DICCIONARIO MÉDICO

Sistema piramidal

El sistema piramidal es el conjunto de vías nerviosas que conducen las órdenes motoras voluntarias desde la corteza cerebral hasta las neuronas motoras de la médula espinal y el tronco del encéfalo. Lo forman dos tractos, el corticoespinal y el corticobulbar, y constituye la vía final común para los movimientos conscientes y precisos, sobre todo los de la mano y la cara.

Qué es el sistema piramidal

El nombre procede de pirámide, del latín pyramis y este del griego πυραμίς (pyramís), voz que designaba originalmente un pastel de harina de trigo con esa forma. La anatomía tomó prestada la palabra por un motivo visual: al llegar al bulbo raquídeo, los axones del sistema forman dos abultamientos alargados en la cara ventral, las pirámides bulbares, y de ahí el nombre de toda la vía. El parecido es literal, no metafórico.

Desde el punto de vista funcional, el sistema piramidal es una vía de solo dos neuronas: la motoneurona superior, con el cuerpo celular en la corteza cerebral, y la motoneurona inferior, situada en el asta anterior de la médula espinal o en un núcleo motor del tronco encefálico. Entre ambas no median relevos intermedios, algo que sí ocurre en buena parte de las vías extrapiramidales, y esa arquitectura simple explica la rapidez y la precisión de los movimientos que controla.

Origen cortical: las células de Betz

La mayor parte de los axones piramidales nace en la corteza motora primaria, situada en la circunvolución precentral del lóbulo frontal y catalogada por Brodmann como área 4. Ahí, en la capa V, se encuentran las neuronas piramidales gigantes descritas en 1874 por el anatomista ucraniano Vladimir Betz, en Kiev, que desde entonces llevan su nombre. Son las neuronas más grandes de toda la corteza cerebral. El resto, no: apenas entre un 2 y un 3 % de las neuronas del tracto piramidal son auténticas células de Betz. El resto procede tanto del área 4 como de la corteza premotora, el área motora suplementaria y la corteza somatosensorial.

Además, la corteza motora primaria contiene una representación desproporcionada del cuerpo, el llamado homúnculo motor, en la que la mano y la cara ocupan una extensión muy superior a la que correspondería a su tamaño real (son las regiones con mayor densidad de fibras piramidales y, por tanto, con el control motor más fino).

El descenso hasta el tronco y la médula

Los axones de las motoneuronas superiores se agrupan en la corona radiada y convergen en el brazo posterior de la cápsula interna, el paso obligado entre la corteza y las estructuras profundas del cerebro. De ahí bajan por los pedúnculos del mesencéfalo, atraviesan la protuberancia y llegan al bulbo raquídeo, donde forman las pirámides que dan nombre al sistema.

En la unión entre el bulbo y la médula espinal, la mayor parte de las fibras (entre el 75 y el 90 %, según las series consultadas) cruza la línea media en la decusación piramidal para formar el tracto corticoespinal lateral, que desciende por el lado contrario de la médula. El resto sigue sin cruzar, constituye el tracto corticoespinal anterior y se decusa de forma segmentaria, ya cerca de su destino. El cruce no es total, aunque sí mayoritario. Ese entrecruzamiento es el motivo por el que cada hemisferio cerebral gobierna la musculatura del lado opuesto del cuerpo; su historia, ligada a los anatomistas del siglo XVIII que documentaron el fenómeno, se cuenta con más detalle en la entrada dedicada a la decusación.

Dos tractos, dos destinos: corticoespinal y corticobulbar

El tracto corticoespinal, ya decusado en su mayor parte, continúa por la médula espinal y hace sinapsis con las motoneuronas inferiores del asta anterior, que inervan la musculatura del tronco y las extremidades. El corticobulbar no llega tan lejos: sus fibras terminan en el tronco del encéfalo, en los núcleos motores de varios pares craneales (entre ellos el trigémino, el facial, el glosofaríngeo, el vago, el accesorio y el hipogloso), y gobiernan los músculos de la cara, la lengua, la faringe y la laringe.

