DICCIONARIO MÉDICO
Rhodococcus equi
Rhodococcus equi es una bacteria que vive en la tierra y en el estiércol de los herbívoros. En veterinaria se la conoce desde hace un siglo como causa de neumonía en potros; en el ser humano es un patógeno oportunista raro, que aparece casi siempre en personas con las defensas muy debilitadas. Su nombre ha cambiado varias veces desde que se describió y hoy convive con una denominación taxonómica más reciente, Prescottella equi. Rhodococcus equi También denominado Prescottella equi Tipo: bacteria Morfología: cocobacilo grampositivo pleomorfo, aerobio estricto, débilmente ácido-alcohol resistente Transmisión: inhalación o ingestión de tierra y polvo contaminados; inoculación en heridas Reservorio: ambiental (suelo) y animal (estiércol de herbívoros) Patogenicidad: oportunista Enfermedades: rodococosis, absceso pulmonar, malacoplaquia Se trata de una bacteria del grupo de los actinomicetos, pariente cercana de las micobacterias y de Nocardia, y la única especie de su grupo, tal como se definía el género hasta hace poco, capaz de enfermar a los animales. El nombre se lee casi como una descripción. Rhodococcus une el griego rhódon, rosa, con kókkos, grano, en alusión al tono rosado de las colonias de estas bacterias; equi es el genitivo latino de equus y significa, sin más, del caballo. En 1923, en Suecia, Magnusson la aisló del pulmón de un potro con una neumonía purulenta y la llamó Corynebacterium equi, porque al microscopio recordaba a los corinebacterios. Un año antes, en Hungría, Schmiedhoffer había descrito ya esa enfermedad del potro sin llegar a identificar el agente. El paso al género Rhodococcus lo dieron Goodfellow y Alderson en 1977: la química de su pared, rica en ácidos micólicos, la situaba más cerca de Nocardia y de las micobacterias que del grupo de la difteria. Pocas bacterias han tenido una biografía nominal tan accidentada. En 1981, estudios de hibridación de ADN mostraron que la cepa tipo de R. equi y la de Corynebacterium hoagii, un microorganismo aislado por Morse en 1912, eran en realidad la misma especie. Según las reglas del código de nomenclatura, el epíteto más antiguo tiene prioridad, y en 2014 Kämpfer y colaboradores propusieron llamarla Rhodococcus hoagii. La propuesta chocó con décadas de uso clínico y veterinario del nombre equi (y con el riesgo evidente de confusión que suponía cambiarlo), de modo que la Comisión Judicial del código terminó rechazando hoagii en su Opinión 106. Quedaba otro problema, de fondo y no de etiqueta. Los análisis genómicos indicaban que esta especie encaja mal dentro de Rhodococcus, y ya en 2013 se había propuesto para ella un género propio, Prescottella, cuyo nombre no llegó entonces a publicarse de forma válida. Esa publicación válida llegó en 2022, con un trabajo de Sangal, Goodfellow, Jones y Sutcliffe que trasladó al nuevo género a equi y a otras cuatro especies de rodococo. La base de datos de nomenclatura bacteriana LPSN recoge hoy Prescottella equi como nombre correcto. Los laboratorios clínicos, en su mayoría, siguen diciendo Rhodococcus equi. Es un microorganismo grampositivo, inmóvil y sin esporas, que cambia de forma según el medio en el que crece: en placa predominan las formas cocoides, mientras que en caldo aparece como bacilo, a veces largo o incluso ramificado. Necesita oxígeno para crecer. Sus colonias son lisas y mucosas, al principio blanquecinas, y en el curso de varios días viran hacia ese color salmón que dio nombre al género. Produce catalasa y ureasa, es oxidasa negativo y no fermenta azúcares, un rasgo que ayuda a separarlo de los corinebacterios. Los ácidos micólicos de la pared le confieren una resistencia débil a la decoloración con ácido y alcohol, la misma propiedad que define a las micobacterias; por eso puede tomarse por una de ellas en una tinción. El error contrario también ocurre, y con cierta frecuencia: en un cultivo rutinario se confunde con un difteroide cualquiera (así se llama en el