DICCIONARIO MÉDICO
Yoduro
El yoduro es la forma iónica del yodo, esencial para la función tiroidea. El yoduro potásico se utiliza en medicina para tratar enfermedades tiroideas y proteger la glándula tiroides en emergencias radiológicas. El yodo es un oligoelemento esencial para el organismo humano, imprescindible para la síntesis de las hormonas tiroideas que regulan el metabolismo, el crecimiento y el desarrollo. En el cuerpo, el yodo se encuentra y se utiliza principalmente en su forma iónica: el yoduro (I⁻). Este ion tiene una importancia médica de primer orden, tanto por su papel fisiológico en la función tiroidea como por sus aplicaciones terapéuticas. El yoduro potásico (KI), la forma farmacéutica más utilizada, es un medicamento con indicaciones bien definidas que van desde el tratamiento del hipertiroidismo grave hasta la protección de la glándula tiroides frente a la radiación en caso de accidente nuclear. A continuación se desarrollan en profundidad la naturaleza del yoduro, su función en el organismo, sus aplicaciones médicas, sus efectos adversos y las precauciones que todo paciente debe conocer. El yoduro es el anión del yodo, es decir, un átomo de yodo que ha ganado un electrón y adquiere una carga eléctrica negativa (I⁻). Es la forma química en la que el yodo se encuentra habitualmente en la naturaleza (disuelto en el agua del mar, presente en los suelos y en determinados alimentos) y la forma en la que el organismo lo absorbe, lo transporta por la sangre y lo incorpora a la glándula tiroides para la producción de hormonas. En medicina, el yoduro se emplea principalmente en forma de sales: La glándula tiroides, situada en la parte anterior del cuello, necesita yoduro para sintetizar las hormonas tiroideas: la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3). Estas hormonas son esenciales para la regulación del metabolismo basal, el desarrollo del sistema nervioso durante la vida fetal y la infancia, el crecimiento, la termorregulación y el correcto funcionamiento de prácticamente todos los órganos y sistemas del cuerpo. El yoduro ingerido con los alimentos se absorbe rápidamente en el tracto gastrointestinal y pasa a la sangre. La glándula tiroides posee un mecanismo de transporte activo —el cotransportador sodio-yoduro (NIS)— que le permite captar el yoduro de la sangre y concentrarlo en su interior hasta alcanzar concentraciones 20 a 50 veces superiores a las del plasma sanguíneo. Una vez dentro de la célula tiroidea, el yoduro es oxidado y se incorpora a la molécula de tiroglobulina mediante un proceso denominado organificación, catalizado por la enzima peroxidasa tiroidea (TPO). A través de sucesivas reacciones de acoplamiento, se forman las hormonas T3 y T4, que se almacenan en el coloide del folículo tiroideo y se liberan a la sangre según las necesidades del organismo, bajo el control de la hormona estimulante del tiroides (TSH) producida por la hipófisis. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece las siguientes recomendaciones de ingesta diaria de yodo: Las principales fuentes alimentarias de yodo incluyen el pescado y el marisco, las algas marinas, los productos lácteos, los huevos y la sal yodada, cuya utilización generalizada ha sido una de las intervenciones de salud pública más eficaces para prevenir los trastornos por deficiencia de yodo en la población. La deficiencia de yodo es uno de los problemas de salud pública más importantes a nivel mundial. Cuando el aporte dietético de yoduro es insuficiente para satisfacer las necesidades de la glándula tiroides, se produce un déficit en la síntesis de hormonas tiroideas que puede desencadenar un amplio espectro de trastornos denominados trastornos por deficiencia de yodo (TDY). El bocio es el aumento de tamaño de la glándula tiroides. Cuando la deficiencia de yoduro es crónica, la tiroides intenta compensar el déficit aumentando su capacidad de captación de yoduro y creciendo de tamaño, lo que da lugar a un bocio endémico. Este tipo de bocio fue históricamente muy frecuente en regiones montañosas e interiores alejadas del mar, donde el contenido de yodo en el suelo, el agua y los alimentos es bajo. La introducción generalizada de la sal yodada a partir de la década de 1920 redujo drásticamente la prevalencia del bocio endémico en muchos países, y se considera una de las intervenciones de salud pública más exitosas del siglo XX. Cuando la deficiencia de yoduro es grave y prolongada, la glándula tiroides no puede producir suficientes hormonas tiroideas, lo que da lugar a un hipotiroidismo. Los síntomas del hipotiroidismo incluyen fatiga, aumento de peso, intolerancia al frío, estreñimiento, piel seca, pérdida de cabello, bradycardia y alteraciones del estado de ánimo. El médico determinará el diagnóstico mediante análisis de sangre (TSH, T4 libre) y establecerá el tratamiento más adecuado. La consecuencia más grave de la deficiencia de yodo se produce cuando afecta a mujeres embarazadas, ya que las hormonas tiroideas son esenciales para el desarrollo del sistema nervioso central del feto. Una deficiencia severa de yoduro durante la gestación puede provocar cretinismo endémico, un cuadro de discapacidad