DICCIONARIO MÉDICO
Sida
El sida es la fase más avanzada de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana, la etapa en la que el sistema inmunitario queda tan dañado que el organismo no puede defenderse de infecciones y tumores que, en circunstancias normales, controlaría sin dificultad. Sida es el acrónimo de síndrome de inmunodeficiencia adquirida, nombre que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos adoptaron en 1982 en sustitución de la primera denominación que había recibido la enfermedad, GRID, basada en una asociación equivocada con la orientación sexual de los primeros pacientes diagnosticados. La Real Academia Española considera hoy sida una palabra plenamente incorporada al idioma y recomienda escribirla en minúscula, igual que ovni o láser, y no ya como sigla en mayúsculas. Como síndrome, no nombra una enfermedad única sino un conjunto de signos y enfermedades que aparecen juntos por una misma causa: el deterioro progresivo de las defensas por acción del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). El sida, por tanto, no es sinónimo de infección por VIH. Es su desenlace más grave, el que se produce cuando el virus lleva el tiempo suficiente actuando sin control. El primer indicio llegó el 5 de junio de 1981, cuando el boletín semanal de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos describió cinco casos de una neumonía muy poco habitual en hombres jóvenes de Los Ángeles. En el plazo de un año se habían identificado ya varios cientos de casos similares, y en 1982 se fijó el nombre definitivo y los primeros criterios que definían el síndrome. Identificar el agente causante llevó dos años más. El 20 de mayo de 1983, un equipo del Instituto Pasteur de París dirigido por Luc Montagnier publicó en la revista Science el hallazgo del retrovirus responsable, entonces llamado LAV; la comunidad científica lo renombraría VIH en 1986. Françoise Barré-Sinoussi y Montagnier recibieron por este trabajo el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2008. Como retrovirus, el VIH infecta preferentemente los linfocitos CD4, las células que coordinan buena parte de la respuesta inmunitaria del organismo. Copia su información genética en el ADN de la célula infectada y la utiliza para fabricar nuevas partículas virales, un proceso que termina destruyendo al linfocito. Con los años, esa destrucción sostenida va vaciando la reserva de células CD4 disponibles. El sistema inmunitario deja entonces de reconocer y frenar microorganismos que, en una persona sana, no llegarían a causar enfermedad. Los organismos de salud pública fijan el paso de la infección por VIH al sida mediante dos criterios, que pueden darse por separado o juntos: un recuento de linfocitos CD4 por debajo de 200 células por microlitro de sangre, o la aparición de alguna de las llamadas enfermedades definitorias de sida, un listado de infecciones oportunistas y tumores que solo se presentan, o lo hacen con mucha mayor gravedad, cuando la inmunidad está muy comprometida. Entre los ejemplos más citados figuran el sarcoma de Kaposi, la tuberculosis diseminada y la infección grave por citomegalovirus. Ninguno de los dos criterios exige que la persona tenga síntomas en el momento del diagnóstico. Confundir sida con VIH es uno de los errores más extendidos sobre esta enfermedad. El VIH es el virus. El sida es una de sus posibles consecuencias, la más grave, no la única ni la inevitable. Gracias al tratamiento antirretroviral, buena parte de las personas con VIH nunca llega a desarrollar sida, y quienes ya lo han desarrollado pueden recuperar cifras de CD4 compatibles con una función inmunitaria razonable. Dentro de la clasificación general de los trastornos del sistema de defensa, el sida se incluye entre las inmunodeficiencias secundarias: no es un fallo presente desde el nacimiento, sino adquirido por la acción de un agente externo. Según las estimaciones de ONUSIDA para 2024, unos 40,8 millones de personas vivían con el VIH en todo el mundo, algo más de la mitad de ellas mujeres y niñas. Ese mismo año se produjeron 1,3 millones de nuevas infecciones y unas 630.000 muertes relacionadas con el sida, la cifra anual más baja desde el máximo alcanzado a mediados de la década de 2000. Desde el inicio de la epidemia, en torno a 91 millones de personas han contraído el VIH y unos 42 millones han fallecido por enfermedades asociadas al sida. Ya no. La Real Academia Nacional de Medicina y la Real Academia Española coinciden en que sida es un acrónimo que se ha incorporado al léxico común, igual que ovni o láser, y por eso se escribe en minúscula salvo al inicio de una frase. VIH, en cambio, se mantiene en mayúsculas porque se pronuncia letra a letra. No. El tratamiento antirretroviral frena la replicación del virus y mantiene el recuento de CD4 en cifras seguras, de modo que muchas personas con VIH nunca cruzan el umbral que define el sida. Sin ese control, la progresión suele producirse en un plazo de varios años. Dos años. Los primeros casos se describieron en 1981 y el retrovirus se aisló en 1983, un plazo que hoy resultaría muy largo: la secuenciación del virus de la covid-19, en comparación, se completó en cuestión de semanas. No hay ninguna aprobada para uso general, pese a más de treinta años de ensayos clínicos con distintos candidatos. La alta variabilidad genética del VIH y su capacidad para ocultarse en reservorios celulares inactivos son los principales obstáculos que sigue enfrentando la investigación.Qué es el sida
Historia
Mecanismo
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Diferenciación
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿"Sida" se escribe con mayúsculas, como una sigla?
¿Toda persona con VIH acaba desarrollando sida?
¿Cuánto tardó en identificarse el virus causante?
¿Existe una vacuna contra el sida?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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