DICCIONARIO MÉDICO
Ácaro
El ácaro es un arácnido de tamaño diminuto, casi siempre inferior al milímetro, que pertenece al mismo grupo que las arañas y las garrapatas. Se han descrito decenas de miles de especies repartidas por casi todos los ambientes. La mayoría son inofensivas para las personas; unas pocas tienen interés médico, ya como fuente de alergia, ya como parásitos de la piel. Los ácaros forman el grupo Acari, dentro de la clase de los arácnidos, junto a arañas, escorpiones y garrapatas. No son insectos, aunque a menudo se confundan con ellos: carecen de antenas y de alas, y en su fase adulta tienen ocho patas, no seis. El cuerpo es compacto y, a diferencia del de una araña, no muestra una división clara entre las dos mitades. Su talla, casi siempre microscópica, es la razón de que convivamos con ellos sin advertirlo. En cuanto al nombre, viene del latín científico acarus, tomado del griego ἀκαρί (akarí). La raíz se vincula al verbo κείρω (keírō, "cortar"): aludía a algo tan menudo que ya no daba para más corte, que escapaba al filo. Hay quien ve ahí un guiño al propio animal, cuyo cuerpo no presenta la cintura que en arañas o avispas marca dónde termina una región y empieza la siguiente. De ese vocablo tomó Carl von Linné en 1758 el género Acarus, y de él procede el nombre del conjunto, Acari. Pocos grupos animales son tan numerosos y tan poco visibles. Se han catalogado en torno a cuarenta o cincuenta mil especies, y se sospecha que las descritas son solo una fracción de las que existen. Viven en el suelo, en el agua dulce y marina, sobre las plantas, en los nidos, en el polvo de las casas y sobre la piel o las plumas de otros animales. Muchos son de vida libre y cumplen un papel discreto pero útil: descomponen materia orgánica y mantienen el equilibrio de los suelos. Otros son depredadores de organismos aún más pequeños. Y un subgrupo ha hecho del parasitismo su forma de vida, instalándose en un huésped del que se alimenta. Esa variedad explica que un mismo nombre cubra realidades muy distintas. El ácaro que ayuda a reciclar la hojarasca de un bosque y el que excava la piel humana comparten apenas el plan corporal y el tamaño. Conviene tenerlo presente, porque la palabra "ácaro" evoca casi siempre el del polvo doméstico, cuando este no es más que uno entre miles. Los ácaros del polvo doméstico —sobre todo los del género Dermatophagoides— son los de mayor repercusión en la vida cotidiana. Su nombre lo dice casi todo: significa "que come piel". Se alimentan de las escamas que las personas desprenden de forma continua y prosperan en colchones, almohadas, sofás y tejidos, en ambientes templados y húmedos. No pican ni se introducen en el cuerpo. El problema que plantean es de otra naturaleza: sus restos y excrementos contienen proteínas que funcionan como alérgenos potentes. En personas sensibilizadas, esas proteínas desencadenan una reacción de alergia respiratoria. Son, después del polen, una de las causas más frecuentes de rinitis y de asma alérgicos en España, con especial presencia en las zonas costeras de clima húmedo. La clave conceptual es esta: aquí no hay ningún ácaro viviendo sobre la persona, sino una respuesta del sistema inmunitario frente a sus residuos. Por eso se habla de alergia y no de infestación. Una minoría de especies sí parasita a las personas, y las enfermedades que provocan se agrupan bajo el término acariasis. El caso más conocido es el Sarcoptes de la sarna, que excava galerías en la capa más superficial de la piel. Otro habitante frecuente es el Demodex, morador habitual de los folículos de la cara, que solo en ciertas condiciones cobra protagonismo. Las garrapatas, aunque pertenecen también a Acari, forman un grupo aparte por su mayor tamaño y por su capacidad de transmitir microorganismos al picar. Del griego ἀκαρί (akarí), a través del latín científico acarus. La raíz evoca algo demasiado pequeño para cortarse, idea que encaja tanto con su tamaño como con un cuerpo que no muestra divisiones visibles. Linneo recuperó el término en 1758 para nombrar el género Acarus. No. Son arácnidos, como las arañas y los escorpiones. Se diferencian de los insectos en que no tienen alas ni antenas y en que, de adultos, presentan ocho patas en lugar de seis. Ni lo uno ni lo otro. Se alimentan de escamas de piel ya desprendidas y viven en el polvo, no sobre las personas. Lo que provocan en quienes son alérgicos es una reacción a las proteínas de sus excrementos y sus restos, casi siempre respiratoria. La sensación de "picor por ácaros" que algunos asocian a la cama suele deberse a esa alergia, no a una picadura. Al contrario. La mayoría no tiene ningún efecto sobre el ser humano, y muchos resultan beneficiosos para los ecosistemas, donde descomponen materia orgánica o controlan otras poblaciones. Solo un pequeño número causa alergia o parasita la piel. Consulte también la información clínica completa sobre la alergia a los ácaros Si busca información sobre los síntomas, el diagnóstico o el tratamiento de la alergia respiratoria provocada por los ácaros del polvo, puede consultar la ficha completa sobre la alergia a los ácaros elaborada por el Departamento de Alergología e Inmunología Clínica de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados al ácaro, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el ácaro
Diversidad y formas de vida
Los ácaros del polvo y la alergia
Ácaros parásitos del ser humano
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra ácaro?
¿Los ácaros son insectos?
¿Los ácaros del polvo pican o se meten en la piel?
¿Todos los ácaros son perjudiciales?
Referencias
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