laboratorio a los bacilos grampositivos que suelen ser simples contaminantes de la piel) y acaba descartado. La capacidad de esta bacteria para causar enfermedad no depende tanto de su cromosoma, de unos 5 millones de pares de bases, como de un plásmido de virulencia. En él se aloja una isla de patogenicidad con varios genes vap, de los que vapA es el mejor estudiado: su proteína se sitúa en la membrana del fagosoma y permite a la bacteria multiplicarse dentro del macrófago, la misma célula encargada de destruirla. Sin esa proteína, la bacteria no consigue replicarse en su interior. Se conocen tres tipos de plásmido, y cada uno se asocia con una especie animal. El pVAPA, circular, es el de las cepas de caballo; el pVAPB, también circular, se describió en 1995 en aislados de cerdo, y el pVAPN, lineal y de unos 120.000 pares de bases, aparece en cepas de bovinos y cabras. Los tres se han encontrado en aislados humanos, lo que encaja con la idea de que las personas son hospedadores ocasionales y de que la infección tiene origen animal. No todas las cepas que infectan al ser humano llevan plásmido, sin embargo. En una serie cubana de pacientes con sida, más de la mitad de los aislados carecían de los marcadores de los tres tipos. Es, ante todo, un habitante del suelo. Se multiplica con facilidad en el estiércol de los herbívoros y abunda en granjas, cuadras y pastos, donde lo diseminan las heces de caballos, vacas y cerdos. Casi todos los potros de las explotaciones donde la enfermedad es habitual entran en contacto con él en sus primeras semanas de vida, y se calcula que hasta el 90 % se infecta de forma subclínica, sin llegar a enfermar. La vía de entrada más aceptada es la inhalación de polvo y tierra contaminados. La ingestión y la entrada a través de heridas completan el cuadro. En el ser humano, la exposición a esos ambientes es la fuente propuesta de la infección, que se considera una zoonosis. El conjunto de infecciones que causa, en animales y en personas, recibe el nombre de rodococosis. En el potro produce una bronconeumonía con abscesos; en el cerdo, una inflamación de los ganglios submaxilares. En el ser humano se comporta como una infección oportunista ligada a la inmunosupresión, en especial al sida avanzado, y afecta sobre todo al pulmón, donde puede formar un absceso pulmonar. Se relaciona también con la malacoplaquia pulmonar. Grano rosado del caballo. Rhodococcus procede del griego rhódon, rosa, y kókkos, grano; equi es el genitivo latino de equus, caballo, porque se descubrió en potros. Sí. Son dos nombres para un mismo microorganismo. Prescottella equi se publicó de forma válida en 2022, cuando la especie se trasladó a un género nuevo, y es el que recoge como correcto la base de datos LPSN; Rhodococcus equi sigue siendo el más empleado en la bibliografía médica. El nombre Rhodococcus hoagii, que se propuso en 2014, fue rechazado. Porque su pared contiene ácidos micólicos, como la de las micobacterias, y eso le da una resistencia parcial a la decoloración en las tinciones que se usan para buscar el bacilo de la tuberculosis. La resistencia es débil e inconstante, a diferencia de lo que ocurre con las micobacterias. No necesariamente. La bacteria está en la tierra y en el estiércol de distintos herbívoros, y la exposición a esos ambientes es la vía que se considera más probable. El caballo es su hospedador más conocido, no el único. Para completar la información sobre Rhodococcus equi, puede consultar:Qué es Rhodococcus equi
Historia del nombre y situación taxonómica actual
Cómo se identifica en el laboratorio
Plásmidos de virulencia y preferencia por el hospedador
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Rhodococcus equi?
¿Rhodococcus equi y Prescottella equi son la misma bacteria?
¿Por qué puede confundirse con una micobacteria?
¿Hace falta tener contacto con caballos para infectarse?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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