DICCIONARIO MÉDICO
Esfigmógrafo
El esfigmógrafo es un instrumento médico que registra de forma gráfica las oscilaciones del pulso arterial. El trazado resultante, denominado esfigmograma, permite analizar la forma, la amplitud y la velocidad de la onda de pulso en cada ciclo cardíaco. Desarrollado a mediados del siglo XIX, fue el primer instrumento no invasivo de la fisiología cardiovascular y el antecesor directo del esfigmomanómetro. La palabra procede del griego σφυγμός (sphygmós, «pulso») y γράφω (gráphō, «escribir»). Literalmente, un «escritor del pulso». La Real Academia Española lo define como «aparato que registra el pulso», y la RAE recoge también la forma sinónima esfigmómetro. En términos prácticos, se trata de un dispositivo mecánico que capta la expansión rítmica de una arteria superficial (habitualmente la arteria radial) y la traslada, mediante un sistema de palancas o membranas, a un estilete que dibuja la curva del pulso sobre una superficie móvil. El trazado obtenido recibe el nombre de esfigmograma, y la técnica de registro se denomina esfigmografía. El fisiólogo alemán Karl von Vierordt construyó en 1854 el primer esfigmógrafo funcional. Su aparato era voluminoso y difícil de estabilizar: una palanca larga transmitía el movimiento del pulso radial a un papel ahumado arrastrado por un mecanismo de relojería. El resultado era prometedor pero poco práctico para la clínica diaria, y Vierordt acabó dedicando más esfuerzo a otros proyectos (entre ellos, un método para el recuento de glóbulos rojos que sí prosperó). Fue el fisiólogo francés Étienne-Jules Marey quien, hacia 1860, transformó la idea de Vierordt en un instrumento realmente utilizable. El esfigmógrafo de Marey se fijaba con una cinta a la muñeca del paciente; una placa de marfil presionaba la arteria radial, y las pulsaciones se transmitían a un estilete entintado que trazaba la curva sobre una tira de papel en movimiento. El aparato era compacto, portátil y, por primera vez, permitía obtener registros reproducibles del pulso en condiciones clínicas. Marey publicó extensamente sobre la circulación de la sangre y utilizó su esfigmógrafo como herramienta de investigación; años después canalizaría su interés por el movimiento hacia la cronofotografía, convirtiéndose en uno de los precursores del cine. En un trazado normal, la curva presenta un ascenso rápido correspondiente a la eyección ventricular durante la sístole, seguido de un descenso más gradual durante la diástole. En ese descenso se observa una muesca característica, la incisura dícrota, que señala el momento en que la válvula aórtica se cierra y la columna de sangre retrocede brevemente contra ella. Cuando esa muesca es tan pronunciada que genera una segunda onda palpable, se habla de pulso dícroto. La morfología de la curva varía con la edad, la distensibilidad de la pared arterial y el gasto cardíaco. En arterias rígidas, el ascenso sistólico se empina y la incisura se atenúa; en pacientes jóvenes con buena elasticidad vascular, la muesca es neta y la onda diastólica, más visible. El análisis de estas diferencias fue precisamente lo que convirtió al esfigmógrafo en un instrumento valioso para la investigación cardiovascular del siglo XIX. El esfigmógrafo registra la forma de la onda del pulso, pero no cuantifica la presión arterial en cifras. Ese salto lo dio Samuel von Basch en 1881 con el primer esfigmomanómetro, y lo consolidó Scipione Riva-Rocci en 1896 al introducir el manguito inflable que sigue siendo la base del tensiómetro actual. A partir de ese momento, la medición numérica de la presión desplazó al análisis gráfico del pulso en la práctica clínica cotidiana, y el esfigmógrafo como instrumento independiente cayó en desuso. Ahora bien, el principio que lo animaba no desapareció. La tonometría de aplanamiento y la fotopletismografía digital son, en cierto modo, herederas del esfigmógrafo: ambas registran la onda de pulso para derivar de ella índices de rigidez arterial, velocidad de la onda de pulso y presión aórtica central, parámetros que hoy tienen un peso creciente en la valoración del riesgo cardiovascular. Del griego σφυγμός (sphygmós), «pulso», y γράφω (gráphō), «escribir». La traducción literal sería «escritor del pulso» o «el que escribe el pulso». La RAE recoge también el sinónimo esfigmómetro, aunque esta segunda forma es mucho menos habitual en la literatura médica. No como instrumento independiente. Los esfigmógrafos mecánicos del siglo XIX se conservan en museos de historia de la medicina. Lo que sí pervive es el principio de registrar gráficamente la onda del pulso: la tonometría arterial y otros dispositivos modernos lo hacen con mayor precisión y ofrecen datos como la velocidad de la onda de pulso, que son útiles para evaluar la rigidez arterial. No. El esfigmógrafo registra la forma de la onda del pulso; el esfigmomanómetro mide la presión arterial en milímetros de mercurio. Son instrumentos distintos que comparten la raíz griega σφυγμός, pero que miden cosas diferentes. El esfigmomanómetro se conoce popularmente como tensiómetro. Karl von Vierordt presentó el primer prototipo en 1854, pero el modelo que se impuso en la clínica fue el de Étienne-Jules Marey, presentado hacia 1860 y mucho más manejable. El de Marey se fijaba a la muñeca y trasladaba el latido radial a un papel mediante un estilete, lo que permitió por primera vez obtener registros fiables del pulso fuera del laboratorio de fisiología. Si desea profundizar en conceptos asociados al esfigmógrafo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el esfigmógrafo
De Vierordt a Marey: los primeros esfigmógrafos
Lectura del esfigmograma
Del esfigmógrafo al esfigmomanómetro
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra esfigmógrafo?
¿Se utiliza todavía el esfigmógrafo?
¿Es lo mismo esfigmógrafo que esfigmomanómetro?
¿Quién inventó el esfigmógrafo?
Referencias
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