DICCIONARIO MÉDICO
Orientia tsutsugamushi
Orientia tsutsugamushi es la bacteria que causa el tifus de los matorrales, una infección que transmiten las larvas de ciertos ácaros en amplias zonas rurales de Asia y el Pacífico. Solo puede vivir dentro de células ajenas, abandona cada célula infectada envuelta en un fragmento de su membrana, como hacen algunos virus, y arrastra uno de los genomas bacterianos más repetitivos que se han secuenciado. Hasta 1995 se clasificaba dentro del género Rickettsia. Orientia tsutsugamushi Agente del tifus de los matorrales Tipo: bacteria Morfología: gramnegativa de forma irregular, intracelular obligada; envoltura sin lipopolisacárido y con un peptidoglicano mínimo Transmisión: vectorial, por picadura de larvas de ácaros trombicúlidos Reservorio: animal (ácaros trombicúlidos, que la heredan de generación en generación, y pequeños roedores silvestres) Patogenicidad: primario Enfermedades: tifus de los matorrales Se trata de una bacteria gramnegativa de la familia Rickettsiaceae incapaz de multiplicarse fuera de una célula viva, lo que en microbiología se llama un parásito intracelular obligado. Pertenece al género Orientia, del que es la especie tipo y, por ahora, la única con nombre válidamente publicado. En la naturaleza circula entre ácaros y pequeños roedores. El ser humano entra en ese ciclo por accidente. El epíteto no es latino ni griego. Reproduce tal cual el nombre popular japonés de la enfermedad, tsutsugamushi, que la base de nomenclatura bacteriana LPSN interpreta como la suma de dos ideogramas: uno alude a algo pequeño y dañino; el otro, mushi, significa criatura. Con el tiempo se supo que esa criatura era un ácaro. Los propios registros de nomenclatura anotan una pequeña irregularidad (la forma latina más correcta habría sido tsutsugamushii, con doble i), pero el nombre se ha conservado tal como se acuñó. Su historia taxonómica tiene tres capítulos. En 1920 Hayashi la describió como Theileria tsutsugamushi; en 1931 Ogata la trasladó al género Rickettsia, y durante un tiempo se la llamó también Rickettsia orientalis. En 1995 Tamura y sus colaboradores crearon para ella un género propio, al comprobar que su envoltura y su bioquímica no encajaban con las del resto de rickettsias. La cepa de referencia de la especie es la denominada Karp. Infecta sobre todo las células del endotelio que tapiza los vasos, además de monocitos, macrófagos y células dendríticas, y desde ahí se disemina por la sangre y la linfa. Entra por un mecanismo de cremallera: se une a proteínas de la superficie celular y la célula acaba englobándola. Escapa enseguida de la vesícula que la contiene y queda libre en el citoplasma. Para desplazarse no fabrica colas de actina, como las rickettsias de las fiebres manchadas; se deja llevar por los microtúbulos, esos raíles internos de la célula, hasta la zona que rodea al núcleo, donde se divide. La salida es lo más llamativo. En lugar de romper la célula, cada bacteria brota de su superficie envuelta en membrana del huésped, un proceso que recuerda al de los virus con envoltura. Las formas que salen así no son idénticas a las que se multiplican dentro. En 2022 se comprobó que son redondeadas, menos resistentes y con menos material de pared, como si correspondieran a otra fase de su desarrollo. Durante años se afirmó que carecía por completo de peptidoglicano y de lipopolisacárido. El lipopolisacárido, en efecto, falta. Del peptidoglicano se identificó en 2017 una estructura mínima y escasa, parecida a la de las clamidias, otro grupo de bacterias que viven dentro de las células; se cree que reducir tanto su pared la ayuda a pasar inadvertida ante los sensores inmunitarios que vigilan el citoplasma. Tiene un único cromosoma circular de entre 1,9 y 2,5 millones de pares de bases, según la cepa, y más del 40 % de esa secuencia es ADN repetido. Buena parte procede de un elemento genético móvil (el RAGE, siglas inglesas de elemento genético amplificado de las rickettsias) presente en muchas copias parcialmente degradadas, junto con transposones y otras secuencias capaces de cambiar de sitio. Tanta repetición ha barajado el orden de los genes. Dos cepas pueden contener genes parecidos y, sin embargo, disponerlos de forma muy distinta. Las cepas se distinguen sobre todo por una proteína de superficie de 56 kilodaltons, el antígeno TSA56, que varía de una a otra y sirve de base para tipificarlas en el laboratorio. Karp, Kato y Gilliam son las cepas prototipo clásicas; a ellas se han sumado muchas otras aisladas en Asia. Esa diversidad, alimentada por una recombinación genética frecuente, ha complicado el desarrollo de una vacuna, que todavía no existe. Como no crece en los medios de cultivo corrientes, aislarla exige cultivos de células. Su vector son los ácaros trombicúlidos, sobre todo del género Leptotrombidium (L. deliense, L. akamushi o L. pallidum, según la región). De todo su ciclo vital solo es parásita la larva, que mide entre dos y cuatro décimas de milímetro. Se alimenta una sola vez sobre un vertebrado, y no de sangre: perfora la piel, inyecta una saliva con enzimas digestivas e ingiere el tejido predigerido. Ninfas y adultos viven libres en el suelo. Una larva, por tanto, puede adquirir la bacteria o transmitirla, pero no ambas cosas en la misma comida. La infección se mantiene porque pasa de un estadio al siguiente y de la hembra a sus huevos (transmisión transovárica), de modo que el ácaro es a la vez vector y reservorio. Ratas, topillos, ratones de campo y tupayas son los hospedadores habituales de las larvas. La persona que atraviesa el terreno donde esperan es, para este ciclo, un huésped accidental. Causa el tifus de los matorrales, también llamado enfermedad de tsutsugamushi, una infección febril aguda propia del llamado triángulo de tsutsugamushi, que se extiende de Pakistán a Japón y al norte de Australia. Se le atribuye al menos un millón de casos al año. Desde el punto de la picadura la bacteria se disemina y, en las formas graves, puede alcanzar varios órganos, con afectación pulmonar o miocarditis. No todo el tifus de los matorrales es obra suya. Los casos adquiridos en Oriente Medio y en el sur de Chile se deben a otras especies del mismo género, todavía pendientes de reconocimiento formal. Porque en 1995 se concluyó que no es una rickettsia en sentido estricto. La composición de su envoltura, su bioquímica y la secuencia de su ARN ribosómico 16S la apartaban lo suficiente del género Rickettsia como para darle uno propio. El nombre antiguo sigue apareciendo en textos anteriores a esa fecha, y la base LPSN lo conserva como sinónimo. No. En 2020 se analizaron muestras de 18 pacientes chilenos y la bacteria resultó ser otra especie, a la que sus descubridores dieron el nombre provisional de Candidatus Orientia chiloensis, por el archipiélago de Chiloé. Sus genes difieren lo bastante de los de O. tsutsugamushi como para ocupar su propia rama del género, algo que apunta a una presencia antigua en Sudamérica y no a una importación reciente. Por una suma de obstáculos. Solo crece dentro de células, obliga a trabajar en laboratorios de nivel de bioseguridad 3 y apenas hay herramientas para modificar su genética. A eso se añadió durante décadas una infravaloración de su peso en la salud pública.Qué es Orientia tsutsugamushi
Cómo vive dentro de la célula
Genoma y variedad de cepas
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Preguntas frecuentes
¿Por qué ya no se llama Rickettsia tsutsugamushi?
¿Es la misma bacteria que causa el tifus de los matorrales en Chile?
¿Por qué se sabe tan poco de una bacteria tan frecuente?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026