DICCIONARIO MÉDICO
Acarodermatitis
La acarodermatitis es la inflamación de la piel provocada por ácaros. El término agrupa, sobre todo, las reacciones cutáneas que causan ácaros de animales o del entorno cuando pican al ser humano, sin llegar a instalarse en él. Es, por tanto, una de las formas que adopta la acariasis cuando se manifiesta en la piel. El nombre describe con precisión lo que designa: una dermatitis —inflamación de la piel— de origen acárido. Se forma con tres elementos: la raíz del griego ἀκαρί (akarí, ácaro), el griego δέρμα (dérma, piel) y el sufijo -itis, que en medicina indica inflamación. Ese sufijo es lo que la separa de un término hermano, la acariasis: si esta nombra la infestación entendida como proceso, la acarodermatitis pone el foco en la respuesta inflamatoria de la piel. En las clasificaciones internacionales de enfermedades figura, de hecho, entre las "otras acariasis". No es una enfermedad concreta con un único agente, sino un término descriptivo. Bajo él caben cuadros de aspecto variable, según qué ácaro los provoque y cómo reaccione cada persona. Lo que comparten es el mecanismo de base: una piel irritada o sensibilizada por la actividad de un ácaro. La mayoría de las acarodermatitis las producen ácaros que no son parásitos del ser humano. Viven sobre aves, roedores o mascotas, o en granos y forrajes almacenados, y pican a la persona de forma accidental cuando coinciden con ella. Como la piel humana no les ofrece un sitio donde completar su ciclo, no se establecen: la reacción aparece mientras dura el contacto y tiende a remitir cuando se elimina la fuente. Ahí está la diferencia esencial con la sarna, en la que el ácaro sí coloniza y permanece. Hay además una segunda vía, distinta de la picadura. Quienes manipulan a diario alimentos o materiales infestados —panaderos, almacenistas, manipuladores de grano— pueden sensibilizarse a las proteínas de ciertos ácaros y desarrollar una dermatitis de contacto de naturaleza alérgica, sin que medie mordedura alguna. En estos casos el desencadenante no es el ataque del ácaro, sino la reacción del organismo frente a sus restos. Los ácaros de las aves encabezan la lista en el medio urbano. Dermanyssus gallinae, el ácaro rojo de las gallinas, afecta a quienes crían aves, conviven con pájaros o tienen nidos cerca de las ventanas; cuando los pájaros abandonan el nido, los ácaros buscan un nuevo huésped y se dirigen al interior de las viviendas. Esta variante se conoce como acarodermatitis aviar o gamasoidosis y se reconoce cada vez con más frecuencia en ciudades. A esta se suman otras fuentes. Las mascotas pueden portar Cheyletiella, un ácaro que pica de forma transitoria a sus dueños. En el campo, las coloradillas —larvas de unos ácaros que acechan en la hierba— se adhieren tras un paseo y originan la trombiculiasis. Y en el ámbito laboral, ácaros del grano y del almacén como Pyemotes o Tyrophagus originan los clásicos "prurito del panadero" y "prurito del tendero". Mención aparte merecen los ácaros que sí colonizan la piel y que también producen una dermatitis, aunque con instalación del parásito: el Sarcoptes de la sarna y el Demodex de los folículos faciales. Frente a la sarna, la distinción está en la permanencia. En la sarna, el ácaro excava la piel y vive en ella; la mayoría de las acarodermatitis, en cambio, son reacciones a ácaros que solo pican de paso. Por eso suele bastar con apartar el origen para que el cuadro ceda. Con la alergia a los ácaros del polvo el contraste es de territorio. Aquella se manifiesta en las vías respiratorias —rinitis, asma— como respuesta a los alérgenos del polvo doméstico; la acarodermatitis se expresa en la piel. El prurito puede aparecer en ambas, pero el órgano afectado y el contexto son distintos. Y respecto a la acariasis, la relación es de parte a todo: la acarodermatitis es la cara cutánea e inflamatoria de un concepto más amplio. Se compone de tres piezas griegas: akarí (ácaro), dérma (piel) y el sufijo -itis, que significa inflamación. Literalmente, "inflamación de la piel por ácaros". El sufijo -itis la diferencia de la acariasis, que emplea -íasis para nombrar la infestación como proceso. No. La sarna es una acarodermatitis, pero de las que conllevan colonización: el ácaro se instala y excava. El término, en su uso más habitual, se refiere a las dermatitis por ácaros que pican sin quedarse, como los de las aves o el grano. De fuentes muy concretas. Suelen proceder de aves —domésticas o silvestres con nidos próximos—, de perros, gatos y conejos, o de alimentos y forrajes almacenados. De ahí que muchos casos tengan un componente laboral o aparezcan tras el contacto con animales o con el campo. Por lo general, no: los del polvo doméstico no pican y su efecto típico es la alergia respiratoria. Cuestión distinta son los ácaros de almacenamiento, que en personas muy expuestas sí pueden desencadenar una dermatitis alérgica de contacto. Si desea profundizar en conceptos asociados a la acarodermatitis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la acarodermatitis
El mecanismo de la reacción cutánea
Principales ácaros implicados
Diferenciación con la sarna y la alergia a los ácaros
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra acarodermatitis?
¿Es lo mismo que la sarna?
¿De dónde salen los ácaros que la causan?
¿Los ácaros del polvo provocan acarodermatitis?
Referencias
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