DICCIONARIO MÉDICO
Mielografía
La mielografía es una técnica de diagnóstico por imagen que visualiza el conducto raquídeo mediante la inyección de un contraste yodado en el espacio subaracnoideo. Permite valorar la médula espinal, las raíces nerviosas y la circulación del líquido cefalorraquídeo en situaciones donde la resonancia magnética no puede realizarse o no ofrece toda la información necesaria. El nombre procede del griego myelós (médula) y graphein (describir, registrar por escrito): la palabra significa, literalmente, «registro de la médula». Comparte raíz con mielograma, que se forma con el sufijo -grama (del griego gramma, escrito) y que en el uso clínico habitual en español designa algo distinto: el estudio citológico de la médula ósea. Conviene no confundir ambos términos, aunque alguna fuente estadounidense de referencia emplee «mielograma» como sinónimo ocasional de esta prueba. La prueba consiste en introducir una aguja fina, por vía lumbar o cervical, hasta alcanzar el espacio subaracnoideo que rodea la médula espinal. A través de esa aguja se inyecta un medio de contraste yodado hidrosoluble, que se mezcla con el líquido cefalorraquídeo y perfila los contornos del canal, las raíces nerviosas y las meninges. El radiólogo sigue el trayecto del contraste con fluoroscopia mientras se desplaza por el canal, y a continuación obtiene radiografías fijas. En la mayor parte de los casos actuales, el estudio se completa con una tomografía computarizada inmediata, que ofrece cortes transversales de mayor detalle sobre la misma columna de contraste. Los neurólogos franceses Jean-Athanase Sicard y Jacques Forestier describieron la técnica en 1921, empleando un aceite yodado, el Lipiodol, que se introducía en el espacio epidural y, poco después, en el subaracnoideo. El procedimiento resultaba tosco para los estándares actuales: el aceite debía retirarse por succión al terminar la exploración, porque su permanencia prolongada en el canal irritaba las meninges. En 1944 el Lipiodol fue sustituido por el iofendilato, comercializado como Pantopaco, otro contraste oleoso que tampoco se reabsorbía por sí solo. El salto real llegó en 1968, cuando el radiólogo sueco Torsten Almén sintetizó la metrizamida, el primer contraste yodado no iónico e hidrosoluble, que el organismo elimina sin necesidad de extraerlo con aguja. Tenía un inconveniente práctico: se presentaba en polvo y había que disolverla justo antes de usarla. Ese problema se resolvió en 1978, cuando llegaron al mercado formulaciones ya preparadas como el iopamidol y el iohexol, que desplazaron a la metrizamida y son, con variantes, los contrastes que se siguen empleando hoy. Al delinear el contorno del canal raquídeo, la mielografía muestra si algo lo está estrechando u ocupando: un fragmento de disco intervertebral desplazado, un engrosamiento óseo asociado a estenosis raquídea, una masa que comprime la médula o las raíces, o una fuga del líquido cefalorraquídeo, como ocurre en algunos casos de hipotensión intracraneal. También permite comprobar si el paso del contraste queda interrumpido por completo en algún punto, un dato que orienta sobre el grado de la compresión medular. La técnica pertenece, junto con la histerosalpingografía, al grupo de exploraciones de contraste simple: se emplea un único agente, a diferencia de otras pruebas digestivas que combinan un contraste positivo con uno negativo para obtener más contornos. Desde la generalización de la resonancia magnética, esta ha pasado a ser la primera opción para estudiar la médula espinal y las raíces nerviosas: no usa radiación ionizante y distingue mejor los tejidos blandos. La mielografía no ha desaparecido. Se recurre a ella cuando el paciente lleva un marcapasos, una neuroestimulación u otro dispositivo incompatible con el campo magnético, o cuando la columna contiene material de osteosíntesis, tornillos y placas, cuyo artefacto metálico degrada demasiado la imagen de resonancia. En esos escenarios, la combinación de mielografía y tomografía computarizada sigue siendo la alternativa de referencia para definir con precisión dónde y cuánto se comprime el canal. Del griego myelós (médula) y graphein (describir, registrar). El mismo prefijo aparece en otros términos referidos a la médula, como mielopatía o mielocitemia. No, aunque comparten raíz y a veces se usan como sinónimos en textos traducidos del inglés. En el diccionario, mielograma se reserva para el estudio citológico de la médula ósea, una prueba hematológica sin relación con el canal raquídeo. Si busca información sobre esa otra prueba, consulte la entrada correspondiente. Porque hay pacientes en los que la resonancia no es viable o no resulta fiable. Un marcapasos cardíaco convencional, ciertos neuroestimuladores implantados o algunas prótesis antiguas impiden entrar en la sala de resonancia por razones de seguridad. En otros casos, el paciente sí puede someterse a una resonancia, pero el metal de una fijación vertebral previa genera artefactos que ocultan justo la zona de interés quirúrgico. La mielografía por tomografía computarizada esquiva ambos problemas, porque no depende de un campo magnético y tolera mejor la presencia de metal cercano. Por esa razón sigue formando parte del arsenal diagnóstico en cirugía de columna, aunque ya no sea la prueba de primera línea. Desde 1921, cuando Jean-Athanase Sicard y Jacques Forestier describieron la técnica con Lipiodol en París. El contraste ha cambiado varias veces desde entonces; el principio, inyectar un medio de contraste en el espacio que rodea la médula y seguir su recorrido con rayos X, sigue siendo el mismo.Qué es la mielografía
De los aceites yodados a los contrastes hidrosolubles
Qué permite valorar
Lugar de la mielografía frente a la resonancia magnética
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra mielografía?
¿Es lo mismo mielografía que mielograma?
¿Por qué a veces se elige la mielografía en lugar de la resonancia magnética?
¿Desde cuándo se practica esta prueba?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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