DICCIONARIO MÉDICO
Serratia marcescens
Serratia marcescens es una bacteria ambiental, habitual en el agua, el suelo y casi cualquier superficie húmeda, que dentro del hospital se comporta como patógeno oportunista. Es la especie tipo del género Serratia y la que reúne la mayoría de sus casos clínicos: infecciones urinarias, respiratorias y de la sangre en pacientes con sondas o catéteres, brotes en unidades neonatales y queratitis en usuarios de lentes de contacto. Durante décadas se tuvo por inofensiva, hasta el punto de emplearse como marcador en experimentos militares al aire libre. Serratia marcescens Especie tipo del género Serratia Tipo: bacteria Morfología: bacilo gramnegativo móvil, anaerobio facultativo; parte de las cepas produce un pigmento rojo, la prodigiosina, y la especie es resistente por naturaleza a las polimixinas Transmisión: contacto directo (manos del personal sanitario) y dispositivos, soluciones o productos contaminados Reservorio: ambiental (agua, suelo, superficies húmedas) Patogenicidad: oportunista Enfermedades: infección urinaria, bacteriemia, queratitis Se trata de un bacilo gramnegativo de la familia Yersiniaceae y de la especie tipo del género Serratia, es decir, la que sirve de referencia para definirlo. El género agrupa más de veinte especies, pero ninguna se aísla en los laboratorios clínicos con tanta frecuencia ni ha sido tan estudiada. La describió el farmacéutico veneciano Bartolomeo Bizio en 1823, a raíz del episodio de la polenta teñida de rojo que había investigado cerca de Padua, y el epíteto que eligió, marcescens, alude a lo poco estable que resultaba aquel color. No la define un único rasgo. La identifica una combinación: movilidad, capacidad de crecer con oxígeno y sin él, un repertorio amplio de enzimas que libera al medio (proteasas, lipasas, nucleasas, quitinasas) y, en parte de las cepas, la prodigiosina, un pigmento rojo formado por tres anillos de pirrol. Ese pigmento, que tanto llamó la atención de los primeros observadores, no le hace falta a la bacteria para causar enfermedad. Al microscopio mide entre 0,5 y 0,8 micras de ancho y hasta unas 2 micras de largo. Crece sin dificultad en los medios de cultivo corrientes y forma colonias húmedas y lisas cuyo color va del rojo intenso al blanco roto, según la cepa y la temperatura de incubación. En agar sangre suelen verse grises y, por lo general, sin hemólisis. El rojo, paradójicamente, es la excepción en el hospital. Las cepas que se aíslan de pacientes con frecuencia no producen pigmento (ya en 1966 una revista médica estadounidense dedicó un artículo a estas formas no pigmentadas), así que el color no sirve para reconocerla. Sí ayuda otra peculiaridad: la especie es resistente por naturaleza a las polimixinas, como la colistina, porque modifica el lípido A de su membrana externa y el antibiótico apenas se fija a él. Ese rasgo la separa de Klebsiella y de Enterobacter, con las que comparte ambiente y aspecto en cultivo. Existe además, desde hace pocos años, un medio cromogénico diseñado para aislarla de forma selectiva, evaluado en 2021. Durante buena parte del siglo XX se la consideró un saprofito sin interés médico, poco más que un contaminante de laboratorio. Esa fama, sumada a lo fácil que era seguirle el rastro por su color, la convirtió en trazador biológico. En septiembre de 1950, la Marina de Estados Unidos la dispersó en aerosol desde un barco frente a San Francisco para comprobar cómo se propagaría un ataque biológico sobre una gran ciudad. Semanas después, once pacientes de un mismo hospital de la ciudad presentaron infecciones urinarias por esta bacteria, y uno de ellos, un hombre de 75 años, murió de endocarditis. Nunca se demostró que ambos hechos estuvieran relacionados: todos los afectados se habían sometido poco antes a procedimientos médicos y el brote no salió de aquel centro. Los ensayos se conocieron gracias a la prensa en los años setenta y dieron lugar a audiencias en el Senado estadounidense en 1977. Para entonces la ciencia ya había rectificado. A mediados de los años sesenta nadie discutía que fuera un patógeno humano. Soporta condiciones que acaban con muchas otras bacterias. Sobrevive con muy pocos nutrientes, en soluciones salinas, en agua clorada y en contacto con algunos desinfectantes, lo que explica su tendencia a provocar brotes de fuente común, en los que un único producto contaminado reparte la bacteria entre varios pacientes. La bibliografía recoge ejemplos muy dispares: un jabón antiséptico en 1997, jeringas precargadas de heparina y de suero salino distribuidas por varios estados de Estados Unidos en 2007 o un trabajador sanitario que portó