DICCIONARIO MÉDICO
Oncocitoma
El oncocitoma es un tumor benigno constituido por oncocitos, células cuyo citoplasma granular y eosinófilo delata una acumulación llamativa de mitocondrias. Puede asentarse en varios órganos (riñón, tiroides, glándulas salivales, corteza suprarrenal, hipófisis), y su comportamiento clínico es, en la gran mayoría de los casos, indolente. Un oncocitoma es una neoplasia epitelial benigna formada casi en exclusiva por oncocitos. El rasgo que define a estas células es la sobreabundancia de mitocondrias en su citoplasma: al microscopio óptico el contenido celular se tiñe de un rosa intenso con hematoxilina-eosina, y la microscopía electrónica confirma que los orgánulos ocupan prácticamente todo el espacio citoplasmático. No se ha aclarado del todo por qué las mitocondrias se multiplican de este modo; una hipótesis aceptada las relaciona con un defecto en la cadena respiratoria que empujaría a la célula a compensar la pérdida de eficiencia generando más orgánulos. La palabra procede de dos raíces griegas: ὄγκος (ónkos, masa, bulto) y κύτος (kýtos, célula, cavidad), combinadas con el sufijo -ωμα (-ōma), que indica tumor. Fue el patólogo austríaco Gruia Hamperl quien, en 1931, acuñó el término oncocito para designar estas células de gran tamaño halladas en diversos tejidos glandulares. Un año después, en 1932, Herbert Jaffé utilizó por primera vez la voz Onkozytom al describir un tumor de Warthin en la parótida. El vocablo se afianzó en la literatura anglófona y acabó integrándose en el léxico médico español sin apenas modificación. Antes de hablar del tumor conviene entender la célula que lo compone. Un oncocito no es un tipo celular concreto en origen, sino el resultado de una transformación que puede afectar a células epiteliales de linajes muy distintos: tubulares renales, foliculares tiroideas, acinares salivales o corticales suprarrenales. Lo que comparten todas es la acumulación masiva de mitocondrias, visible ya con tinciones convencionales como un citoplasma densamente granular que los patólogos describen como eosinófilo. En condiciones normales algunas de estas células pueden mostrar rasgos oncocíticos leves con la edad, sin que ello implique patología. La transformación se vuelve relevante cuando las células oncocíticas proliferan y forman un nódulo bien delimitado, que es lo que denominamos oncocitoma. No todos los tumores con presencia de oncocitos son, sin embargo, oncocitomas: existen carcinomas con componente oncocítico (por ejemplo, la variante cromófoba del carcinoma renal de células claras o el carcinoma de células de Hürthle en la tiroides) cuyo pronóstico difiere por completo del de un oncocitoma puro. El riñón es el asiento más frecuente y también el más estudiado. El oncocitoma renal representa entre el 3 % y el 7 % de las masas renales sólidas según las series quirúrgicas; se origina en las células intercaladas del túbulo colector y su aspecto macroscópico, pardo o caoba con una cicatriz central estrellada, resulta bastante característico aunque insuficiente para distinguirlo con certeza de un carcinoma cromófobo solo con técnicas de imagen. En la tiroides la transformación oncocítica de las células foliculares genera la llamada célula de Hürthle (o célula de Askanazy). Los tumores tiroideos compuestos por estas células constituyen una categoría propia dentro de la clasificación de la OMS desde 2022, y conviene no confundirlos con los oncocitomas de otras localizaciones: la variante tiroidea puede, en un porcentaje no despreciable, comportarse de forma maligna. La parótida alberga oncocitomas con menos frecuencia, habitualmente como nódulos de crecimiento lento que se descubren de manera casual. Otras localizaciones descritas con carácter infrecuente son la corteza suprarrenal, la hipófisis anterior y, muy raramente, la laringe o el tracto respiratorio. El problema clínico que plantea un oncocitoma no es tanto el tumor en sí, que suele ser indolente, como la dificultad para confirmar que efectivamente lo es y no un carcinoma con rasgos oncocíticos. En el riñón, distinguir el oncocitoma de la variante cromófoba del carcinoma de células renales obliga con frecuencia a recurrir a inmunohistoquímica (CK7, CD117, vimentina) e incluso a estudios citogenéticos, porque la morfología de ambas lesiones puede solaparse. En la tiroides, la distinción entre un adenoma de células de Hürthle y su contrapartida maligna depende de la presencia o ausencia de invasión capsular y vascular, criterios que solo pueden evaluarse en la pieza quirúrgica completa. Existe, además, una zona gris: los llamados tumores oncocíticos híbridos, descritos sobre todo en el riñón, que comparten rasgos de oncocitoma y de carcinoma cromófobo sin encajar plenamente en ninguna de las dos categorías. Su comportamiento suele ser favorable, pero la clasificación sigue siendo objeto de debate entre los patólogos renales. Del griego ὄγκος (ónkos, masa o bulto) y κύτος (kýtos, célula), con el sufijo -ωμα que designa tumor. El patólogo Hamperl introdujo el concepto de oncocito en 1931 para describir células glandulares repletas de mitocondrias, y Herbert Jaffé creó el término Onkozytom un año después al estudiar un tumor parotídeo. No exactamente. Ambos comparten la célula oncocítica como protagonista, pero el término "tumor de Hürthle" se reserva para los tumores oncocíticos de la tiroides, que desde 2022 forman una categoría aparte en la clasificación de la OMS. El oncocitoma renal o parotídeo es prácticamente siempre benigno; la variante tiroidea, en cambio, puede ser maligna en un porcentaje relevante de casos, y por eso la evaluación histológica completa resulta ineludible para descartar invasión. Depende de la localización. En el riñón, el oncocitoma puro se considera benigno y la supervivencia específica de las series publicadas es del 100 %. En la tiroides, sin embargo, los tumores de células de Hürthle tienen un potencial maligno reconocido. Y en la corteza suprarrenal se han descrito casos aislados con criterios histológicos de malignidad, aunque la inmensa mayoría son benignos. En el riñón. Las series quirúrgicas estiman que entre el 3 % y el 7 % de las masas renales sólidas corresponden a oncocitomas. Le siguen en frecuencia la tiroides y las glándulas salivales (sobre todo la parótida), mientras que las localizaciones suprarrenal e hipofisaria son raras. Si desea profundizar en conceptos asociados al oncocitoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un oncocitoma
El oncocito como unidad histológica compartida
Localizaciones habituales
Diferenciación con tumores oncocíticos malignos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra oncocitoma?
¿Es lo mismo un oncocitoma que un tumor de Hürthle?
¿Un oncocitoma puede volverse maligno?
¿En qué órgano aparecen con más frecuencia?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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