DICCIONARIO MÉDICO
Triyodotironina
La triyodotironina, o T3, es la forma biológicamente activa de las hormonas tiroideas. Aunque la glándula tiroides la produce en cantidad relativamente pequeña, la mayor parte de la T3 del organismo se genera en los tejidos periféricos a partir de la tiroxina (T4), de la que se diferencia por tener tres átomos de yodo en lugar de cuatro. La triyodotironina es una hormona derivada de la tironina —un esqueleto formado por dos anillos fenólicos unidos por un puente de oxígeno— a la que se han incorporado tres átomos de yodo. De ahí su nombre: tri- (tres) + yodo + tironina. En la nomenclatura bioquímica internacional se emplea la grafía "triiodotironina" (con la raíz latina iodo-), pero en el español médico moderno predomina la forma con y, "triyodotironina", coherente con la adaptación castellana del elemento yodo. La glándula tiroides secreta directamente algo de T3 —quizá un 20 % de la T3 total del organismo—, pero la fuente principal es otra: la retirada de un átomo de yodo del anillo externo de la T4 en tejidos como el hígado, el riñón, el músculo y, de modo especialmente relevante, el sistema nervioso central. Esa reacción la catalizan las desyodinasas (D1 y D2). Lo que significa, en términos prácticos, que la tiroxina funciona como un precursor circulante y la triyodotironina como la hormona efectora. ¿Por qué la T3 es más activa que la T4? Porque se une con una afinidad entre diez y quince veces mayor a los receptores nucleares de hormonas tiroideas (TR). Al unirse, modifica la transcripción de genes implicados en el consumo de oxígeno, la termogénesis, el metabolismo basal, el crecimiento longitudinal, la maduración del sistema nervioso central en el feto y el lactante, y la contractilidad cardíaca, entre otros procesos. Una sola hormona con un alcance biológico desproporcionado respecto a la cantidad que circula en la sangre. Al igual que ocurre con la tiroxina, la triyodotironina circula en gran parte unida a proteínas plasmáticas —sobre todo a la globulina transportadora de tiroxina (TBG) y a la albúmina—. Solo alrededor del 0,3 % se encuentra libre en el plasma. Y es precisamente esa fracción libre (FT3) la que atraviesa las membranas celulares, accede al núcleo y se une a los receptores. En la analítica clínica, la T3 total (TT3) mide las dos fracciones juntas, mientras que la T3 libre (FT3) mide exclusivamente la hormona no unida a proteínas. Hay un tercer concepto que conviene distinguir: la T3 reversa (rT3). Se genera cuando las desyodinasas retiran un átomo de yodo del anillo interno de la T4 en lugar del externo. El resultado es una molécula que, pese a ser isómera de la T3, carece de actividad biológica significativa. Su concentración aumenta en situaciones de estrés metabólico grave —sepsis, ayuno prolongado, enfermedad sistémica no tiroidea—, donde el organismo parece "desviar" la conversión de T4 hacia la forma inactiva para reducir el gasto energético. Es lo que en endocrinología se denomina síndrome del enfermo eutiroideo. Aunque se habla con frecuencia de "las hormonas tiroideas" como si fueran intercambiables, T3 y T4 desempeñan papeles diferentes dentro del mismo sistema. La tiroxina es la hormona que el tiroides exporta en mayor volumen y la que tiene una vida media más larga en la circulación (unos 6-7 días frente a los 2-2,5 días de la T3); actúa, en la práctica, como reserva estable. La T3, con su vida media corta y su alta afinidad por los receptores nucleares, es la herramienta de ajuste fino: cuando un tejido necesita más señal tiroidea, aumenta localmente la actividad de la desyodinasa D2 y genera más T3 a partir de la T4 disponible. El circuito se cierra en el eje hipotálamo-hipófisis-tiroides. El hipotálamo produce la hormona liberadora de tirotropina (TRH), que estimula a la hipófisis para que secrete TSH, y la TSH a su vez impulsa al tiroides a sintetizar T4 y T3. Cuando los niveles de T3 libre (y, en menor medida, de T4 libre) son suficientes, la hipófisis frena la secreción de TSH. Esta retroalimentación negativa mantiene la concentración de hormonas tiroideas dentro de un margen estrecho. Son dos grafías de la misma palabra. "Triiodotironina" sigue la raíz latina iodo- y es la forma que aparece en la nomenclatura bioquímica internacional. "Triyodotironina" utiliza la adaptación castellana yodo, igual que se escribe "yodo" y no "iodo" en español moderno. Ambas son correctas; en textos médicos en español la grafía con y es la más habitual. No se puede plantear así. La T4 es imprescindible como precursor estable, y la T3 como efector nuclear. Sin T4, no habría sustrato para generar T3 en los tejidos. Sin T3, la señal tiroidea no llegaría a los genes diana. Son complementarias. Lo que sí es cierto es que la T3 tiene una potencia biológica muy superior a la T4: se une al receptor nuclear con una afinidad unas diez veces mayor. La determinación de T3 se solicita sobre todo cuando se sospecha hipertiroidismo y la T4 libre es normal o solo ligeramente elevada — una situación que recibe el nombre de tirotoxicosis por T3. También se utiliza en el seguimiento de pacientes con enfermedad tiroidea ya conocida. No es la primera prueba que se pide en un cribado general de función tiroidea: ese papel lo ocupa la TSH. Es un isómero de la T3 que se produce cuando la desyodación de la T4 se dirige al anillo interno en vez de al externo. Carece de actividad hormonal relevante. Su aumento en sangre refleja habitualmente una enfermedad sistémica grave (sepsis, inanición, insuficiencia hepática), no un problema tiroideo primario. Si desea profundizar en conceptos asociados a la triyodotironina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la triyodotironina
T3 libre, T3 total y T3 reversa
Triyodotironina y tiroxina: dos hormonas, un eje
Preguntas frecuentes
¿Por qué se escribe "triiodotironina" y "triyodotironina"?
¿La T3 es más importante que la T4?
¿Para qué se mide la T3 en sangre?
¿Qué es la T3 reversa?
Referencias
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