DICCIONARIO MÉDICO
Fiebre hemorrágica de Crimea-Congo
La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es una fiebre hemorrágica viral causada por un virus del género Orthonairovirus, transmitido sobre todo por la picadura de garrapatas del género Hyalomma. Está distribuida por África, los Balcanes, Oriente Medio y Asia, y desde 2016 se han confirmado casos autóctonos en España. La mayoría de las infecciones humanas son asintomáticas o leves, pero en las formas graves la letalidad notificada llega hasta el 40 %. Es una enfermedad infecciosa aguda transmitida por garrapatas. El nombre combina dos focos históricos. La enfermedad se caracterizó clínicamente en la península de Crimea durante un brote de 1944-1945 que afectó a personal militar y a trabajadores agrícolas; el virus no se aisló hasta más tarde. En 1969 se comprobó que ese agente era el mismo que se había aislado en 1956 en la entonces República del Congo, a partir de un paciente. La unión de ambos topónimos —Crimea y Congo— fijó la denominación que se usa hoy. No hay raíz griega ni latina: es una construcción geográfica, igual que ocurre con el ébola. El agente es el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, un arbovirus de ARN de cadena negativa con genoma segmentado en tres fragmentos. Conviene una precisión taxonómica que la mayoría de las fichas divulgativas pasan por alto: muchos documentos oficiales españoles lo siguen situando en el "género Nairovirus, familia Bunyaviridae". La clasificación vigente del Comité Internacional de Taxonomía de Virus lo asigna al género Orthonairovirus, familia Nairoviridae, dentro del orden Bunyavirales. Ambas nomenclaturas designan el mismo virus; la diferencia es la actualización del marco taxonómico. El virus se mantiene en la naturaleza en un ciclo entre garrapatas y vertebrados que no enferman. El reservorio y vector principal son garrapatas ixódidas del género Hyalomma. Pequeños vertebrados —liebres, erizos, roedores— actúan como huéspedes amplificadores de las formas inmaduras de la garrapata, mientras que grandes mamíferos domésticos y salvajes, como el ganado o el ciervo, hospedan las formas adultas sin desarrollar enfermedad. El ser humano se infecta por tres vías: la picadura de una garrapata infectada, el contacto con sangre o tejidos de animales virémicos —relevante para quienes manipulan ganado— y la transmisión de persona a persona, que ocurre sobre todo en el medio sanitario por contacto con fluidos de pacientes sintomáticos. El movimiento de ganado y las aves migratorias, que transportan garrapatas, son rutas potenciales de diseminación geográfica. Es, en definitiva, una zoonosis con un vector artrópodo. Conviene partir de un dato que sorprende: la mayoría de las infecciones en personas son asintomáticas o cursan de forma leve. Cuando la enfermedad se manifiesta, evoluciona de forma característica en cuatro fases. Tras la incubación —generalmente de 3 a 7 días por picadura, algo más por contacto con sangre—, aparece una fase prehemorrágica con fiebre de inicio brusco, cefalea intensa y dolores musculares. Sigue, en una parte de los casos, una fase hemorrágica con petequias, equimosis, epistaxis, hematemesis o melena, asociada con frecuencia a trombocitopenia. Quienes superan el cuadro entran en una convalecencia prolongada. La vigilancia epidemiológica detecta sobre todo las formas graves, lo que eleva la letalidad aparente en las series notificadas. España es el único país de Europa occidental con circulación autóctona establecida del virus. La primera detección fue en 2010, en garrapatas Hyalomma lusitanicum recogidas en ciervos de la provincia de Cáceres. Los primeros casos humanos se diagnosticaron en 2016: un paciente infectado por picadura en la provincia de Ávila e ingresado en Madrid, y un segundo caso secundario, por contagio en el medio sanitario, en el profesional que lo atendió. Después se identificó de forma retrospectiva un caso anterior, con síntomas en 2013, que constituiría el primero descrito en el país. Según el informe de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica que abarca los años 2016 a 2025, se han notificado casos de forma consecutiva durante seis temporadas (2020 a 2025), con la provincia de Salamanca como zona de exposición más frecuente y casos también en Badajoz, León, Cáceres, Toledo y Córdoba. La mayoría de los afectados han sido varones de edad avanzada con antecedente de picadura o de exposición al campo. Los estudios de campo, tras analizar más de 12.500 garrapatas, han confirmado la circulación del virus —sobre todo en H. lusitanicum, con el ciervo rojo como principal huésped— en zonas del centro y suroeste peninsular de Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid y Andalucía. Todos los casos por picadura han ocurrido entre abril y agosto, coincidiendo con el período de máxima actividad del vector. Es una enfermedad de declaración obligatoria y urgente en España. No toda picadura de garrapata implica riesgo de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, ni todas las enfermedades por garrapata se le parecen. Frente a la enfermedad de Lyme, de curso muy distinto y de origen bacteriano, la de Crimea-Congo es viral y potencialmente hemorrágica. A diferencia del ébola o de la enfermedad por virus de Marburg, que no tienen vector artrópodo, aquí la garrapata es central. Y a diferencia de la fiebre de Lassa, transmitida por roedores, el reservorio es la propia garrapata. Lo que comparten todas es el mecanismo de fondo de la fiebre hemorrágica viral: daño endotelial y alteración de la coagulación. Por dos focos geográficos. La enfermedad se describió en Crimea durante un brote de 1944-1945 y en 1969 se demostró que el virus era el mismo que se había aislado en 1956 en el Congo. El nombre une ambos topónimos. No tiene etimología griega ni latina: es una denominación geográfica. Sí. El virus circula de forma autóctona en garrapatas de varias comunidades del centro y suroeste peninsular desde al menos 2010, y se han confirmado casos humanos cada temporada desde 2016, sobre todo en zonas rurales y en personas con exposición al campo o al ganado. Es una enfermedad emergente en el país, aunque el número de casos anuales notificados es reducido. Principalmente por la picadura de una garrapata del género Hyalomma infectada. También por contacto con sangre o tejidos de animales virémicos y, en el ámbito sanitario, de persona a persona por contacto con fluidos de un paciente sintomático. No se transmite por contacto casual ni durante el período de incubación, mientras no hay síntomas. No. La mayoría de las infecciones son asintomáticas o leves. Solo una parte evoluciona a la fase hemorrágica, que sí es grave y puede ser mortal. Como la vigilancia detecta sobre todo los casos graves, la letalidad de las series notificadas parece alta, pero no refleja el conjunto real de personas infectadas. No. Ambas son fiebres hemorrágicas virales graves, pero las causan virus de familias distintas y se transmiten de forma diferente: el ébola por contacto directo con fluidos, sin vector; la de Crimea-Congo, fundamentalmente por garrapatas. Su distribución geográfica también difiere. Si desea profundizar en conceptos asociados a la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo
Transmisión y ciclo del virus
Curso clínico
La situación en España
Diferenciación con otras enfermedades transmitidas por garrapatas
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "de Crimea-Congo"?
¿Hay fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en España?
¿Cómo se contagia una persona?
¿Es siempre grave?
¿Es lo mismo que el ébola?
Referencias
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