DICCIONARIO MÉDICO
Bulbo raquídeo
El bulbo raquídeo (o médula oblongada) es el segmento más caudal del tronco del encéfalo. Situado entre la protuberancia por arriba y la médula espinal por debajo, alberga los centros que gobiernan funciones tan elementales como respirar, mantener el latido cardíaco o deglutir. Se trata de una estructura con forma de cono truncado invertido, de unos 2,5 a 3 cm de longitud en el adulto, localizada en la fosa craneal posterior por debajo del tentorio del cerebelo. Su límite superior es el surco bulboprotuberancial; el inferior, la decusación de las pirámides, donde comienza la médula espinal a la altura del foramen magno. El nombre tradicional en español, "bulbo raquídeo", se forma a partir del latín bulbus ("raíz redondeada") y el adjetivo rachideus, derivado del griego ῥάχις (rháchis, "columna vertebral"). Describe, por tanto, una dilatación situada junto a la columna. El sinónimo latino medulla oblongata ("médula prolongada") fue empleado por los anatomistas renacentistas para subrayar que esta porción del encéfalo parece una prolongación craneal de la médula espinal. Ambas denominaciones coexisten en la literatura médica actual. En la cara anterior del bulbo destacan las pirámides bulbares, dos relieves longitudinales formados por las fibras del tracto corticoespinal. En su extremo inferior, la mayoría de esas fibras cruzan la línea media (decusación piramidal), lo que explica que cada hemisferio cerebral controle la musculatura del lado opuesto del cuerpo. Lateralmente a las pirámides se sitúan las olivas bulbares, prominencias ovoideas que albergan el núcleo olivar inferior, una estación de relevo que envía información al cerebelo para el ajuste fino del movimiento. En la cara posterior, la porción inferior muestra los fascículos grácil y cuneiforme, que conducen información somatosensorial (tacto fino, propiocepción) hacia los núcleos del mismo nombre. La porción superior, al abrirse para formar el suelo del cuarto ventrículo, deja de tener una superficie posterior visible como tal y pasa a constituir la parte inferior de ese espacio ventricular. Cuatro de los doce pares craneales tienen sus núcleos de origen o de terminación en el bulbo raquídeo. El nervio glosofaríngeo (IX) participa en la sensibilidad de la faringe, el gusto del tercio posterior de la lengua y el reflejo del vómito. El nervio vago (X), el par craneal con distribución más extensa, regula la frecuencia cardíaca, la motilidad digestiva y la fonación, entre otras funciones. El nervio accesorio (XI) inerva los músculos esternocleidomastoideo y trapecio. Y el nervio hipogloso (XII) controla la musculatura de la lengua. El bulbo raquídeo contiene los centros neurovegetativos que sostienen la vida sin intervención consciente. El centro respiratorio bulbar (grupos respiratorios dorsal y ventral) genera el ritmo básico de la respiración; el centro cardiovascular modula la frecuencia cardíaca y el tono vasomotor a través del nervio vago y de fibras simpáticas descendentes. También residen aquí los centros de la deglución, del vómito y del estornudo. Esa concentración de funciones vitales en un volumen tan reducido tiene una consecuencia clínica directa: cualquier lesión del bulbo, por pequeña que sea, puede comprometer la supervivencia. Un infarto bulbar lateral (síndrome de Wallenberg), por ejemplo, produce una constelación de signos que incluye vértigo, disfagia, disfonía y alteraciones sensitivas cruzadas, aun cuando el área dañada mida apenas unos milímetros. Porque los anatomistas clásicos vieron en él una dilatación redondeada al comienzo de la médula espinal. El latín bulbus significaba "cebolla" o "raíz hinchada", y la comparación con esa forma es la misma que dio nombre al bulbo piloso o al bulbo de la yugular. No. El tronco del encéfalo comprende tres segmentos: mesencéfalo, protuberancia y bulbo raquídeo. El bulbo es solo la porción más inferior. Depende de la localización exacta y la extensión del daño. Las lesiones pueden alterar la respiración, la deglución, la fonación, el control de la presión arterial o la sensibilidad de un hemicuerpo. Las más extensas resultan incompatibles con la vida, porque los centros respiratorio y cardiovascular dejan de funcionar. La capacidad de regeneración del tejido nervioso central es muy limitada. Las lesiones bulbares (vasculares, tumorales o traumáticas) suelen dejar secuelas permanentes, aunque la neurorrehabilitación puede lograr mejorías funcionales aprovechando la plasticidad de las áreas adyacentes. Si desea profundizar en conceptos asociados al bulbo raquídeo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el bulbo raquídeo
Anatomía de superficie y estructuras internas
Pares craneales que emergen del bulbo
Centros reguladores de funciones vitales
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "bulbo" al bulbo raquídeo?
¿Es lo mismo bulbo raquídeo que tronco del encéfalo?
¿Qué ocurre si se lesiona el bulbo raquídeo?
¿Puede el bulbo raquídeo repararse tras una lesión?
Referencias
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