Hay una particularidad anatómica digna de mención: la mayoría de los núcleos motores craneales reciben fibras corticobulbares de los dos hemisferios, no solo del contrario. La excepción son los núcleos que gobiernan la porción inferior de la cara y buena parte de la lengua, inervados casi en exclusiva por el hemisferio opuesto.

Diferencia con el sistema extrapiramidal

El sistema piramidal convive con otra red de circuitos motores, el sistema extrapiramidal, con la que no debe confundirse. El piramidal es la vía directa de dos neuronas que acaba de describirse: inicia el movimiento voluntario y es filogenéticamente reciente. El extrapiramidal es una red mucho más antigua y compleja, tejida entre los ganglios basales, el tálamo, el cerebelo y varios núcleos del tronco encefálico. No inicia el movimiento, lo modula: ajusta el tono muscular, la postura y los movimientos automáticos que acompañan a los voluntarios, como el braceo al caminar.

Ambos sistemas cooperan de manera constante. No son rivales. Quien quiera profundizar en el segundo puede consultar las entradas de la vía extrapiramidal y del propio sistema extrapiramidal.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama sistema piramidal?

Por la forma de las pirámides bulbares, los dos abultamientos que los axones forman en la cara ventral del bulbo raquídeo al descender hacia la médula. La palabra pirámide viene, a su vez, del griego πυραμίς, que designaba originalmente un pastel de harina de trigo con esa silueta.

¿Es lo mismo el sistema piramidal y la vía corticoespinal?

No exactamente. La vía corticoespinal es uno de los dos componentes del sistema piramidal; el otro es la vía corticobulbar. En el lenguaje clínico ambos términos se usan a veces como sinónimos, porque el tracto corticoespinal es, con diferencia, el más voluminoso de los dos.

¿Todas las fibras piramidales cruzan al lado contrario?

No. Entre el 75 y el 90 % lo hace en la decusación piramidal del bulbo raquídeo. El resto desciende sin cruzar por el tracto corticoespinal anterior y se decusa más abajo, ya en la médula espinal, cerca de su destino final.

¿Quién describió las células de Betz?

El anatomista ucraniano Vladimir Betz, en 1874, mientras trabajaba en la Universidad de Kiev. Las llamó pirámides gigantes por su tamaño, muy superior al de cualquier otra neurona de la corteza cerebral.

¿En qué se diferencia del sistema extrapiramidal?

En que el piramidal inicia el movimiento voluntario y el extrapiramidal lo modula. Uno es una vía directa de dos neuronas; el otro, una red de circuitos que pasa por los ganglios basales, el cerebelo y el tronco del encéfalo antes de llegar al músculo.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Componentes del cerebro. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  2. Manual MSD, versión para profesionales. Debilidad: el tracto corticoespinal y las motoneuronas superiores.
  3. Real Academia Española. Pirámide. Diccionario de la lengua española.
  4. Nolan M, Scott C, Hof PR, Ansorge O. Betz cells of the primary motor cortex. Journal of Comparative Neurology (National Library of Medicine).

Entradas relacionadas

  • Decusación. Cruce de fibras nerviosas en la línea media, del que la decusación piramidal es el ejemplo más conocido.
  • Sistema extrapiramidal. La red de circuitos que modula el tono muscular y los movimientos automáticos.
  • Vía extrapiramidal. Las vías concretas, distintas de la piramidal, que forman ese sistema.
  • Neurona piramidal. El tipo neuronal, presente en varias regiones de la corteza, al que pertenecen las células de Betz.
  • Cápsula interna. El paso estrecho por el que discurren las fibras piramidales entre la corteza y el tronco del encéfalo.
  • Bulbo raquídeo. La región del tronco del encéfalo donde se forman las pirámides y ocurre la decusación.
  • Médula espinal. El destino final del tracto corticoespinal.
  • Motoneurona. La célula, superior o inferior, sobre la que se organiza toda la vía piramidal.

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