DICCIONARIO MÉDICO
Lente de contacto terapéutica
Una lente de contacto terapéutica es una lente de contacto blanda que se coloca sobre la córnea con una finalidad curativa o protectora, no refractiva. Carece de graduación óptica —o la tiene solo de forma secundaria— y actúa como un vendaje transparente que protege el epitelio corneal, alivia el dolor y favorece la cicatrización en diversas patologías de la superficie ocular. La lente de contacto terapéutica (LCT), también denominada lente de vendaje o bandage contact lens en la literatura anglosajona, se distingue de la lente de contacto convencional en su objetivo: mientras que la correctora modifica la trayectoria de los rayos de luz para compensar un error de refracción, la terapéutica se interpone entre la superficie corneal dañada y el párpado para cumplir funciones protectoras y reparadoras. Suele fabricarse en hidrogel o hidrogel de silicona con alta permeabilidad al oxígeno, para permitir que el tejido corneal respire mientras está cubierto. Sus primeras indicaciones se documentaron a finales de la década de 1960, cuando se empezaron a utilizar lentes blandas de hidrogel como apósito en ojos con erosiones corneales recidivantes que no respondían al parche oclusivo convencional. Desde entonces, sus aplicaciones se han ampliado considerablemente. La lente terapéutica ejerce su efecto a través de varios mecanismos que pueden actuar de forma simultánea. El más evidente es la función de barrera: la lente cubre el defecto epitelial e impide que el roce del párpado al parpadear arranque las células que están intentando migrar y adherirse a la membrana basal, lo que facilita la reepitelización. Estrechamente ligada a esta está la función antálgica: al evitar el contacto directo de las terminaciones nerviosas corneales expuestas con el borde palpebral, la lente reduce de forma inmediata el dolor, la fotofobia y el lagrimeo. Hay además una función de reservorio que permite administrar fármacos de forma prolongada: la lente absorbe el colirio instilado sobre ella y lo libera gradualmente sobre la córnea, aumentando el tiempo de contacto del principio activo con la superficie ocular. Y en determinadas situaciones, la lente aporta una función de soporte mecánico, reforzando zonas de adelgazamiento corneal extremo —como los descematoceles— y convirtiendo una urgencia quirúrgica en una cirugía programable. Las indicaciones de la LCT abarcan un espectro amplio de patología corneal y de la superficie ocular. Las erosiones corneales recidivantes, tanto postraumáticas como asociadas a distrofias epiteliales, constituyen una de las indicaciones más frecuentes: la lente se mantiene durante semanas o meses para dar tiempo a que la membrana basal se regenere y las células epiteliales se adhieran establemente. Las queratitis neurotróficas y las úlceras corneales tróficas se benefician igualmente de la función de barrera cuando el déficit de inervación impide la cicatrización espontánea. En la queratopatía bullosa —un edema corneal crónico con ampollas dolorosas en el epitelio—, la lente amortigua la rotura de las bullas y alivia las molestias, aunque no resuelve la causa subyacente. Tras determinadas intervenciones quirúrgicas del segmento anterior, como la queratoplastia o la cirugía refractiva de superficie, la lente terapéutica se emplea como apósito postoperatorio temporal para proteger la zona intervenida durante los primeros días de cicatrización. No exactamente. Ambas carecen de potencia refractiva, pero la lente terapéutica está diseñada específicamente para permanecer en el ojo de forma continuada —a menudo durante días o semanas sin retirarla—, por lo que se fabrica con materiales de alta transmisión de oxígeno y con parámetros adaptados a córneas patológicas. Una lentilla cosmética sin graduar no está pensada para ese uso prolongado ni para cubrir defectos epiteliales. En muchos casos, sí. A diferencia de las lentes de contacto correctoras, cuyo uso nocturno se desaconseja por el riesgo de infección, la lente terapéutica se prescribe a menudo en régimen de uso continuo —día y noche— precisamente porque su función de barrera debe ser ininterrumpida. No obstante, ese uso prolongado exige un seguimiento oftalmológico estrecho para detectar precozmente cualquier complicación. El riesgo de queratitis infecciosa existe, y es una de las complicaciones más temidas. La combinación de un epitelio ya dañado, el uso prolongado de la lente y la relativa hipoxia que inevitablemente se produce bajo ella crea un entorno favorable a la infección. Por eso, la prescripción de una LCT suele ir acompañada de colirios antibióticos profilácticos y de controles frecuentes. Si desea profundizar en conceptos asociados a las lentes de contacto terapéuticas, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una lente de contacto terapéutica
Mecanismos de acción
Principales indicaciones conceptuales
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo una lente terapéutica que una lentilla normal sin graduar?
¿La lente de contacto terapéutica se duerme con ella puesta?
¿Puede infectarse el ojo con una lente terapéutica?
Referencias
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