DICCIONARIO MÉDICO
Artritis bacteriana
La artritis bacteriana es una infección de la articulación producida por la invasión directa de bacterias en el espacio sinovial. En la mayoría de los casos afecta a una sola articulación de gran tamaño, sobre todo la rodilla o la cadera. Su incidencia se sitúa entre 2 y 10 casos por cada 100.000 habitantes y año en países industrializados, con predominio en varones y en los extremos de la vida: lactantes menores de tres años y adultos por encima de los sesenta. Se denomina artritis bacteriana a la inflamación articular ocasionada por la presencia de microorganismos bacterianos dentro del espacio sinovial. En la literatura médica recibe también los nombres de artritis aguda supurada, artritis séptica o piartritis, según la tradición terminológica de cada escuela. Conviene no confundirla con la artritis reactiva, en la que la articulación se inflama como respuesta inmunitaria a una infección localizada en otro lugar del organismo, sin que existan gérmenes viables dentro de la propia articulación. Desde el punto de vista etimológico, el término combina el griego ἄρθρον (árthron, «articulación») con el sufijo -ῖτις (-itis, «inflamación»), composición que ya aparece en los textos hipocráticos para designar procesos inflamatorios del aparato locomotor. El adjetivo «bacteriana» procede del griego βακτηρία (baktēría, «bastón» o «cayado»), latinizado en el siglo XIX cuando Christian Gottfried Ehrenberg acuñó el género Bacterium en 1838 para describir ciertos microorganismos con forma de bastoncillo. La denominación compuesta artritis bacteriana se consolidó durante la segunda mitad del siglo XX al generalizarse las clasificaciones etiológicas de las artropatías inflamatorias. La vía de entrada más habitual es la hematógena. Las bacterias circulan por el torrente sanguíneo desde un foco infeccioso distante (una infección cutánea, una endocarditis, un foco urinario) y colonizan la membrana sinovial. Esta estructura, que tapiza el interior de las articulaciones diartrodiales, posee una vascularización muy rica y carece de membrana basal que actúe como barrera frente a los patógenos circulantes. El resultado es que las bacterias acceden al líquido sinovial con relativa facilidad una vez que alcanzan los capilares sinoviales. Hay otras rutas menos frecuentes. La inoculación directa tras un traumatismo penetrante, una mordedura animal o una intervención quirúrgica articular representa una proporción menor de casos, pero se ha ido haciendo más visible a medida que han aumentado los procedimientos artroscópicos y las infiltraciones intraarticulares. Se calcula que entre 1 y 4 de cada 1.000 infiltraciones locales dan lugar a una infección articular. La propagación por contigüidad desde un foco de osteomielitis o desde una infección de partes blandas adyacentes completa el cuadro. Una vez dentro del espacio articular, el daño al cartílago se produce por una doble agresión. Las propias enzimas y toxinas bacterianas degradan la matriz cartilaginosa, mientras que la respuesta inflamatoria del huésped (neutrófilos, radicales libres, metaloproteasas activadas por citocinas) contribuye a la destrucción tisular. El cartílago articular es avascular: depende de la difusión de oxígeno y nutrientes desde la sinovial. Cuando el exudado purulento se acumula y la presión intraarticular sube, el flujo sanguíneo sinovial disminuye y se añade un componente isquémico que acelera el deterioro. Todo esto puede ocurrir en cuestión de horas. El estafilococo dorado (Staphylococcus aureus) es el patógeno predominante en todos los grupos de edad y en la gran mayoría de las articulaciones nativas. En articulaciones con prótesis, Staphylococcus epidermidis ocupa el primer lugar. En recién nacidos, los estreptococos del grupo B, Escherichia coli y otros bacilos gramnegativos constituyen las causas principales, junto con S. aureus. Entre lactantes y niños pequeños, Kingella kingae ha ido ganando protagonismo en las últimas décadas (un germen que hasta hace poco se infradiagnosticaba por sus exigencias de cultivo), y la vacunación sistemática frente a Haemophilus influenzae tipo b ha reducido su participación de forma notable. En niños mayores y adultos, tras S. aureus, los estreptococos y el gonococo (Neisseria gonorrhoeae) son los agentes