DICCIONARIO MÉDICO
Lamotrigina
La lamotrigina es un fármaco antiepiléptico del grupo de las feniltriazinas que actúa estabilizando la actividad eléctrica de las neuronas mediante el bloqueo de los canales iónicos de sodio voltaje-dependientes. Se emplea en el tratamiento de la epilepsia y como estabilizador del estado de ánimo en el trastorno bipolar. Su uso requiere siempre prescripción y supervisión médica. La lamotrigina es un fármaco anticonvulsivante que pertenece al grupo químico de las feniltriazinas, una familia de compuestos derivados del anillo de triazina (un heterociclo de seis miembros con tres átomos de nitrógeno). Su nombre procede de su denominación química abreviada: 3,5-diamino-6-(2,3-diclorofenil)-1,2,4-triazina. Fue desarrollada inicialmente en la década de 1980 por los laboratorios Wellcome (hoy GlaxoSmithKline) como un agente antifolato, partiendo de la hipótesis —que después resultó incorrecta— de que la reducción del ácido fólico podría prevenir las crisis epilépticas. Aunque la hipótesis de partida no se confirmó, el compuesto demostró una potente actividad anticonvulsivante por un mecanismo diferente al esperado. La lamotrigina se aprobó por primera vez en Irlanda en 1990 para el tratamiento de la epilepsia, y en Estados Unidos en 1994. Desde el punto de vista farmacológico, la lamotrigina no es un simple sedante ni un depresor general de la actividad cerebral. Su mecanismo principal consiste en el bloqueo selectivo de los canales de sodio voltaje-dependientes de la membrana neuronal. Cuando una neurona se activa de forma repetitiva y anómala —como ocurre en un foco epiléptico—, estos canales permanecen abiertos durante más tiempo del normal; la lamotrigina se une preferentemente a los canales en ese estado abierto y los inactiva, frenando la descarga eléctrica excesiva sin afectar de forma significativa a la actividad neuronal normal. Además, inhibe la liberación presináptica de glutamato, el principal neurotransmisor excitador del cerebro, lo que contribuye a reducir la propagación de la actividad eléctrica anómala. La lamotrigina tiene dos indicaciones principales bien establecidas, ambas sujetas a prescripción médica obligatoria. Epilepsia. Se utiliza tanto en monoterapia como en combinación con otros antiepilépticos para el control de las crisis epilépticas parciales (focales) y generalizadas, incluidas las crisis tónico-clónicas y las crisis asociadas al síndrome de Lennox-Gastaut, una forma grave de epilepsia infantil. En adultos y adolescentes a partir de 13 años puede emplearse como fármaco único; en niños de 2 a 12 años suele utilizarse como tratamiento complementario. Es considerado un antiepiléptico de amplio espectro. Trastorno bipolar. En adultos, la lamotrigina se emplea como estabilizador del estado de ánimo para prevenir la reaparición de episodios depresivos en el trastorno bipolar de tipo I. Conviene señalar que no se utiliza para tratar los episodios agudos de depresión ni de manía ya instaurados, sino para reducir su frecuencia una vez estabilizado el paciente. Este uso la distingue de otros estabilizadores del ánimo como el litio o el valproato, que tienen un perfil de acción diferente. El dato de seguridad más relevante de la lamotrigina es el riesgo de reacciones cutáneas graves, que incluyen el síndrome de Stevens-Johnson y la necrólisis epidérmica tóxica, cuadros potencialmente mortales que afectan a la piel y las mucosas. Este riesgo es mayor durante las primeras semanas de tratamiento, en pacientes pediátricos, cuando la dosis inicial es demasiado alta, cuando se incrementa la dosis con rapidez excesiva, o cuando se administra simultáneamente con valproato (que eleva las concentraciones plasmáticas de lamotrigina al inhibir su metabolismo). Por este motivo, el inicio del tratamiento exige una escalada de dosis muy gradual —supervisada siempre por el médico— y la aparición de cualquier exantema cutáneo durante las primeras semanas debe comunicarse de inmediato al profesional sanitario. La lamotrigina se metaboliza en el hígado por glucuronidación (conjugación con ácido glucurónico) y se elimina por vía renal. Su concentración plasmática puede verse alterada significativamente por otros fármacos que induzcan o inhiban este proceso: la carbamazepina, la fenitoína y el fenobarbital aceleran su eliminación y requieren dosis más altas de lamotrigina; el valproato la enlentece y obliga a reducir la dosis. Los anticonceptivos hormonales que contienen estrógenos también pueden modificar sus niveles. Todas estas interacciones refuerzan la necesidad de que la dosificación sea establecida y ajustada exclusivamente por el médico. De su nombre químico: 3,5-diamino-6-(2,3-diclorofenil)-1,2,4-triazina. El sufijo "-trigina" alude al anillo de triazina que constituye el núcleo de la molécula, y "lamo-" es una contracción del resto del nombre. Es un neologismo farmacéutico de la década de 1980, sin raíces clásicas griegas ni latinas propiamente dichas. El nombre comercial más conocido es Lamictal. En la práctica clínica, ambos términos se usan con frecuencia como sinónimos. Sin embargo, algunos especialistas prefieren distinguirlos: "antiepiléptico" designa a los fármacos que previenen las crisis epilépticas de forma crónica, mientras que "anticonvulsivante" se refiere más estrictamente a la capacidad de interrumpir una convulsión en curso. La lamotrigina es un fármaco antiepiléptico de uso crónico, no un fármaco de emergencia para detener una crisis en el momento agudo. Porque el riesgo de reacciones cutáneas graves (síndrome de Stevens-Johnson, necrólisis epidérmica tóxica) es considerablemente mayor cuando la dosis inicial es alta o cuando se aumenta con rapidez. La escalada gradual permite al organismo adaptarse al fármaco y reduce de forma significativa la probabilidad de estos efectos adversos potencialmente mortales. Por esta razón, el inicio del tratamiento debe ser siempre pautado y supervisado por un médico. La decisión de mantener, ajustar o sustituir la lamotrigina durante el embarazo debe tomarla siempre el médico, valorando el balance entre el riesgo del fármaco para el feto y el riesgo de las crisis epilépticas no controladas para la madre y el bebé. Los datos disponibles no sugieren un aumento sustancial del riesgo de malformaciones congénitas graves con lamotrigina en monoterapia, lo que la convierte en uno de los antiepilépticos mejor estudiados en el embarazo, pero las concentraciones plasmáticas del fármaco pueden variar considerablemente durante la gestación y requieren monitorización. Consulte también la información clínica completa sobre la epilepsia Si busca información sobre síntomas, diagnóstico, tratamiento y pronóstico de la epilepsia, puede consultar la ficha completa de la epilepsia elaborada por el Departamento de Neurología de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la lamotrigina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la lamotrigina
Indicaciones principales
Precauciones y riesgo cutáneo grave
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "lamotrigina"?
¿Es lo mismo un antiepiléptico que un anticonvulsivante?
¿Por qué la lamotrigina requiere una escalada de dosis tan lenta?
¿Se puede tomar lamotrigina durante el embarazo?
Referencias
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