DICCIONARIO MÉDICO
Adenoma adrenal
El adenoma adrenal es un tumor benigno que se origina en la glándula suprarrenal. La gran mayoría proceden de la corteza suprarrenal y se descubren de forma incidental durante estudios de imagen realizados por otros motivos, lo que les ha valido el nombre coloquial de incidentalomas. Su prevalencia aumenta con la edad y se estima en torno al 2 % en la población general adulta. Un adenoma adrenal (o adenoma suprarrenal) es una neoplasia benigna formada por células de la glándula suprarrenal que proliferan de manera clonal y conservan un grado variable de diferenciación. El término combina el prefijo griego ἀδήν (adḗn, «glándula») con el sufijo -ωμα (-ōma, «tumor»), mientras que «adrenal» procede del latín ad («junto a») y renalis («relativo al riñón»), en referencia a la posición anatómica de estas glándulas sobre el polo superior de cada riñón. Conviene precisar que la inmensa mayoría de los adenomas adrenales asientan en la corteza y no en la médula. Los tumores de la médula suprarrenal reciben nombres propios (feocromocitoma, paraganglioma) y responden a una biología celular distinta. Cuando la literatura médica habla de «adenoma adrenal» sin más especificación, se refiere casi siempre a un tumor cortical, razón por la cual los términos «adenoma adrenal» y «adenoma adrenocortical» se emplean con frecuencia como sinónimos en la práctica clínica habitual. La corteza suprarrenal se organiza en tres capas concéntricas, cada una especializada en la síntesis de un grupo de hormonas esteroideas. La zona glomerulosa produce aldosterona, responsable de regular el equilibrio de sodio y potasio; la zona fasciculada sintetiza cortisol, con funciones metabólicas e inmunomoduladoras amplias; y la zona reticular secreta andrógenos suprarrenales, precursores de las hormonas sexuales. Un adenoma puede originarse en cualquiera de estas capas. Lo que determina sus consecuencias no es tanto su tamaño como su actividad secretora: un nódulo de apenas un centímetro que produce aldosterona de forma autónoma tiene más repercusión clínica que uno de tres centímetros que no secreta nada. Esa distinción entre adenomas funcionantes y no funcionantes es la clasificación más relevante desde el punto de vista médico. Adenomas no funcionantes. Representan aproximadamente el 70 % de todos los adenomas adrenales. No producen hormonas en cantidades detectables y, por tanto, no generan repercusión endocrina. Son un hallazgo de imagen. La cuestión que plantean es siempre la misma: descartar que la masa sea maligna y confirmar que no existe una secreción hormonal sutil que haya pasado inadvertida en el primer estudio. Los adenomas funcionantes, en cambio, secretan una o varias hormonas de manera autónoma, es decir, sin obedecer a los mecanismos de retroalimentación que regulan la función suprarrenal normal. Según la hormona predominante se distinguen varios perfiles: Adenomas productores de cortisol. Provocan un exceso de cortisol que puede ir desde una secreción autónoma leve (antes llamada «subclinica», hoy denominada producción autónoma de cortisol por la Sociedad Europea de Endocrinología) hasta un cuadro florido de hipercortisolismo. Son los funcionantes más frecuentes después de los no funcionantes, si se incluyen las formas leves que solo se detectan mediante pruebas hormonales específicas. Aldosteronomas. Producen aldosterona en exceso y constituyen la causa más frecuente de hiperaldosteronismo primario unilateral. El cuadro fue descrito por Jerome Conn en 1955, y durante décadas se lo conoció como síndrome de Conn. Existe un tercer grupo, mucho menos habitual, de adenomas que secretan andrógenos o, en casos aislados, estrógenos. Su aparición obliga a descartar un carcinoma adrenocortical, porque la producción de esteroides sexuales es proporcionalmente más frecuente en las neoplasias malignas de la corteza. Los adenomas adrenales son más frecuentes de lo que cabría suponer si se buscan de forma sistemática. En series de autopsias, la prevalencia alcanza el 6 % en adultos de edad media y supera el 7 % en mayores de setenta años. Las técnicas de imagen transversales (tomografía computarizada, resonancia magnética) los detectan con una frecuencia creciente; la SEEN estima que constituyen el motivo de consulta endocrinológica más habitual dentro de la patología suprarrenal. No se conocen factores de riesgo ambientales claros. La obesidad, la diabetes y la hipertensión arterial se asocian con mayor frecuencia a los adenomas productores de cortisol, pero no está claro si son causa o consecuencia del exceso hormonal. Algunos adenomas se presentan en el contexto de síndromes hereditarios como la adenomatosis endocrina múltiple de tipo 1, donde coexisten tumores en varias glándulas endocrinas. Adenoma y carcinoma adrenocortical. La distinción más importante. El carcinoma adrenocortical es una neoplasia maligna infrecuente (1 a 2 casos por millón de habitantes al año) pero agresiva. Las masas suprarrenales de más de cuatro centímetros, con bordes irregulares o crecimiento rápido en controles sucesivos, requieren una evaluación diferente a la del adenoma típico, que suele ser homogéneo, bien delimitado y de pequeño tamaño. Feocromocitoma. Procede de la médula suprarrenal, no de la corteza, y produce catecolaminas (adrenalina, noradrenalina). Antes de catalogar cualquier masa adrenal como un adenoma cortical es necesario descartar esta posibilidad, porque su comportamiento biológico y sus implicaciones son muy diferentes. Metástasis suprarrenales. Las glándulas suprarrenales son un sitio frecuente de metástasis de tumores originados en otros órganos (pulmón, mama, riñón, melanoma). En pacientes con antecedentes oncológicos, una masa adrenal nueva no debe asumirse como un adenoma sin una valoración cuidadosa. Ambos términos designan la misma glándula. «Adrenal» viene del latín ad + renalis y «suprarrenal» del latín supra + renalis. En la literatura anglosajona predomina «adrenal»; en la tradición médica española se prefiere «suprarrenal», pero los dos se consideran válidos y se usan indistintamente en textos científicos. No. Es un tumor benigno. La probabilidad de que un adenoma típico (homogéneo, menor de cuatro centímetros, con densidad baja en imagen) se transforme en un carcinoma es muy baja. El carcinoma adrenocortical, que sí es maligno, suele presentarse como una masa de mayor tamaño con características de imagen distintas. La mayoría, no. Aproximadamente el 70 % son no funcionantes y no alteran los niveles hormonales del organismo. El 30 % restante produce alguna hormona de forma autónoma, siendo el cortisol la más frecuente, seguida de la aldosterona. Estrecha. El término «incidentaloma» describe cualquier masa suprarrenal descubierta por casualidad en una prueba de imagen. El adenoma cortical es, con diferencia, la causa más habitual de incidentaloma: entre el 70 % y el 80 % de las masas suprarrenales descubiertas de forma fortuita resultan ser adenomas benignos. Si desea ampliar información sobre los tumores suprarrenales o conceptos endocrinos asociados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el adenoma adrenal
Corteza suprarrenal y producción hormonal
Funcionantes y no funcionantes
Prevalencia y factores asociados
Diferenciación con otras masas suprarrenales
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama «adrenal» y no «suprarrenal»?
¿Un adenoma adrenal es cáncer?
¿Todos los adenomas adrenales producen hormonas?
¿Qué relación tiene con el incidentaloma suprarrenal?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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