intelectual irreversible, sordomudez y alteraciones del desarrollo neurológico y del crecimiento del niño. Por este motivo, la OMS recomienda que las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia aseguren una ingesta de yodo de al menos 250 μg/día, y en muchos países se recomienda la suplementación con yoduro potásico durante el embarazo. Según datos de la OMS, cerca de un tercio de la población mundial vive en áreas con riesgo de deficiencia de yodo. Aunque los programas de yodación de la sal han reducido enormemente la prevalencia de los trastornos por deficiencia de yodo, todavía existen regiones, especialmente en países en desarrollo, donde la deficiencia sigue siendo un problema relevante. En los países occidentales, incluida España, la deficiencia subclínica de yodo se ha documentado en algunos grupos de riesgo, particularmente en mujeres embarazadas, lo que ha motivado recomendaciones de suplementación durante la gestación. Si bien la deficiencia de yodo es un problema de salud pública bien conocido, el exceso de yoduro también puede tener consecuencias adversas sobre la función tiroidea. La exposición a cantidades elevadas de yoduro puede producirse a través de la dieta (consumo elevado de algas marinas, especialmente algas japonesas como el kombu), de medicamentos (amiodarona, expectorantes yodados), de medios de contraste yodados utilizados en radiología o de suplementos de yodo. Las consecuencias de la sobrecarga de yoduro dependen del estado previo de la tiroides del paciente: Estos efectos subrayan la importancia de que la suplementación con yodo y la administración de yoduro con fines terapéuticos se realicen siempre bajo indicación y supervisión médica. El yoduro, fundamentalmente en forma de yoduro potásico (KI), tiene varias aplicaciones terapéuticas bien establecidas en la práctica clínica. En la crisis tirotóxica (tormenta tiroidea) y en el hipertiroidismo grave, la administración de yoduro potásico o solución de Lugol se emplea para inhibir rápidamente la liberación de hormonas tiroideas almacenadas en la glándula. Este efecto, conocido como efecto Wolff-Chaikoff, se produce cuando una dosis elevada de yoduro bloquea transitoriamente la organificación del yodo y la síntesis hormonal, reduciendo de forma aguda los niveles de hormonas tiroideas en sangre. Se utiliza generalmente como tratamiento adyuvante, en combinación con antitiroideos (metimazol, propiltiouracilo) y betabloqueantes, y su administración debe realizarse siempre bajo supervisión médica. En pacientes con enfermedad de Graves que van a someterse a tiroidectomía, la administración de solución de Lugol o yoduro potásico durante los 7-10 días previos a la intervención reduce la vascularización de la glándula tiroides, lo que facilita la cirugía y disminuye el riesgo de sangrado intraoperatorio. Esta indicación es ampliamente utilizada en la práctica quirúrgica endocrina. En caso de un accidente nuclear o una emergencia radiológica que libere yodo radiactivo (I-131) al medio ambiente, la administración de yoduro potásico constituye una medida de protección de la glándula tiroides. El mecanismo es sencillo: al saturar la tiroides con yoduro estable (no radiactivo), se impide que la glándula capte el yodo radiactivo inhalado o ingerido, reduciendo así el riesgo de cáncer de tiroides inducido por radiación. La eficacia de esta medida es máxima cuando el KI se administra antes o inmediatamente después de la exposición al yodo radiactivo. Si se toma en las primeras 1-2 horas, puede bloquear más del 90 % de la captación tiroidea de yodo radiactivo. Cada dosis protege durante aproximadamente 24 horas. Tanto la OMS como la Asociación Americana del Tiroides (ATA), los CDC y la FDA respaldan esta indicación y recomiendan que los comprimidos de KI estén disponibles para su distribución inmediata a la población en las proximidades de instalaciones nucleares. Las dosis recomendadas por la FDA varían según la edad: Es importante subrayar que el KI solo protege la tiroides frente al yodo radiactivo y no proporciona protección frente a otros tipos de radiación ni a otros materiales radiactivos. No es un antídoto general contra la radiación. El yoduro potásico, administrado por vía oral, se utiliza en el tratamiento de determinadas enfermedades cutáneas, como la esporotricosis (una infección fúngica causada por Sporothrix schenckii), el eritema nodoso y la paniculitis nodular. En estos casos, el KI actúa como agente antiinflamatorio e inmunomodulador. La duración del tratamiento suele ser prolongada y requiere monitorización periódica de la función tiroidea por parte del especialista. El yoduro sódico marcado con yodo radiactivo (I-131) se emplea ampliamente en medicina nuclear para el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades tiroideas. La gammagrafía tiroidea con yodo radiactivo permite evaluar la función y la morfología de la glándula. Como agente terapéutico, el I-131 se administra por vía oral para el tratamiento del hipertiroidismo (especialmente la enfermedad de Graves y el bocio multinodular tóxico) y como terapia ablativa tras la cirugía del cáncer diferenciado de tiroides (carcinoma papilar y folicular). La