más representados. La artritis gonocócica merece mención aparte porque tiende a afectar a varias articulaciones simultáneamente, frente al patrón monoarticular habitual en el resto de infecciones bacterianas. Cuando el paciente presenta inmunodepresión o enfermedades crónicas debilitantes, el espectro se amplía hacia bacilos gramnegativos como Pseudomonas aeruginosa o enterobacterias diversas. Existe también una forma crónica, mucho menos habitual, asociada a Mycobacterium tuberculosis (la artritis tuberculosa) o a hongos como Candida albicans. No todos los episodios de bacteriemia desembocan en una artritis. Para que la infección se establezca suele concurrir algún factor que debilita las defensas locales o sistémicas. La edad avanzada, la diabetes mellitus, la artritis reumatoide y la presencia de prótesis articulares figuran entre los más documentados. Los pacientes con artritis reumatoide, en particular, presentan un riesgo estimado diez veces superior al de la población general, en parte por el daño articular preexistente y en parte por el uso de corticoides o fármacos inmunosupresores. El consumo de drogas inyectables supone otro factor reconocido, y la cirugía articular reciente abre una ventana de vulnerabilidad. Merece la pena señalar que una proporción considerable de pacientes con artritis bacteriana confirmada no presentan ningún factor de riesgo identificable, dato que se repite con especial frecuencia en la población pediátrica. La artritis gotosa puede simular clínicamente una artritis bacteriana: la articulación está caliente, tumefacta y muy dolorosa. La diferencia la establece el análisis del líquido sinovial obtenido mediante artrocentesis, que en la gota revela cristales de urato monosódico y en la infección bacteriana muestra un recuento leucocitario elevado con predominio de neutrófilos y cultivo positivo. Ambas situaciones pueden coexistir, lo que complica el cuadro. El hemartros traumático, la artritis reactiva y los brotes agudos de la artritis reumática aguda entran también en la lista de entidades con las que conviene establecer la distinción, porque el abordaje de cada una difiere de forma sustancial. El primer componente, artritis, procede del griego ἄρθρον (árthron, «articulación») más el sufijo -ῖτις (-itis, «inflamación»), un término ya presente en los escritos médicos de la Antigüedad. El adjetivo bacteriana deriva de βακτηρία (baktēría, «bastón»), por la forma alargada que Christian Gottfried Ehrenberg observó al microscopio en 1838 al clasificar estos microorganismos. La expresión compuesta se generalizó en el siglo XX con la consolidación de las clasificaciones etiológicas en reumatología. En la práctica clínica habitual se usan como sinónimos, y así aparecen en la propia entrada de MedlinePlus, que recoge «artritis bacteriana» como nombre alternativo de la artritis séptica. En sentido estricto, «artritis séptica» podría englobar también infecciones por hongos o micobacterias, pero la inmensa mayoría de los casos son de origen bacteriano, de modo que la equivalencia es aceptable en el uso corriente. Sí, pero no es lo habitual. Alrededor del 90 % de los casos de artritis bacteriana no gonocócica se presentan como monoartritis. La afectación de varias articulaciones simultáneas (oligoartritis o poliartritis séptica) se asocia sobre todo a la infección gonocócica diseminada, a estados de inmunodepresión grave o a enfermedades reumáticas sistémicas preexistentes. La rodilla, con diferencia. Le siguen la cadera, el hombro, la muñeca y el codo. En lactantes, la cadera es la localización más frecuente. Si desea profundizar en conceptos asociados a la artritis bacteriana, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la artritis bacteriana
Cómo llegan las bacterias a la articulación
Microorganismos causales según la edad del paciente
Factores que predisponen a la infección articular
Diferenciación con otros procesos articulares agudos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la expresión «artritis bacteriana»?
¿Es lo mismo artritis bacteriana que artritis séptica?
¿Puede una artritis bacteriana afectar a más de una articulación?
¿Qué articulaciones se afectan con mayor frecuencia?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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