DICCIONARIO MÉDICO
Crisis de ausencia
La crisis de ausencia es un tipo de crisis epiléptica generalizada no convulsiva, caracterizada por episodios breves y repentinos de pérdida de contacto con el entorno. Se observa predominantemente en la edad pediátrica, entre los cuatro y los doce años, y puede repetirse decenas de veces al día sin que el niño o su entorno sean conscientes de lo que ocurre. Durante una crisis de ausencia la persona interrumpe bruscamente lo que está haciendo, mantiene la mirada fija y deja de responder a estímulos externos. Segundos después, la actividad se reanuda como si nada hubiera ocurrido. No hay caída, no hay sacudidas musculares aparatosas, no hay confusión posterior. Esa aparente levedad es, paradójicamente, lo que dificulta su reconocimiento: muchos niños son valorados durante meses como casos de déficit de atención antes de que alguien repare en el patrón repetitivo de las desconexiones. El término petit mal («pequeño mal»), acuñado por Jean-Étienne Dominique Esquirol en la primera mitad del siglo XIX, designaba originalmente estas crisis para contraponerlas al grand mal convulsivo. La ILAE ha desaconsejado su uso clínico desde hace décadas, pero la expresión sigue viva en la divulgación y en el lenguaje de los propios pacientes. El electroencefalograma durante una ausencia típica muestra un patrón muy reconocible: descargas bilaterales y simétricas de complejos punta-onda a una frecuencia de 3 Hz, con inicio y final abruptos. Ese trazado fue descrito por Frederic Gibbs, Hallowell Davis y William Lennox en 1935, un hallazgo que cambió la forma de entender estas crisis al demostrar que no eran simples «distracciones» sino fenómenos eléctricos corticales organizados. Se sabe hoy que el circuito responsable implica una interacción oscilatoria entre el tálamo y la corteza cerebral. Las neuronas del núcleo reticular talámico poseen canales de calcio de bajo umbral (tipo T) que facilitan la generación de ráfagas rítmicas. Cuando esa actividad rítmica sincroniza amplias regiones corticales, la conciencia se apaga transitoriamente. Dura poco porque los propios mecanismos inhibitorios corticales frenan el circuito, de ahí que la recuperación sea instantánea. La forma típica es la más común en la infancia. Comienza y termina de golpe, sin aura previa ni confusión posterior. Puede acompañarse de automatismos sutiles: parpadeo rítmico, movimientos de chupeteo, leve caída de la cabeza. El EEG ictal muestra la punta-onda a 3 Hz ya mencionada. Las ausencias atípicas presentan diferencias que conviene conocer. Su inicio y su fin son más graduales, la alteración de la conciencia puede ser incompleta (la persona sigue respondiendo parcialmente) y el registro electroencefalográfico es más lento e irregular, con complejos punta-onda a 1,5-2,5 Hz. Suelen aparecer en encefalopatías epilépticas graves como el síndrome de Lennox-Gastaut, donde coexisten con otros tipos de crisis. Las ausencias típicas representan aproximadamente una cuarta parte de todas las crisis epilépticas en la edad pediátrica. Son algo más frecuentes en niñas. En muchos casos constituyen la única manifestación de la epilepsia, aunque algunos pacientes desarrollan además crisis tónico-clónicas generalizadas durante la adolescencia. Un rasgo llamativo es su estrecha relación con la hiperventilación. Basta con pedir al niño que respire profundamente durante dos o tres minutos para que aparezcan descargas en el EEG. Ese dato tiene valor tanto en el proceso de evaluación neurológica como para confirmar la respuesta a la medicación en controles posteriores. Del francés, literalmente «pequeño mal». Lo introdujo el psiquiatra Esquirol a comienzos del siglo XIX para separar estas crisis leves de las convulsiones graves. Hoy la comunidad neurológica prefiere «crisis de ausencia» por considerarlo más preciso y menos cargado de connotaciones históricas. Sí, y de hecho ocurre con frecuencia. La diferencia está en la repetitividad estereotipada (la desconexión siempre se ve igual), la brevedad (segundos, no minutos), la imposibilidad de interrumpirla con un estímulo externo y la reanudación inmediata de la actividad. Un niño distraído responde si se le llama por su nombre; un niño en una ausencia, no. Depende. En la epilepsia de ausencias infantil, la remisión antes de la adolescencia ocurre en la mayoría de los casos. La epilepsia de ausencias juvenil tiene un pronóstico distinto: suele persistir más allá de la pubertad y con frecuencia requiere un manejo prolongado. No. La crisis parcial compleja se origina en una zona concreta de un hemisferio, habitualmente el lóbulo temporal, y suele ir acompañada de automatismos más elaborados y de confusión posterior al episodio. La ausencia típica es de origen generalizado bilateral, más breve y sin confusión postictal. Si desea profundizar en conceptos asociados a las crisis de ausencia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la crisis de ausencia
Registro eléctrico y mecanismo talamocortical
Ausencias típicas y ausencias atípicas
Frecuencia y contexto clínico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre petit mal?
¿Puede confundirse una ausencia con una falta de atención?
¿Las ausencias desaparecen con la edad?
¿Es lo mismo una crisis de ausencia que una crisis parcial compleja?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026