dosis y la indicación las establece siempre el especialista en medicina nuclear o endocrinología. Aunque el yoduro suele ser bien tolerado a las dosis terapéuticas habituales, su uso no está exento de posibles efectos adversos: El uso de yoduro potásico está contraindicado o requiere precaución especial en las siguientes situaciones: El tratamiento con yoduro, ya sea como medicamento o en el contexto de una emergencia radiológica, debe realizarse siempre bajo indicación y supervisión médica. No se recomienda la automedicación con suplementos de yodo o yoduro sin la orientación de un profesional sanitario. Es recomendable consultar con un profesional sanitario en las siguientes situaciones relacionadas con el yoduro y la función tiroidea: No son exactamente lo mismo, aunque están estrechamente relacionados. El yodo (I₂) es un elemento químico que en su forma pura se presenta como un sólido cristalino de color violeta oscuro. El yoduro (I⁻) es la forma iónica del yodo, con una carga eléctrica negativa, que es la forma en la que el organismo absorbe y utiliza este elemento. En la práctica clínica, cuando se habla de "yodo" en el contexto de la nutrición o del tratamiento tiroideo, generalmente se hace referencia al yoduro en forma de sales como el yoduro potásico. La glándula tiroides capta específicamente el yoduro de la sangre para fabricar las hormonas tiroideas. No. El yoduro potásico solo protege la glándula tiroides frente al yodo radiactivo (I-131), que es uno de los materiales radiactivos que pueden liberarse en un accidente nuclear. No protege frente a otros tipos de radiación (como la radiación gamma o la radiación por neutrones), no protege a otros órganos del cuerpo y no es un antídoto general contra la exposición radiactiva. En una emergencia nuclear, el KI es solo una de las medidas de protección, que debe complementarse con la evacuación, el refugio y el control de los alimentos y el agua contaminados, siguiendo siempre las instrucciones de las autoridades sanitarias y de protección civil. No. La sal yodada de mesa no contiene una cantidad suficiente de yoduro para bloquear la captación de yodo radiactivo por la tiroides. Sería necesario ingerir cantidades muy elevadas de sal, lo que resultaría perjudicial para la salud por su alto contenido en sodio. Solo deben utilizarse productos de yoduro potásico aprobados por las agencias reguladoras (como la FDA) y a las dosis indicadas por las autoridades sanitarias. Los suplementos dietéticos que contienen yodo tampoco son un sustituto adecuado del KI farmacéutico en una emergencia radiológica. Sí. Tanto la deficiencia como el exceso de yodo pueden ser perjudiciales para la salud tiroidea. La ingesta excesiva de yodo, ya sea a través de la dieta (consumo elevado de algas marinas, por ejemplo), de suplementos o de medicamentos, puede provocar hipotiroidismo o hipertiroidismo inducido por yodo, dependiendo del estado previo de la tiroides y de factores individuales. Las personas con tiroiditis autoinmune (enfermedad de Hashimoto) o con bocio multinodular son especialmente susceptibles a los efectos adversos del exceso de yodo. Por este motivo, la suplementación con yodo debe ajustarse a las necesidades individuales y realizarse bajo orientación médica. Los medios de contraste yodados, utilizados habitualmente en pruebas de imagen como la tomografía computarizada (TC) con contraste o la angiografía, contienen yodo en su formulación. Tras la administración de estos contrastes, el organismo queda expuesto a una carga significativa de yoduro, que puede alterar transitoriamente la función tiroidea. En personas con tiroides normal, este efecto suele ser irrelevante. Sin embargo, en pacientes con enfermedad tiroidea subyacente (especialmente bocio multinodular o enfermedad de Graves latente), la exposición al yodo del contraste puede desencadenar un hipertiroidismo inducido por yodo (fenómeno de Jod-Basedow). Por este motivo, antes de realizar una prueba con contraste yodado, el médico valorará el estado tiroideo del paciente, especialmente si existen antecedentes de enfermedad tiroidea. © Clínica Universidad de Navarra 2026Qué es yoduro
El yoduro y la función tiroidea
Captación y utilización del yoduro por el tiroides
Necesidades diarias de yodo
Deficiencia de yodo y trastornos asociados
Bocio
Hipotiroidismo por déficit de yodo
Cretinismo endémico
Situación global de la deficiencia de yodo
Exceso de yoduro y sus consecuencias
Usos médicos del yoduro
Tratamiento de la crisis tirotóxica y el hipertiroidismo grave
Preparación preoperatoria de la cirugía tiroidea
Protección tiroidea en emergencias radiológicas
Tratamiento de dermatosis
Yoduro radiactivo en medicina nuclear
Efectos adversos del yoduro
Contraindicaciones y precauciones
Cuándo acudir al médico
Preguntas frecuentes sobre el yoduro
¿Es lo mismo yodo que yoduro?
¿Las pastillas de yoduro potásico protegen frente a toda la radiación?
¿Se puede usar sal yodada en lugar de pastillas de yoduro potásico en una emergencia nuclear?
¿El exceso de yodo es perjudicial?
¿Qué relación tiene el yoduro con el contraste de las pruebas de imagen?
Referencias
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