DICCIONARIO MÉDICO
Lente de contacto
Una lente de contacto es una lente fina que se coloca directamente sobre la superficie del ojo, apoyada en la película lagrimal que recubre la córnea. Corrige los defectos de refracción desde el propio plano corneal, sin la montura ni la distancia que imponen las gafas. Puede ser blanda o rígida, y sus usos van desde la corrección visual habitual hasta indicaciones cosméticas y médicas. A diferencia de una gafa, que trabaja a un par de centímetros del ojo, la lente de contacto forma con la lágrima una nueva superficie refractante situada sobre la córnea misma. La luz atraviesa primero la lente, luego la fina capa de lágrima que queda debajo y después la córnea, de modo que el sistema óptico del ojo se corrige desde su primer escalón. Esa proximidad tiene consecuencias prácticas. Al acercar la corrección al ojo, la lente de contacto reduce las distorsiones de tamaño y de campo que producen las graduaciones altas en gafa, y ofrece una visión más uniforme cuando el defecto es importante. En el lenguaje coloquial español se la conoce también como lentilla, un término popular de origen diminutivo que designa lo mismo. La idea de manipular la visión colocando algo directamente sobre el ojo es antigua. Suele citarse a Leonardo da Vinci, que hacia 1508, en su Códice del ojo, describió cómo sumergir la cara en un cuenco de agua alteraba la percepción de las imágenes. No pensaba en corregir la vista, sino en estudiar el funcionamiento del ojo, pero la intuición quedó anotada. Un siglo después, Descartes imaginó un tubo lleno de líquido en contacto con la córnea. La primera lente que de verdad se posó sobre un ojo y corrigió la visión llegó en 1888, de la mano del oftalmólogo alemán Adolf Fick, que trabajaba en Zúrich. Era de vidrio soplado, grande y pesada, se apoyaba sobre la esclera y solo se toleraba unas horas. El salto decisivo hacia la comodidad actual se produjo a mediados del siglo XX, cuando el químico checo Otto Wichterle desarrolló los hidrogeles y abrió la puerta a las lentes blandas que hoy usan millones de personas. La gran división separa las lentes rígidas de las blandas. Las rígidas, permeables al gas, mantienen su forma sobre el ojo y ofrecen una óptica muy precisa, útil en córneas irregulares. Las blandas, fabricadas en hidrogel o en hidrogel de silicona, son flexibles, se adaptan enseguida y resultan más cómodas desde el primer momento, a costa de una mayor exigencia de higiene. Dentro de cada familia caben muchas variantes. Según el defecto que corrigen hay lentes esféricas, tóricas para el astigmatismo y multifocales para la presbicia. Según su recambio, las hay de uso diario, quincenal o mensual. Y más allá de la corrección óptica, existen lentes con una finalidad puramente médica, como la lente de contacto terapéutica, que protege la córnea sin corregir la graduación. La primera lente de contacto funcional se atribuye a Adolf Fick, que la fabricó en vidrio en 1888. La idea, sin embargo, se remonta a los apuntes de Leonardo da Vinci de 1508, aunque este no perseguía corregir la vista. Sí. Lentilla es el nombre coloquial que se usa en España para referirse a la lente de contacto. Ambos términos designan el mismo objeto. Las lentes de contacto modernas descansan sobre la película lagrimal que cubre la córnea, la zona transparente central del ojo. Las primeras lentes de vidrio, mucho más grandes, se apoyaban sobre la esclera, la parte blanca. Al situar la corrección sobre el propio ojo, la lente de contacto disminuye las diferencias de tamaño de la imagen y amplía el campo de visión, algo apreciable sobre todo en graduaciones elevadas o muy distintas entre un ojo y otro.Qué es una lente de contacto
De Leonardo da Vinci a las lentes blandas
Tipos de lente de contacto
Preguntas frecuentes
¿Quién inventó la lente de contacto?
¿Es lo mismo una lentilla que una lente de contacto?
¿Sobre qué parte del ojo se apoya?
¿Qué ventaja óptica ofrece frente a las gafas?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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