodio nuclear reaviva la alarma. La solución de Lugol, descrita por el médico francés Jean Lugol en 1829, es una preparación acuosa que contiene yodo molecular (I₂) y yoduro potásico en proporciones variables. El yoduro actúa aquí como solubilizador del yodo, con el que forma el ion triyoduro (I₃⁻) y le confiere estabilidad en disolución. Se emplea en las mismas indicaciones tiroideas que el yoduro potásico solo y, fuera del ámbito médico, como tinción de laboratorio para evidenciar almidón. La solución saturada de yoduro potásico (SSKI) es otra preparación concentrada con aplicaciones similares; la pauta corresponde, en todo caso, a la farmacia hospitalaria. Estos dos conceptos explican por qué el yoduro tiene valor farmacológico real y, a la vez, por qué hay que manejarlo con cabeza. Pueden formularse como una paradoja sencilla: dar mucho yoduro a una tiroides sana frena la producción hormonal, pero dar mucho yoduro a una tiroides enferma puede dispararla. El efecto Wolff-Chaikoff, descrito en 1948 por Jan Wolff e Israel Lyon Chaikoff en la Universidad de California en Berkeley, es la inhibición transitoria de la síntesis de hormona tiroidea que sigue a una carga aguda de yoduro. El exceso intratiroideo bloquea la organificación del yodo y la liberación de hormona almacenada, y la glándula entra en una pausa funcional que se resuelve en cuestión de un par de días: pasado ese tiempo, la tiroides normal "escapa" del efecto y reanuda la síntesis. Es lo que permite usar el yoduro potásico en la preparación de la cirugía tiroidea, aprovechando precisamente esa ventana de bloqueo, y en la tormenta tiroidea, para frenar la liberación de hormona en cuestión de horas. Como tratamiento crónico del hipertiroidismo, en cambio, no sirve: la glándula termina escapando siempre. El reverso es el fenómeno de Jod-Basedow, descrito en el siglo XIX en zonas de bocio endémico tras la introducción de la sal yodada: en tiroides previamente disfuncionantes, con nódulos autónomos, con autoinmunidad subclínica, en algunos casos de tiroiditis de Hashimoto, el aporte brusco de yoduro puede desencadenar hipertiroidismo. El exceso de yoduro se comporta entonces como bociógeno en lugar de como freno. El riesgo es mayor en personas de edad avanzada con bocio nodular de larga evolución, el grupo en el que el cuadro pasa inadvertido con más frecuencia hasta que aparecen los síntomas. Fuera del ámbito médico, el término "yoduro" engloba un grupo amplio de compuestos. El yoduro de plata (AgI) tiene uso fotográfico clásico, en las emulsiones fotosensibles, y se emplea en siembra de nubes para inducir precipitación. El yoduro de hidrógeno (HI) es un reactivo común en química orgánica. El yoduro de metilo y el yoduro de propilo se utilizan en reacciones de alquilación. El yoduro mercúrico (HgI₂) tuvo uso analítico histórico y está hoy en desuso. Solo el yoduro potásico y, en aplicaciones puntuales de medicina nuclear, el yoduro sódico tienen relevancia farmacológica. Se forma a partir del lema "yodo" añadiendo el sufijo -uro, que es el sufijo regular para nombrar los aniones de los halógenos en español: cloruro (de cloro), bromuro (de bromo), fluoruro (de flúor), yoduro (de yodo). El propio término "yodo" procede del griego ἰοειδής (ioeidḗs), "de color violeta", aludiendo al color de los vapores que desprende al calentarse. La etimología completa del elemento se desarrolla en la entrada yodo. No exactamente. El yodo es el elemento químico (I) y, en su forma natural, una molécula diatómica (I₂); el yoduro es su anión (I⁻), la forma reducida con carga negativa. En el lenguaje coloquial los dos términos se usan de manera intercambiable, pero en medicina conviene distinguir: el yodo de la sal yodada es en realidad yoduro, el del Betadine es yodo molecular complejado, y el de los comprimidos antitiroideos es yoduro potásico. Solo de la captación tiroidea de yodo radiactivo. No protegen contra otros radionúclidos, como el cesio-137, el estroncio-90 o el plutonio, ni contra la radiación externa, ni cubren tejidos distintos del tiroideo. Su uso debe estar indicado por las autoridades sanitarias ante una alerta concreta. Tomarlas de forma preventiva sin esa indicación expone a disfunción tiroidea sin aportar protección añadida. Porque la respuesta depende del estado previo de la glándula. En una tiroides sana, una carga aguda de yoduro frena temporalmente la síntesis hormonal (efecto Wolff-Chaikoff) y, si la exposición se mantiene en pacientes con autoinmunidad subyacente, puede instaurar hipotiroidismo. En una tiroides con nódulos autónomos o autonomía funcional latente, el mismo exceso de yoduro puede actuar como sustrato adicional para una síntesis ya desregulada y desencadenar hipertiroidismo (fenómeno de Jod-Basedow). Mismo aporte, efectos opuestos. Si desea profundizar en conceptos asociados al yoduro, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el yoduro
Diferencia entre yodo y yoduro
Para qué sirve el yoduro: usos médicos
Yoduro potásico en patología tiroidea
Yoduro potásico frente a la exposición a yodo radiactivo
Solución de Lugol y otras formas farmacéuticas
El efecto Wolff-Chaikoff y el fenómeno de Jod-Basedow
Otras sales de yoduro
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra yoduro?
¿Es lo mismo yodo que yoduro?
¿Las pastillas de yoduro potásico protegen de cualquier accidente nuclear?
¿Por qué el exceso de yoduro puede dar hipotiroidismo y también hipertiroidismo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026