DICCIONARIO MÉDICO
Laringomalacia
La laringomalacia es una anomalía congénita de la laringe caracterizada por un reblandecimiento y una flacidez excesivos de las estructuras situadas por encima de las cuerdas vocales, que se colapsan hacia el interior de la vía aérea durante la inspiración. Ese colapso estrecha el paso del aire y produce un ruido respiratorio agudo, el estridor inspiratorio. Es la causa más frecuente de estridor en el lactante y, en la gran mayoría de los casos, se resuelve por sí sola con el crecimiento. El término procede del griego. Combina láryngx (λάρυγξ), la laringe, con malakía (μαλακία), blandura o reblandecimiento. Laringomalacia es, en sentido literal, laringe blanda. El nombre apunta al núcleo del problema: unas estructuras laríngeas demasiado laxas, que no conservan su forma cuando deberían. No se trata de una malformación de las piezas de la laringe, que están todas presentes, sino de una cuestión de consistencia y de control. Los cartílagos supraglóticos, esto es, la epiglotis, los pliegues ariepiglóticos y la región de los aritenoides, resultan demasiado flexibles, y el tono muscular que debería sostenerlos todavía no ha madurado. El resultado es una laringe que funciona bien en reposo pero se pliega sobre sí misma en cuanto el aire circula con fuerza. La clave está en la física de la inspiración. Al tomar aire, el flujo se acelera al cruzar el estrecho vestíbulo laríngeo y genera una presión negativa que succiona las paredes hacia dentro, el mismo principio que hace vibrar una pajita cuando se sorbe con fuerza. En una laringe firme, las estructuras resisten esa succión. En una laringe blanda, ceden: la epiglotis y los pliegues ariepiglóticos se desploman sobre la glotis y cierran parte del paso. El aire, obligado a pasar por una rendija que vibra, produce el estridor, un sonido agudo que se oye sobre todo al inspirar. Ese ruido tiene una firma inconfundible. Fluctúa. Empeora con el llanto, la agitación, las tomas y la postura boca arriba, y mejora con la calma y con el decúbito prono o lateral. Esa variabilidad, atada a la posición y a la actividad, es una de las pistas que separan la laringomalacia de un estrechamiento fijo. La laringomalacia explica en torno al 60 a 75 % de los casos de estridor congénito, lo que la sitúa como la anomalía laríngea más frecuente de la primera infancia. Suele aparecer en las primeras semanas de vida y seguir un rumbo tranquilizador: alrededor del 90 % de los lactantes ven desvanecerse el ruido de forma espontánea entre los doce y los veinticuatro meses, a medida que madura el control neuromuscular de la laringe y las estructuras ganan firmeza. Solo una minoría, por debajo del diez al veinte por ciento, desarrolla una forma lo bastante intensa como para interferir con la alimentación, el sueño o la oxigenación. La enfermedad por reflujo gastroesofágico acompaña con frecuencia al cuadro y puede agravarlo, en una relación de ida y vuelta: la obstrucción respiratoria favorece el reflujo, y el ácido que asciende inflama unos tejidos laríngeos ya de por sí delicados. La visualización directa de la laringe despeja las dudas. Una laringoscopia flexible, hecha con el bebé despierto, muestra en tiempo real cómo se colapsan las estructuras supraglóticas al inspirar, y ese hallazgo dinámico resulta suficiente para el diagnóstico. Conviene, con todo, no dar por hecho que cualquier estridor del recién nacido es una laringomalacia. La laringoestenosis subglótica genera un estridor que tiende a ser bifásico, se oye al inspirar y al espirar, empeora con las infecciones y no cede al cambiar de postura. La parálisis laríngea bilateral, segunda causa de estridor congénito, suele acompañarse de problemas neurológicos. Y la traqueomalacia asienta en la tráquea en lugar de en la laringe, con un ruido de predominio espiratorio. Se añade un dato que invita a explorar sin prisa: hasta en uno de cada cinco casos coexiste una segunda anomalía de la vía aérea. Laringe blanda. Une el griego láryngx, laringe, y malakía, reblandecimiento. Recoge el rasgo central del trastorno: unas estructuras laríngeas demasiado flexibles. En la mayoría de los casos, no. Alrededor de nueve de cada diez lactantes se recuperan solos antes de los dos años. Una fracción pequeña presenta formas intensas que sí requieren valoración especializada y, a veces, cirugía. Porque el colapso depende de la fuerza con que circula el aire y de la posición del bebé. Cuando el niño llora o se alimenta, respira con más ímpetu y las estructuras blandas se hunden más, de modo que el estridor sube de volumen. Tumbado boca abajo o de lado, la gravedad aleja esas estructuras del paso del aire y el ruido cede. A menudo van juntos. El reflujo gastroesofágico aparece en una proporción alta de estos lactantes y puede intensificar el cuadro, porque el ácido irrita una laringe que ya nace frágil. El vínculo funciona en ambas direcciones.Qué es la laringomalacia
Por qué se produce el estridor
Historia natural y frecuencia
Cómo se confirma y con qué se confunde
Preguntas frecuentes
¿Qué quiere decir el nombre?
¿Es grave?
¿Por qué el ruido cambia a lo largo del día?
¿Tiene relación con el reflujo?
Referencias
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