la bacteria en las manos de forma prolongada. Sobre catéteres, sondas y tubos de respiración forma biopelículas, comunidades bacterianas envueltas en una matriz que ellas mismas fabrican y que las protege. En esa superficie compite además con otras bacterias gramnegativas, a las que elimina por contacto gracias a un sistema de secreción de tipo VI, un aparato que inyecta proteínas tóxicas en la célula vecina y le permite quedarse con el sitio. Muestra una afinidad especial por las vías urinarias, sobre todo en personas con sonda vesical, aunque también se aísla a menudo en el aparato respiratorio y en heridas. En pacientes sometidos a ventilación mecánica o portadores de catéteres vasculares puede causar neumonía y bacteriemia; con menos frecuencia, endocarditis, infección de la herida quirúrgica o infección biliar. Casi todos estos cuadros pertenecen al terreno de la infección nosocomial. Dos grupos de pacientes llaman la atención. En los recién nacidos muy prematuros es una causa conocida de sepsis tardía y de meningitis, con brotes repetidos en unidades de cuidados intensivos neonatales ligados a reservorios como los lavabos; se han comunicado cifras en torno a 2,3 infecciones tardías por cada 1.000 prematuros de este grupo. En los usuarios de lentes de contacto, por su facilidad para adherirse al material de la lente, produce desde conjuntivitis hasta queratitis con riesgo para la visión. A la resistencia que trae de serie se suma la adquirida. Muchas cepas hospitalarias han incorporado genes que les permiten destruir casi todos los antibióticos betalactámicos, incluidas carbapenemasas como KPC o NDM, y la Organización Mundial de la Salud sitúa a los Enterobacterales resistentes a carbapenémicos, grupo al que pertenece, en la categoría de prioridad crítica de su lista de patógenos de 2024. Junto a S. marcescens, solo S. liquefaciens aparece con cierta regularidad como causa de brotes e infecciones oportunistas, y ambas se identifican bien con los métodos habituales del laboratorio. El resto (S. plymuthica, S. rubidaea, S. odorifera, S. fonticola o S. ficaria, entre otras) se aíslan tan de tarde en tarde que pueden pasar inadvertidas o identificarse mal, y a veces hace falta secuenciar el gen del ARN ribosómico 16S para asignarlas. Los propios límites de la especie se siguen moviendo con la genómica. En 2020 un grupo alemán describió dos especies nuevas, S. nevei y S. bockelmannii, a partir de verduras frescas, y estudios más recientes con genomas completos han comprobado que algunos aislamientos hospitalarios catalogados como S. marcescens corresponden en realidad a especies muy próximas. Que se debilita o se desvanece. Es un participio latino, y con él Bizio aludía a la inestabilidad del pigmento rojo que observaba. Sí, varios. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX distintos autores la llamaron Bacillus prodigiosus o Chromobacterium prodigiosum, y todavía en 1924 un artículo sobre la especie tipo del género tenía que aclarar que se trataba del organismo conocido comúnmente como Bacillus prodigiosus. El binomio de Bizio se fue recuperando a medida que la taxonomía se ordenaba. En 1961 Martinec y Kocur propusieron la cepa que hoy sirve de referencia en las colecciones de cultivos, y en 1980 el nombre quedó incluido en las Listas Aprobadas de Nombres Bacterianos. Se describió, y el caso tuvo recorrido. En 2003 un equipo japonés aisló, en un tanque doméstico de depuración de aguas residuales de Saku (Nagano), una cepa productora de prodigiosina que parecía formar endosporas, algo que no se había observado nunca en una bacteria gramnegativa, y la propuso como subespecie nueva con el nombre de sakuensis. En 2020, el mismo trabajo que describió S. nevei y S. bockelmannii la reclasificó como sinónimo de la forma típica de la especie, que es como la considera hoy la nomenclatura de referencia. En estudios de laboratorio ha mostrado actividad antimicrobiana, antipalúdica, antitumoral e inmunomoduladora, aunque sigue en fase experimental. La bacteria es también fuente de enzimas de interés industrial, entre ellas las quitinasas que permiten aprovechar los caparazones de crustáceos. Para situar Serratia marcescens en su contexto, puede consultar:Qué es Serratia marcescens
Cómo se identifica en el laboratorio
Una bacteria que se creyó inofensiva
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Diferencias con otras especies del género
Preguntas frecuentes
¿Qué significa marcescens?
¿Ha tenido otros nombres?
¿Se ha descrito alguna cepa capaz de formar esporas?
¿Por qué interesa la prodigiosina a la investigación?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026