DICCIONARIO MÉDICO
Estafilococo
Estafilococo es la denominación castellana del género bacteriano Staphylococcus, un grupo de cocos grampositivos que se disponen en agrupaciones irregulares semejantes a un racimo de uvas cuando se observan al microscopio. Se reconocen más de 50 especies; la distinción clínica más relevante separa las que producen la enzima coagulasa (como S. aureus) de las que carecen de ella (como S. epidermidis o S. saprophyticus). El término estafilococo designa a cualquier bacteria perteneciente al género Staphylococcus. Son microorganismos esféricos, inmóviles, aerobios o anaerobios facultativos, con un diámetro aproximado de 0,5 a 1,5 μm. No forman esporas. Cuando se cultivan en agar sangre, muchas cepas producen colonias pigmentadas que van del blanco al amarillo dorado, un detalle que ya servía a los primeros microbiólogos para orientar la identificación. La palabra procede del griego σταφυλή (staphylḗ, "racimo de uvas") y κόκκος (kókkos, "grano" o "baya"), una imagen que describe con precisión lo que se ve al microscopio: esferas reunidas en grupos irregulares, sin la disposición lineal en cadena propia de los estreptococos. Acuñó el término el cirujano escocés Alexander Ogston en 1880, cuando aisló estos microorganismos del pus de un absceso quirúrgico de rodilla y anotó que las masas le recordaban racimos de uva. Cuatro años más tarde, Friedrich Julius Rosenbach diferenció formalmente Staphylococcus aureus (del latín aureus, "dorado", por el color de sus colonias) y Staphylococcus albus (luego renombrado S. epidermidis). La prueba de la coagulasa sigue siendo, casi un siglo y medio después de su introducción, el primer paso para identificar un estafilococo en el laboratorio. Staphylococcus aureus es, en la práctica, la única especie coagulasa positiva con relevancia clínica habitual: produce una proteína capaz de activar la protrombina del plasma y provocar la formación de un coágulo, algo que el laboratorio puede verificar en pocas horas. Las especies coagulasa negativas constituyen un grupo heterogéneo. S. epidermidis coloniza la piel de prácticamente todas las personas sanas y, en condiciones normales, no genera problemas; su importancia clínica aumenta cuando se adhiere a catéteres, prótesis articulares u otros dispositivos implantados, donde forma biopelículas difíciles de erradicar. S. saprophyticus, en cambio, tiene un nicho particular como agente de infecciones urinarias en mujeres jóvenes, sin necesidad de dispositivo intermedio. Existen además especies como S. lugdunensis, que pese a ser coagulasa negativa puede causar cuadros tan agresivos como los de S. aureus (su capacidad de producir una hemolisina delta le confiere parte de esa virulencia inusual). Los estafilococos forman parte de la microbiota habitual de la piel y las mucosas. Aproximadamente un 30 % de la población sana porta S. aureus en las fosas nasales de forma persistente, sin que ello implique infección. La colonización transitoria puede alcanzar cifras aún mayores. Este estado de portador nasal tiene repercusiones epidemiológicas importantes, porque la propia persona colonizada puede inocularse la bacteria si sufre una herida o se somete a un procedimiento invasivo. Fuera del organismo, los estafilococos sobreviven en superficies secas durante periodos prolongados, lo que facilita la transmisión indirecta a través de objetos contaminados (en el ámbito sanitario, desde fonendoscopios hasta teclados de ordenador). La transmisión directa, piel con piel, es igualmente frecuente. S. aureus posee un arsenal de factores de virulencia inusualmente amplio para una sola especie bacteriana. En la superficie celular, la proteína A se une a la porción Fc de las inmunoglobulinas y dificulta la opsonización, mientras que diversas adhesinas (proteínas de unión a fibronectina, al colágeno, al fibrinógeno) le permiten fijarse a los tejidos del huésped. Entre las toxinas secretadas, las estafilolisinas (hemolisinas alfa, beta, gamma y delta) destruyen eritrocitos y otras células del huésped. La leucocidina de Panton-Valentine, codificada por un bacteriófago, se asocia a forúnculos recurrentes y a neumonías necrotizantes. Las enterotoxinas son las responsables de la intoxicación alimentaria estafilocócica, resistentes al calor y activas en cantidades muy pequeñas. Las exotoxinas exfoliativas provocan el síndrome de la piel escaldada en neonatos y lactantes, y la toxina del síndrome del shock tóxico (TSST-1) desencadena una respuesta inflamatoria sistémica que puede comprometer la vida. Pocos microorganismos han obligado a la medicina a redefinir sus estrategias terapéuticas con tanta frecuencia. En la década de 1940, la penicilina era eficaz contra la mayoría de los estafilococos; apenas veinte años después, más del 80 % de las cepas hospitalarias producían penicilinasa. La introducción de la meticilina en 1961 parecía resolver el problema, pero las primeras cepas resistentes (SARM) se documentaron ese mismo año en el Reino Unido. El acrónimo SARM (o MRSA en inglés) identifica hoy a cepas de S. aureus que han adquirido el gen mecA, el cual codifica una proteína de unión a penicilina alterada (PBP2a) contra la que los betalactámicos convencionales resultan ineficaces. El antibiograma se convierte entonces en la herramienta que orienta la elección del antimicrobiano adecuado. La confusión entre estafilococo y estreptococo es frecuente fuera del ámbito sanitario. Ambos son cocos grampositivos, pero su disposición microscópica los separa de inmediato: los estafilococos se agrupan en racimos irregulares, los estreptococos forman cadenas o parejas. La prueba de la catalasa constituye otro criterio rápido de diferenciación: los estafilococos son catalasa positivos; los estreptococos, negativos. La producción de burbujas al aplicar peróxido de hidrógeno sobre una colonia basta para separar ambos géneros en el laboratorio. Del griego σταφυλή (staphylḗ, "racimo de uvas") y κόκκος (kókkos, "grano" o "baya"). El cirujano Alexander Ogston la empleó por primera vez en 1880 al describir las bacterias que encontró en abscesos quirúrgicos: bajo el microscopio, los acúmulos de cocos le recordaban racimos de uva. La imagen es tan precisa que el nombre no se ha cuestionado en más de ciento cuarenta años. Sí. Estafilococo es la adaptación al castellano del nombre científico latino Staphylococcus. La RAE lo recoge como voz aceptada en español. En contexto clínico y microbiológico se usan indistintamente. No. Son géneros bacterianos distintos. Los estafilococos se agrupan en racimos irregulares y producen catalasa; los estreptococos se disponen en cadenas y son catalasa negativos. Ambos pueden causar infecciones de la piel y otros tejidos, pero sus mecanismos de virulencia, sus perfiles de resistencia y los cuadros clínicos característicos difieren de forma sustancial. Depende de la especie. S. epidermidis forma parte de la microbiota cutánea de prácticamente todo el mundo. S. aureus, en cambio, coloniza las fosas nasales de alrededor del 30 % de la población de forma persistente. Ser portador no equivale a estar infectado: la mayoría de los colonizados no desarrollan enfermedad alguna. Si desea profundizar en conceptos asociados al estafilococo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el estafilococo
Criterio de clasificación por coagulasa
Hábitat y colonización en el ser humano
Factores de virulencia y toxinas
Relevancia de la resistencia a antibióticos
Diferenciación con el estreptococo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra estafilococo?
¿Es lo mismo estafilococo que Staphylococcus?
¿Es lo mismo estafilococo que estreptococo?
¿Todas las personas tienen estafilococos en la piel?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026