DICCIONARIO MÉDICO
Infección
Una infección es la entrada, instalación y multiplicación de un microorganismo (bacteria, virus, hongo o parásito) en los tejidos de un huésped, con capacidad de alterar su funcionamiento normal. No toda presencia de microbios equivale a infección: cuando conviven sin causar daño se habla de colonización, y solo cuando aparece lesión con manifestaciones clínicas se habla de enfermedad infecciosa. En términos médicos, la infección designa el proceso por el cual un agente con capacidad patógena invade al organismo, se establece en él y se reproduce. El resultado depende de dos fuerzas enfrentadas: la agresividad del microorganismo y las defensas del huésped. De ese equilibrio nace todo lo demás. El término procede del latín inficere, formado por in- (dentro) y facere (hacer), con el sentido original de manchar, teñir o corromper. De su participio, infectus, derivó el latín tardío infectio, que ya se empleaba con valor de contaminación. La palabra llegó al castellano a través del francés infection, documentado hacia 1314. Durante siglos, infección y contagio funcionaron casi como sinónimos; solo hacia 1540 empezó a distinguirse la infección, entendida como transmisión a través del aire o el agua, del contagio propiamente dicho, que implicaba el paso directo de una persona a otra. Para que una infección llegue a producirse deben coincidir varios elementos. Hace falta un reservorio donde el agente sobrevive y se multiplica (una persona, un animal, el suelo o el agua), un mecanismo de transmisión que lo lleve hasta un nuevo huésped, una puerta de entrada como la piel, las mucosas, el aparato respiratorio o el digestivo, y, al otro lado, un organismo susceptible. Basta con que falle uno de estos eslabones para que la cadena se rompa. Una vez dentro, el microorganismo se adhiere a las células, las coloniza y comienza a reproducirse. Su poder de causar daño reside en los llamados factores de virulencia: toxinas, enzimas que degradan los tejidos, cápsulas que lo protegen o recursos para escapar de la respuesta inmunitaria. El intervalo que transcurre entre la entrada del agente y las primeras señales de la infección se conoce como periodo de incubación, y varía enormemente según el microorganismo. Según su extensión, la infección puede quedar limitada a la zona de entrada (infección local) o propagarse por la sangre y alcanzar órganos distantes (infección sistémica). Cuando la reacción del organismo frente a esa diseminación se descontrola, puede desembocar en una sepsis. Las infecciones se ordenan con criterios distintos, que a menudo se superponen. Atendiendo al origen del agente, se separa la infección endógena, causada por microorganismos que ya formaban parte de la flora del propio paciente, de la infección exógena, provocada por agentes que llegan desde el exterior. Según cómo alcanza el agente al huésped, se habla de infección aerógena cuando viaja por el aire, y de infección cruzada cuando pasa de un foco a otro, algo propio del entorno sanitario. El lugar donde se adquiere marca otra división: la infección nosocomial queda ligada a la asistencia sanitaria, frente a la comunitaria, contraída en la vida diaria. Interviene además el estado del huésped. Hay agentes de escasa agresividad que solo causan enfermedad cuando las defensas están debilitadas: son las infecciones oportunistas. Y cuando es la propia atención médica la que abre la vía de entrada, por ejemplo a través de un catéter o de una intervención, se habla de infección iatrogénica. El curso temporal permite todavía otra lectura: la infección aguda se instala y resuelve en poco tiempo, la crónica se prolonga durante semanas o meses, y la subaguda ocupa un terreno intermedio. Tres términos cercanos conviene no confundir. La contaminación es la simple presencia de microorganismos en una superficie, un objeto o un tejido, sin relación biológica estable con el huésped. La colonización supone que esos microorganismos se instalan y se multiplican, pero sin producir daño ni respuesta defensiva; buena parte de la piel y del intestino está colonizada de forma permanente y beneficiosa. La infección aparece cuando esa presencia rompe el equilibrio y genera lesión. La frontera no siempre es nítida. Una misma bacteria puede comportarse como colonizadora inofensiva en una persona y como agente infeccioso en otra, según el terreno que encuentre. El Staphylococcus aureus, sin ir más lejos, coloniza las fosas nasales de una proporción elevada de personas sanas sin causar el menor problema. Del latín inficere, que significaba manchar o corromper. De ahí pasó, a través del bajo latín infectio y del francés medieval, a las lenguas romances. El uso médico, con el sentido de enfermedad transmisible, está documentado desde el siglo XIV. No. Muchas infecciones cursan sin manifestación alguna y se resuelven sin que la persona llegue a advertirlas; se denominan subclínicas o asintomáticas. Que un microorganismo esté presente y activo no implica siempre que haya enfermedad. En la colonización el microorganismo vive sobre el huésped o dentro de él sin causarle daño ni desencadenar defensas. En la infección esa convivencia se quiebra: el agente invade, lesiona los tejidos y provoca una reacción del organismo. La misma especie bacteriana puede pasar de un estado al otro si cambian las condiciones del huésped. Son los criterios que el médico alemán Robert Koch formuló en la década de 1880 para demostrar que un microorganismo concreto es la causa de una enfermedad. Exigían aislar el agente del enfermo, cultivarlo y reproducir la enfermedad al inocularlo en un organismo sano. Aquellos postulados asentaron la teoría microbiana de la infección.Qué es una infección
Cómo se establece una infección
Tipos de infección
Infección, colonización y contaminación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra infección?
¿Toda infección produce enfermedad?
¿Qué diferencia hay entre infección y colonización?
¿Qué son los postulados de Koch?
Referencias
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