DICCIONARIO MÉDICO

Atención

La atención es un proceso cognitivo que permite al organismo seleccionar determinados estímulos del entorno, dirigir hacia ellos los recursos mentales disponibles y mantener esa actividad durante el tiempo necesario para procesarlos. Interviene en prácticamente todas las funciones superiores del cerebro, desde la percepción y la memoria hasta el razonamiento y la planificación motora.

Qué es la atención

En el ámbito médico y neuropsicológico, la atención se define como el mecanismo cerebral encargado de filtrar la información sensorial, asignar prioridad a los estímulos relevantes y suprimir los que carecen de importancia para la tarea en curso. No se trata de una función unitaria: la neurociencia cognitiva la concibe hoy como un conjunto de procesos distintos, con sustratos neurales propios, que cooperan para hacer posible la vida mental organizada.

La palabra procede del latín attentio, -onis, derivada de attendere (compuesto de ad-, 'hacia', y tendere, 'tender, dirigir'). Su sentido original era, literalmente, 'dirigir la mente hacia algo'. Ya Cicerón empleó el término en sus tratados de retórica para referirse al estado mental del orador que concentra sus facultades en el discurso. En español aparece documentada desde el siglo XV.

Bases neurales del proceso atencional

Hacia 1890, William James escribió lo que sigue siendo una de las descripciones más citadas del fenómeno: la mente toma posesión, de forma clara y vívida, de uno entre varios objetos o hilos de pensamiento simultáneamente posibles. La formulación era intuitiva; faltaban, claro, los instrumentos para localizarla en el cerebro. Hoy sabemos que la atención depende de redes neuronales distribuidas que no residen en una sola estructura, sino que conectan regiones corticales y subcorticales de ambos hemisferios.

Michael Posner y sus colaboradores propusieron en la década de 1990 un modelo de tres redes que sigue siendo referencia en la clínica neurológica. La red de alerta, que involucra proyecciones noradrenérgicas del locus coeruleus hacia la corteza cerebral, mantiene el estado tónico de vigilia necesario para que los demás procesos funcionen. Conviene no confundirla con el arousal, que designa la activación fisiológica global del organismo y constituye una condición previa, no un sinónimo.

Existe también una red de orientación, localizada sobre todo en áreas parietales posteriores y en los campos oculares frontales, cuya tarea consiste en dirigir el foco atencional hacia un estímulo concreto del campo sensorial. Y, por último, una red ejecutiva, asociada a la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal dorsolateral, que interviene cuando hay que resolver conflictos entre estímulos competidores o supervisar el curso de una tarea prolongada. La noradrenalina, la dopamina y la acetilcolina actúan como moduladores principales de estas tres redes, cada una con un perfil neuroquímico diferenciado.

Modalidades de la atención en la clasificación neuropsicológica

El modelo jerárquico de Sohlberg y Mateer, desarrollado originalmente para la rehabilitación de pacientes con daño cerebral adquirido, ordena las modalidades atencionales por complejidad creciente. En la base se sitúa la atención focalizada, que consiste simplemente en responder a un estímulo aislado sin exigencias de filtrado. Un escalón por encima está la atención sostenida, la capacidad de mantener el foco durante períodos prolongados sin que el rendimiento decaiga (algo que cualquiera que haya conducido de noche por una autopista vacía reconocerá como costoso).

La atención selectiva añade un componente de filtrado: el sujeto debe concentrarse en un canal de información mientras inhibe los distractores que compiten por sus recursos. La atención alternante permite cambiar el foco de una tarea a otra de forma voluntaria, lo que exige flexibilidad cognitiva. Finalmente, la atención dividida designa la capacidad de responder simultáneamente a dos o más demandas, y es la modalidad que se deteriora con mayor facilidad en el envejecimiento y en las fases iniciales de muchos cuadros neurodegenerativos.

Otra clasificación complementaria distingue entre atención activa (voluntaria, guiada por objetivos conscientes) y atención pasiva (involuntaria, desencadenada por un estímulo inesperado o llamativo). Las dos coexisten continuamente en la vida cotidiana.

Evaluación clínica de la capacidad atencional

En la exploración neurológica, la atención se valora antes que cualquier otra función cognitiva. Un paciente incapaz de mantener la concentración no puede cooperar de forma fiable en pruebas de memoria, lenguaje o razonamiento, de modo que su resultado quedaría artefactado. Pruebas sencillas de cabecera incluyen la repetición de dígitos en orden inverso, la resta seriada de sietes a partir de cien y el deletreo inverso de palabras.

Cuando se necesita una medición más fina se recurre a baterías neuropsicológicas estandarizadas. El test d2, por ejemplo, evalúa específicamente la atención selectiva y la velocidad de procesamiento. El Continuous Performance Test mide la atención sostenida mediante la detección de estímulos diana en series prolongadas. Estas herramientas resultan útiles no solo en el contexto del delirium o el estupor, sino también en la evaluación del trastorno por déficit de atención e hiperactividad y de los deterioros cognitivos que acompañan a ciertas demencias.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra atención?

Del latín attentio, formada por el prefijo ad- ('hacia') y el verbo tendere ('dirigir, tender'). Significa literalmente 'acción de dirigir la mente hacia algo'. La usaron ya autores clásicos como Cicerón, y en castellano se documenta desde el siglo XV.

¿Es lo mismo atención que concentración?

No exactamente. La concentración es un aspecto de la atención sostenida: se refiere a la intensidad con la que los recursos mentales se aplican a una tarea durante un tiempo determinado. La atención, en cambio, abarca un conjunto más amplio de procesos, incluyendo la selección de estímulos, la orientación espacial y la capacidad de alternar entre tareas.

¿Puede la atención deteriorarse con la edad?

Sí, y lo hace de forma desigual según la modalidad. La atención sostenida básica se conserva relativamente bien en el envejecimiento normal. Son la atención dividida y la alternante las que tienden a declinar con mayor claridad a partir de la sexta o séptima década, en paralelo con cambios en la velocidad de procesamiento. Un deterioro desproporcionado para la edad puede ser, sin embargo, un signo precoz de procesos neurodegenerativos.

¿Qué relación tiene la atención con la consciencia?

Depende de qué se entienda por cada término. Un nivel mínimo de consciencia (estar despierto, no en coma ni en estupor profundo) es condición necesaria para que operen los procesos atencionales voluntarios. Pero la relación no es unidireccional: sin atención, el contenido de la consciencia se empobrece hasta hacerse incoherente, como ocurre en el delirium.

Referencias

  1. Manual MSD (versión para profesionales). Generalidades sobre la función cerebral.
  2. Manual MSD (versión para profesionales). Cómo evaluar el estado mental.
  3. Real Academia Española. Atención. Diccionario de la lengua española.
  4. Mayo Clinic. Trastorno por déficit de atención e hiperactividad en niños (TDAH).

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a la atención, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Atención activa: modalidad voluntaria de la atención, dirigida de forma consciente y orientada a un objetivo.
  • Atención selectiva: capacidad de filtrar estímulos relevantes mientras se inhiben los distractores.
  • Cognición: conjunto de procesos mentales superiores del que la atención forma parte.
  • Concentración: aspecto de la atención sostenida referido a la intensidad del foco mental.
  • Arousal: nivel de activación fisiológica global que condiciona la capacidad atencional.
  • Neuropsicología: disciplina que estudia la relación entre el cerebro y las funciones cognitivas, incluida la atención.

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