DICCIONARIO MÉDICO
Tejido linfoide
El tejido linfoide es un tipo de tejido conjuntivo especializado en el que predominan los linfocitos. Constituye la base estructural del sistema inmunitario: en él se producen, maduran, seleccionan y activan las células encargadas de la respuesta adaptativa. Se organiza en órganos linfoides primarios —médula ósea y timo— y secundarios —bazo, ganglios linfáticos, tejido linfoide asociado a mucosas—. "Linfoide" procede del latín lympha ("agua clara") y del griego -ειδής (-eidḗs), "con aspecto de". En histología, designa un tejido conjuntivo cuyo armazón son fibras reticulares de colágeno tipo III sostenidas por células reticulares, sobre las que se asientan masivamente linfocitos B, linfocitos T, células plasmáticas, macrófagos y células dendríticas. Las denominaciones "tejido linfático" y "tejido linfoideo" son variantes aceptadas del mismo concepto. Lo que distingue a este tejido de un simple acúmulo de linfocitos es su organización funcional. Los linfocitos no están dispersos al azar: se agrupan en folículos, cordones, vainas periarteriolares y zonas T, cada estructura con un papel preciso en el reconocimiento antigénico y en la activación de la respuesta inmunitaria. Los órganos primarios son los lugares donde se generan y maduran los linfocitos. La médula ósea produce todas las células sanguíneas a partir de la célula madre hematopoyética y es, además, el lugar donde los linfocitos B completan su maduración: los clones que reconocen antígenos propios con afinidad excesiva son eliminados (tolerancia central). El timo recibe los precursores de linfocitos T procedentes de la médula y los somete a un doble filtro —selección positiva y negativa— que asegura que los T maduros reconozcan antígenos extraños presentados por moléculas de histocompatibilidad, pero no ataquen tejidos propios. El timo alcanza su máximo desarrollo durante la infancia y experimenta una involución progresiva a partir de la pubertad, en la que el tejido linfoide es sustituido gradualmente por tejido adiposo. Pese a esa involución, mantiene una actividad residual suficiente para generar linfocitos T durante la vida adulta, aunque a un ritmo mucho menor. Los órganos secundarios son los escenarios donde los linfocitos maduros se encuentran con los antígenos y donde se inicia la respuesta adaptativa. El bazo filtra la sangre y es el principal órgano linfoide para antígenos de origen hematógeno: su pulpa blanca contiene vainas linfoides periarteriolares (zona T) y folículos (zona B) organizados alrededor de las arteriolas centrales. Los ganglios linfáticos filtran la linfa que drena los tejidos; su corteza alberga folículos B —primarios si están en reposo, secundarios si contienen centros germinales activos— y la paracorteza es zona T. El tejido linfoide asociado a mucosas (MALT) es una categoría heterogénea que incluye las placas de Peyer del intestino delgado (GALT), los acúmulos bronquiales (BALT), las amígdalas palatinas y faríngeas y los adenoides. El MALT contiene aproximadamente el 70 % de las células linfoides del organismo, dato que refleja la enorme superficie mucosa expuesta a antígenos ambientales e ingeridos. La proliferación descontrolada de las células linfoides da lugar a los linfomas, neoplasias que se originan en el tejido linfoide y pueden afectar a ganglios, bazo, médula ósea y localizaciones extranodales. La linfadenopatía —aumento patológico de tamaño de los ganglios— puede deberse a causas reactivas (infecciones, enfermedades autoinmunes) o neoplásicas, y es con frecuencia el signo que lleva al estudio del tejido linfoide mediante biopsia. Las inmunodeficiencias que afectan al timo —como el síndrome de DiGeorge, causado por la aplasia o hipoplasia tímica— comprometen gravemente la maduración de los linfocitos T y, con ella, toda la respuesta celular adaptativa. No exactamente. El sistema linfático incluye los vasos linfáticos (conductos que transportan la linfa), los ganglios y los órganos linfoides. El tejido linfoide es el componente histológico de esos órganos: el entramado de células reticulares y linfocitos donde ocurre la actividad inmunitaria. Porque cumplen funciones distintas. El primario (médula ósea, timo) genera y madura linfocitos; el secundario (bazo, ganglios, MALT) es donde esos linfocitos encuentran antígenos y montan la respuesta. Sin los primarios no habría linfocitos; sin los secundarios, los linfocitos no encontrarían a quién responder. El timo involuciona a partir de la pubertad: pierde masa de tejido linfoide activo, que es reemplazado por grasa. Sin embargo, no desaparece por completo: conserva islotes funcionales capaces de generar linfocitos T, aunque a un ritmo muy inferior al de la infancia. Si desea profundizar en conceptos asociados al tejido linfoide, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el tejido linfoide
Órganos linfoides primarios
Órganos linfoides secundarios
Patología del tejido linfoide
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo tejido linfoide que sistema linfático?
¿Por qué se distingue entre primario y secundario?
¿Qué ocurre con el timo en el adulto?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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