DICCIONARIO MÉDICO
Helicobacter pylori
Helicobacter pylori es una bacteria gramnegativa de forma espiral que vive en la mucosa del estómago humano y es la especie tipo del género Helicobacter. Se adquiere casi siempre en la infancia, puede permanecer toda la vida y la alberga cerca de la mitad de la población mundial. La mayoría de los portadores no llega a enfermar, pero su presencia prolongada está en el origen de buena parte de las gastritis crónicas, de la úlcera péptica y de algunos tumores del estómago. Helicobacter pylori H. pylori; antes Campylobacter pylori Tipo: bacteria Morfología: bacilo curvado o espiral gramnegativo, microaerófilo, ureasa intensamente positiva Transmisión: de persona a persona (saliva, vómito o heces), sobre todo en la infancia Reservorio: humano (mucosa gástrica) Patogenicidad: primario Enfermedades: gastritis, úlcera péptica, linfoma MALT Es una bacteria del género Helicobacter y, dentro de él, su especie tipo: el organismo al que quedó ligado el nombre del género cuando este se creó en 1989. Su cepa de referencia conserva la huella del lugar donde se aisló por primera vez y figura en las colecciones internacionales como Royal Perth Hospital 13487, por el hospital de Australia Occidental en cuyo laboratorio creció aquel primer cultivo. El epíteto pylori es un genitivo latino y significa «del píloro». La palabra píloro procede del griego πυλωρός (pylōrós), el portero o guardián de la puerta, porque ese orificio controla el paso del estómago al duodeno. En sus primeros trabajos los propios descubridores hablaban de un «campylobacter pilórico», y el nombre formal heredó esa localización. Tardó en asentarse ese nombre formal. Se publicó en 1984 como Campylobacter pyloridis, un epíteto mal construido desde el punto de vista gramatical que en 1987 se corrigió a Campylobacter pylori. La ubicación en Campylobacter tampoco resistió: los análisis de ARN ribosómico mostraron que la bacteria no pertenecía a ese grupo, y en 1989 pasó al género nuevo con la denominación que conserva hoy. A mediados de 1984 la relación entre la bacteria y la inflamación del estómago era todavía una asociación, no una causa probada. Barry Marshall, entonces médico del Fremantle Hospital, no había conseguido reproducir la infección en animales, así que decidió hacerlo en sí mismo. Tras una endoscopia que mostró una mucosa gástrica normal, en julio de aquel año bebió un cultivo obtenido de un paciente (su técnico raspó el contenido de dos placas y lo mezcló con un poco de caldo de carne). A los pocos días empezó a encontrarse mal. La endoscopia del octavo día reveló una gastritis intensa, y de la biopsia volvió a crecer el mismo microorganismo. Con ello recorría, en su propio estómago, los pasos de los postulados de Koch. El experimento, publicado en 1985 en el Medical Journal of Australia, probaba que la bacteria podía colonizar una mucosa sana e inflamarla. La úlcera quedaba fuera de su alcance. Al microscopio es un bacilo curvado o en espiral de 2,5 a 5 micras de largo y alrededor de media micra de ancho. En uno de sus polos lleva un penacho de varios flagelos envainados, recubiertos por una prolongación de su propia membrana externa, que le permiten avanzar como un sacacorchos a través del moco gástrico. Cuando las condiciones se vuelven adversas, por ejemplo tras un cultivo prolongado, abandona la forma espiral y adopta formas cocoides, redondeadas, que mantienen actividad metabólica pero ya no crecen en los medios habituales. Cultivarla exige paciencia. Necesita una atmósfera pobre en oxígeno (es microaerófila), crece a 37 °C en agar enriquecido con sangre o suero y sus colonias tardan de tres a cinco días en hacerse visibles. La identificación presuntiva combina la morfología curvada gramnegativa con tres enzimas, la catalasa, la oxidasa y la ureasa, que descompone la urea. Esta última es la más característica, porque su actividad en esta especie es muy intensa. En 1997 se publicó su genoma completo. La cepa secuenciada, la 26695, tiene un cromosoma circular de 1.667.867 pares de bases con 1.590 genes codificantes previstos y un contenido de guanina y citosina del 39 %. Llamó la atención tanto lo que había como lo que faltaba: sistemas bien desarrollados para moverse y captar hierro, muchas proteínas de membrana externa, y a la vez escasas redes de regulación y un metabolismo reducido, el de un organismo especializado en un único nicho. No todas las cepas se comportan igual. Una parte importante de la diferencia reside en un fragmento de unas 40 kilobases, la isla de patogenicidad cag, que la bacteria parece haber adquirido por transferencia lateral de otro organismo. Codifica un sistema de