DICCIONARIO MÉDICO
Convulsión
Una convulsión es una contracción muscular involuntaria, brusca y paroxística, originada por una descarga eléctrica anormal en el cerebro. Puede afectar a un grupo muscular localizado o a toda la musculatura corporal y suele durar entre unos segundos y varios minutos. Se estima que una de cada diez personas experimenta al menos un episodio convulsivo a lo largo de su vida. El término procede del latín convulsio, -onis, derivado a su vez de convellere (sacudir, arrancar violentamente), que combina el prefijo con- (juntos, con intensidad) y vellere (tirar, arrancar). La palabra entró en el léxico médico castellano ya en el siglo XVI y su significado se ha mantenido estable desde entonces: una sacudida muscular que el paciente no puede controlar. Desde el punto de vista clínico, convulsión designa la manifestación motora visible de una crisis epiléptica, aunque no todas las crisis epilépticas cursan con movimientos convulsivos. Existen crisis que se manifiestan únicamente como desconexión del entorno, fenómenos sensitivos o alteraciones autonómicas, sin sacudida muscular alguna. Conviene, por tanto, no utilizar los dos términos como sinónimos estrictos: toda convulsión es una crisis, pero no toda crisis es una convulsión. En condiciones normales, las neuronas de la corteza cerebral generan descargas eléctricas ordenadas que coordinan la actividad motora. Durante una convulsión, un grupo de neuronas comienza a disparar de forma sincrónica y excesiva. El resultado es una señal eléctrica anormal que se propaga por la corteza y, en muchos casos, recluta áreas motoras amplias. Varios factores contribuyen a que esa descarga se descontrole. Un desequilibrio entre neurotransmisores excitadores (sobre todo el glutamato) e inhibidores (el ácido gamma-aminobutírico, GABA) puede reducir el umbral convulsivo. Las alteraciones iónicas del medio extracelular, como la hipocalcemia, la hiponatremia o la hipoglucemia, facilitan la hiperexcitabilidad neuronal por mecanismos distintos. La fiebre elevada rebaja también ese umbral, especialmente en el cerebro inmaduro de los niños menores de cinco años. Cuando la descarga se limita a un área concreta de un hemisferio cerebral, la convulsión afecta a la región corporal que esa zona cortical controla. Si se propaga a ambos hemisferios, la contracción se vuelve generalizada. La Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) propuso en 2017 un esquema de clasificación que agrupa las crisis (y, por extensión, las convulsiones con componente motor) en tres grandes categorías según el punto donde se origina la actividad eléctrica anormal. Crisis de inicio focal. Arrancan en una red neuronal de un solo hemisferio. Si el paciente conserva la conciencia durante el episodio se hablan de crisis con conciencia preservada; cuando la pierde, se clasifican como crisis con alteración de la conciencia. Una crisis focal puede propagarse y convertirse en tónico-clónica bilateral. Crisis de inicio generalizado. Involucran redes de ambos hemisferios desde el comienzo. Dentro de este grupo se incluyen las crisis tónico-clónicas (la forma que el público asocia habitualmente con la palabra convulsión), las crisis de ausencia, las mioclónicas y las atónicas. Existe un tercer grupo, el de inicio desconocido, reservado para aquellos episodios en los que no se dispone de información suficiente para determinar su origen. No todas las convulsiones son epilépticas. Muchos episodios se producen en personas sin antecedentes neurológicos y obedecen a un factor desencadenante identificable: fiebre alta (la llamada convulsión febril, muy frecuente entre los seis meses y los cinco años), hipoglucemia, intoxicaciones, abstinencia alcohólica, traumatismos craneoencefálicos, infecciones del sistema nervioso central o trastornos electrolíticos graves. En el recién nacido, la encefalopatía hipóxico-isquémica constituye la primera causa de convulsiones neonatales. Cuando un desencadenante claro explica el episodio y, una vez corregido, las convulsiones no reaparecen, se habla de crisis provocadas. Solo si los episodios se repiten sin causa identificable o si el riesgo de recurrencia es alto, se establece el diagnóstico de epilepsia. Es la forma que la mayoría de la población imagina al oír la palabra convulsión. Comienza con una fase tónica (contracción sostenida de toda la musculatura esquelética, incluidos los músculos respiratorios, lo que puede producir cianosis transitoria) que dura habitualmente entre diez y treinta segundos. A continuación sobreviene la fase clónica: sacudidas rítmicas que se van espaciando hasta cesar por completo, un proceso que suele prolongarse uno o dos minutos. Tras el episodio el paciente entra en un estado postictal de confusión, somnolencia y cefalea que puede durar desde minutos hasta varias horas. No guarda recuerdo de lo ocurrido durante la crisis. Varios fenómenos motores pueden confundirse con una convulsión. El temblor es un movimiento oscilatorio rítmico que, al contrario que la convulsión, persiste durante períodos prolongados y no se acompaña de pérdida de conciencia. Las mioclonías son sacudidas breves y aisladas de un músculo o grupo muscular; pueden aparecer como fenómeno fisiológico al inicio del sueño sin ningún significado patológico. Los tics son movimientos repetitivos semivoluntarios que el paciente puede suprimir temporalmente, algo imposible durante una convulsión. Mención aparte merecen las crisis psicógenas no epilépticas, antes denominadas pseudocrisis: episodios que remedan una convulsión pero que no se asocian a actividad eléctrica anormal en el electroencefalograma. Su origen está en el ámbito del trastorno de conversión. Del latín convulsio, formado a partir de convellere (sacudir con violencia). El verbo combina con- (intensidad) y vellere (tirar, arrancar). La imagen que evoca es la de un cuerpo agitado bruscamente, una descripción que se ajusta bien a lo que se observa durante el episodio. No. Una convulsión es un episodio aislado; la epilepsia es una enfermedad crónica definida por la tendencia a presentar crisis recurrentes no provocadas. Muchas personas sufren una única convulsión en su vida y nunca desarrollan epilepsia. En la gran mayoría de los casos, no. Las convulsiones febriles afectan al 2-5 % de los niños menores de cinco años y se consideran un fenómeno benigno ligado a la inmadurez del cerebro. Solo un porcentaje pequeño de estos niños desarrollará epilepsia en el futuro, y habitualmente concurren otros factores de riesgo. La mayoría de las convulsiones ceden espontáneamente en menos de dos minutos. Cuando un episodio se prolonga más de cinco minutos, se considera un estado epiléptico, una urgencia médica que requiere atención inmediata. Si desea profundizar en conceptos asociados a las convulsiones, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una convulsión
Mecanismo neurofisiológico
Clasificación según la ILAE
Causas frecuentes fuera de la epilepsia
La convulsión tónico-clónica generalizada
Diferenciación con otros movimientos involuntarios
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra convulsión?
¿Convulsión y epilepsia son lo mismo?
¿Una convulsión febril en un niño indica epilepsia?
¿Cuánto tiempo puede durar una convulsión sin ser peligrosa?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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