DICCIONARIO MÉDICO
Picadura
La picadura es la lesión que resulta de introducir en la piel un aguijón, una pieza bucal perforadora u otro apéndice similar de un animal, casi siempre con fines defensivos o para alimentarse de sangre. Bajo ese nombre común conviven mecanismos muy distintos: el aguijón de una avispa no guarda ningún parentesco evolutivo con la trompa de un mosquito, aunque el resultado en la piel se parezca. El Diccionario de la lengua española recoge la picadura, en su acepción médica, como la mordedura o punzada de un ave, de un insecto o de ciertos reptiles, y también como la señal que esa lesión deja en la piel. La definición académica mezcla dos ideas que conviene separar: el acto de picar y la marca que queda después. Entomólogos y dermatólogos trazan una frontera algo más precisa entre picadura y mordedura. La picadura consiste en la introducción en la piel de un apéndice animal, normalmente situado en la parte distal del abdomen, cuyo fin es sobre todo defensivo: el aguijón de una abeja, una avispa o un alacrán. La mordedura, en cambio, implica el uso de la boca o de las mandíbulas. Un mosquito, así entendido, pica; un perro, muerde. La frontera tiene excepciones curiosas, como la picadura de serpiente, que en realidad se produce con los dientes pero conserva ese nombre por costumbre. El verbo del que deriva, picar, tiene una etimología discutida. Unas fuentes lo remontan al latín vulgar piccāre, quizá tomado del fráncico pikkōn o de origen simplemente onomatopéyico; la propia Academia, en cambio, lo relaciona con "pico" y este con el celtolatín beccus. No hay acuerdo cerrado entre los filólogos, aunque todas las hipótesis coinciden en el núcleo semántico: un gesto puntiagudo y repetido. No todos los animales que "pican" usan la misma herramienta. En abejas, avispas y hormigas, los himenópteros con aguijón, este órgano es en realidad un ovopositor modificado: la estructura que las hembras emplean, en el resto de los insectos, para depositar huevos ha derivado aquí en un instrumento de defensa conectado a una glándula de veneno. Por eso solo pican las hembras; los machos, al carecer de ovopositor, no tienen aguijón. El de la abeja termina en forma de arpón y queda anclado tras la picadura, lo que le cuesta la vida al insecto; el de la avispa es liso y permite picar varias veces seguidas. Mosquitos, pulgas, chinches y otros insectos hematófagos no tienen aguijón en absoluto. Perforan la piel con una pieza bucal en forma de estilete y, mientras se alimentan, inyectan saliva con propiedades anestésicas y anticoagulantes. Ese cóctel explica por qué muchas de estas picaduras pasan inadvertidas en el momento mismo en que se producen. El escorpión complica el panorama. Su aguijón, situado al final de la cola, cumple una función parecida a la del himenóptero, pero no procede de la misma estructura: es una prolongación del último segmento del abdomen, llamado telson, sin relación con ningún ovopositor. El resultado se parece. El origen, no. La lista de animales que producen picaduras de interés médico es amplia. Entre los artrópodos terrestres destacan los himenópteros (abejas, avispas, avispones y algunas hormigas), los dípteros hematófagos (mosquitos, jejenes, tábanos) y los arácnidos, grupo que incluye arañas, escorpiones, garrapatas y ácaros. A ellos se suman ciempiés y milpiés, insectos hemípteros como las chinches, capaces de alimentarse de sangre sin ser venenosos, y un grupo de animales acuáticos (medusas, erizos de mar, rayas) cuya picadura funciona con mecanismos propios, ajenos por completo a los de los artrópodos terrestres. Entre los mamíferos existe una única excepción llamativa a la regla de que solo pican los artrópodos: el ornitorrinco macho porta un espolón venenoso en la pata trasera, un vestigio evolutivo sin equivalente conocido en el resto de la clase. La reacción que sigue a una picadura depende tanto de la sustancia inoculada como de la sensibilidad de quien la recibe. En la mayoría de los casos se trata de una respuesta local e irritativa, limitada a la zona de entrada. En personas sensibilizadas, sin embargo, el mismo veneno puede desencadenar una respuesta inmunitaria generalizada mediada por inmunoglobulina E, mecanismo común a otras reacciones alérgicas del organismo. Esa distinción entre lo local y lo sistémico es la que emplean alergólogos y entomólogos para clasificar la naturaleza de una picadura, con independencia del animal que la haya producido. Varias entradas de este diccionario abordan la picadura de un animal concreto y conviene no confundirlas con el concepto general. La culicosis es la reacción cutánea específica a la picadura de mosquitos del género Culex; el estrófulo, una forma de hipersensibilidad infantil a picaduras diversas que se repite en brotes; la acarodermatitis, el conjunto de dermatitis producidas por ácaros que pican de forma transitoria, sin colonizar la piel. Cuando el temor a la picadura se convierte en el problema clínico en sí, hablamos ya de fobias específicas: la apifobia hacia las abejas, la acarofobia hacia los ácaros. De picar, verbo de etimología discutida que la Academia relaciona con "pico" y otras fuentes con el latín vulgar piccāre. En ambos casos remite a un gesto puntiagudo, y la lengua terminó aplicándolo tanto al aguijón de un insecto como al pinchazo de una aguja de coser. No exactamente. La picadura implica un apéndice defensivo, casi siempre situado en el abdomen del animal; la mordedura, el uso de la boca. El habla corriente, sin embargo, no respeta siempre esta frontera técnica. Por la composición de su saliva, que contiene sustancias anestésicas y anticoagulantes y permite al insecto alimentarse varios minutos sin ser detectado. El aguijón de una avispa, diseñado para disuadir y no para pasar inadvertido, no necesita ese disimulo. Prácticamente todas las de interés dermatológico, sí, salvo alguna excepción llamativa como el ornitorrinco, cuyo espolón venenoso no tiene parentesco con el aguijón de ningún insecto. También existen picaduras de origen marino, como las de medusa, que funcionan con un mecanismo celular propio. Depende de dos factores independientes: la cantidad y composición del veneno o la saliva inoculada, y el grado de sensibilización previa de la persona. Una primera picadura de abeja rara vez provoca más que una reacción local, pero el sistema inmunitario puede memorizar ese veneno como una amenaza y, ante una exposición posterior, desencadenar una respuesta generalizada mediada por anticuerpos IgE. Ese mecanismo, común a otras alergias, explica por qué la misma especie puede resultar inofensiva para una persona y motivo de estudio alergológico para otra, sin que el veneno en sí haya cambiado.Qué es la picadura
El aparato que produce la lesión
Clasificación según el animal causante
La reacción cutánea: mecanismo local y alérgico
Diferenciación con otros términos del diccionario
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra picadura?
¿Es lo mismo picadura que mordedura?
¿Por qué las picaduras de mosquito casi no duelen?
¿Todas las picaduras son de artrópodos?
¿Por qué algunas picaduras producen reacciones mucho más intensas que otras?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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