secreción de tipo IV, una especie de jeringa molecular con la que inyecta en la célula gástrica la proteína CagA. Una vez dentro, CagA desregula vías de señalización que controlan la proliferación celular; por eso se la describe como una oncoproteína bacteriana. Las cepas portadoras del gen cagA son más frecuentes en Asia oriental que en los países occidentales. La otra toxina principal es VacA, la citotoxina vacuolizante. Para fijarse al epitelio, la bacteria recurre a adhesinas como BabA, que se une a uno de los antígenos de Lewis, el Lewis b, presente en la superficie de las células gástricas. Sus flagelinas, además, pasan inadvertidas para el receptor TLR5 del sistema inmunitario, un detalle que contribuye a explicar infecciones que duran décadas sin que el organismo consiga eliminarlas. Vive en el estómago humano. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) la describe como restringida a la mucosa gástrica de las personas, aunque puede infectar a algunos otros primates. Se contagia de una persona a otra, casi siempre durante la infancia, y si no se elimina persiste de por vida. La vía concreta sigue sin conocerse con precisión; se barajan el contacto con la saliva, el vómito o las heces de una persona infectada, así como los alimentos y el agua contaminados. En 2017, un metaanálisis estimó en unos 4.400 millones las personas que vivían con la bacteria en 2015. El reparto es muy desigual. África presentaba la prevalencia agrupada más alta, un 70,1 %, y por países las cifras iban del 18,9 % de Suiza al 87,7 % de Nigeria. En Europa ha bajado desde el año 2000, del 48,8 % al 39,8 %, en paralelo a la mejora del saneamiento. Es, además, un compañero muy antiguo de nuestra especie. Su diversidad genética disminuye a medida que aumenta la distancia a África oriental, igual que ocurre con la humana, y los modelos indican que ya viajaba en el estómago de quienes salieron de África hace unos 58.000 años. Esa huella permite usar sus cepas para reconstruir migraciones. En 2016 se reconstruyó el genoma de la bacteria hallada en el estómago de Ötzi, el hombre de los hielos de los Alpes, fallecido hace unos 5.300 años: su cepa se parecía más a las que hoy circulan en Asia central y meridional que a la población bacteriana europea actual, un híbrido de linajes asiáticos y africanos. Colonizar no equivale a enfermar. Aun así, su presencia prolongada mantiene en muchas personas una inflamación de la mucosa, la gastritis crónica, que es la lesión de fondo sobre la que aparecen las demás. En una parte de ellas evoluciona con los años hacia la gastritis atrófica; en otras se traduce en úlcera péptica, de la que es la causa principal, tanto en su forma gástrica como duodenal. En 1994 la IARC clasificó la infección como carcinógeno del grupo 1 por su relación con el adenocarcinoma gástrico. La decisión tuvo algo de inusual, porque se apoyó solo en estudios en seres humanos: la evidencia experimental en animales se juzgó entonces insuficiente. La otra neoplasia ligada a la bacteria es el linfoma MALT gástrico, un tumor del tejido linfoide asociado a la mucosa. Por el píloro, la salida del estómago hacia el duodeno. Pylori significa «del píloro» en latín, y la forma original del nombre, pyloridis, era incorrecta y hubo que enmendarla en 1987. No. Helicobacter es el género, con decenas de especies descritas que viven sobre todo en otros mamíferos y en aves. H. pylori es una de ellas: la especie tipo del género y la que coloniza de forma habitual el estómago humano. Estrictamente, no. Según distintos estudios, solo en torno al 10-15 % de los infectados llega a desarrollar una úlcera péptica, un carcinoma gástrico o un linfoma MALT. Que ocurra o no depende de una combinación de factores: la cepa concreta (con o sin cagA, con una u otra variante de VacA), la susceptibilidad genética de la persona y el entorno. Una misma bacteria puede convivir en silencio durante toda una vida en un estómago y dañar otro. Sí. En 1991 se publicó como especie nueva Helicobacter nemestrinae. En 2002, Suerbaum y colaboradores demostraron que su cepa tipo era en realidad una cepa de H. pylori, y desde entonces ese nombre se considera un sinónimo posterior de esta.Qué es Helicobacter pylori
La demostración de su papel en la gastritis
Morfología e identificación en el laboratorio
Diferencias entre cepas y factores de virulencia
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama pylori?
¿Helicobacter y Helicobacter pylori son lo mismo?
¿Todas las personas con Helicobacter pylori acaban teniendo una úlcera?
¿Se ha descrito alguna especie que resultara ser Helicobacter pylori?
Referencias
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