DICCIONARIO MÉDICO
Célula plasmática
La célula plasmática, también llamada plasmocito, es el estadio final de diferenciación del linfocito B. Su función principal consiste en fabricar y secretar anticuerpos (inmunoglobulinas), lo que la convierte en la pieza central de la inmunidad humoral. Cuando un clon de células plasmáticas se expande de forma autónoma y produce una sola inmunoglobulina idéntica, se entra en el terreno de las gammapatías monoclonales. La célula plasmática es una célula del sistema inmunitario que reside sobre todo en la médula ósea, aunque también se encuentra en el bazo, los ganglios linfáticos y el tejido conectivo de las mucosas. Procede de un linfocito B que, tras reconocer un antígeno y recibir señales de los linfocitos T colaboradores, se activa, prolifera y se diferencia progresivamente: primero pasa por un estadio intermedio llamado plasmoblasto (todavía capaz de dividirse) y luego madura a célula plasmática, que ya no se divide pero adquiere una capacidad secretora muy alta. Se calcula que una sola célula plasmática puede producir varios miles de moléculas de anticuerpo por segundo. El nombre tiene una historia peculiar. En 1875, el anatomista alemán Heinrich Wilhelm Waldeyer utilizó "célula plasmática" para referirse de forma genérica a las células presentes en el plasma tisular. Fue Paul Gerson Unna quien, en 1891, lo aplicó por primera vez al tipo celular concreto que observó en las lesiones cutáneas de la tuberculosis (lupus vulgaris). Santiago Ramón y Cajal, un año antes, había descrito las mismas células como "células cianófilas" por su intensa afinidad por los colorantes básicos. El nombre de Unna fue el que perduró. La célula plasmática tiene un aspecto microscópico inconfundible. Es ovalada, de tamaño medio (12-20 µm), con un citoplasma abundante y marcadamente basófilo: se tiñe de azul intenso con las tinciones habituales porque está repleto de retículo endoplásmico rugoso, la maquinaria encargada de fabricar anticuerpos. El núcleo es redondo y excéntrico, desplazado hacia un lado de la célula, y su cromatina se dispone en grumos radiales que dibujan un patrón clásico descrito como "rueda de carro" o "esfera de reloj". Junto al núcleo se observa una zona clara, el halo perinuclear, que corresponde al aparato de Golgi prominente donde se procesan las inmunoglobulinas antes de secretarlas. Los marcadores de superficie más utilizados para identificar células plasmáticas en el laboratorio son el CD38 y el CD138 (sindecán-1). La citometría de flujo los emplea de forma rutinaria para cuantificarlas en la médula ósea. El recorrido que lleva de un linfocito B virgen a una célula plasmática secretora es uno de los procesos mejor estudiados de la inmunología. El linfocito B se origina en la médula ósea, donde adquiere su receptor de antígeno (el BCR, una inmunoglobulina de membrana). Una vez maduro, migra a los órganos linfoides secundarios, bazo y ganglios, donde puede encontrar su antígeno. Si lo reconoce y recibe la ayuda de un linfocito T folicular, se activa y entra en el centro germinal del ganglio, donde se somete a dos procesos simultáneos: la hipermutación somática, que genera variantes del anticuerpo con mayor afinidad, y el cambio de clase (o cambio de isotipo), que determina si la inmunoglobulina final será IgG, IgA, IgM, IgE o IgD. Del centro germinal salen dos destinos posibles: el linfocito B de memoria, que permanece quiescente pero preparado para responder rápidamente si el antígeno reaparece, y la célula plasmática, que migra a la médula ósea u otros tejidos y empieza a secretar anticuerpos. Las células plasmáticas de vida corta sobreviven días o semanas y participan en la respuesta inmune aguda. Las de vida larga pueden residir en la médula ósea durante años o décadas, manteniendo títulos sostenidos de anticuerpos en la sangre: son las responsables de la inmunidad duradera que confieren las vacunas. Cuando un clon de células plasmáticas escapa a los controles normales y se expande de forma autónoma, secreta una inmunoglobulina idéntica en cantidad desproporcionada (la paraproteína), visible como un pico monoclonal en la electroforesis de proteínas séricas. El espectro resultante, las gammapatías monoclonales, abarca desde la GMSI (un clon pequeño, sin daño orgánico) hasta el mieloma múltiple, pasando por el plasmocitoma solitario y la leucemia de células plasmáticas. Waldeyer lo usó en 1875 para las células del plasma tisular; Unna lo aplicó en 1891 al tipo celular concreto que hoy conocemos. "Plasmática" deriva del griego πλάσμα (plásma), "cosa moldeada" o "formación", que pasó al latín científico como plasma para designar la sustancia intercelular de los tejidos. Su sinónimo "plasmocito" combina πλάσμα con κύτος (kýtos), "célula". Sí. Ambos nombres designan exactamente la misma célula. "Célula plasmática" es la forma más extendida en textos clínicos en español; "plasmocito" se emplea con frecuencia en hematología y en anatomía patológica. No. Las células plasmáticas aumentan de forma fisiológica en las infecciones, tras las vacunaciones y en procesos inflamatorios crónicos. Solo cuando un clon se expande de forma autónoma y produce una paraproteína se entra en el espectro de las gammapatías monoclonales, y dentro de ese espectro la mayoría de los casos corresponden a una GMSI, que no es un cáncer. Las estimaciones oscilan entre 2 000 y 10 000 moléculas de anticuerpo por segundo. Esa velocidad de producción explica la abundancia de retículo endoplásmico rugoso en su citoplasma y la basofilia intensa que se observa al microscopio. Si desea profundizar en conceptos asociados a la célula plasmática, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la célula plasmática
Morfología al microscopio
Del linfocito B a la célula plasmática
Neoplasias de células plasmáticas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "célula plasmática"?
¿Es lo mismo una célula plasmática que un plasmocito?
¿Las células plasmáticas elevadas siempre significan cáncer?
¿Cuántos anticuerpos puede fabricar una célula plasmática?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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