DICCIONARIO MÉDICO

Endocarditis trombótica no bacteriana

La endocarditis trombótica no bacteriana (ETNB) es una forma de endocarditis no infecciosa en la que se depositan vegetaciones estériles, compuestas por fibrina y plaquetas, sobre las válvulas cardíacas. Se asocia a estados de hipercoagulabilidad, sobre todo neoplasias avanzadas y enfermedades autoinmunes. Su principal complicación es el riesgo de embolia sistémica.

Qué es la endocarditis trombótica no bacteriana

En la endocarditis infecciosa, las vegetaciones contienen microorganismos. Las de la ETNB, no: son depósitos exclusivamente trombóticos, agregados de plaquetas atrapadas en una malla de fibrina, sin bacterias ni hongos. No suelen provocar destrucción valvular significativa. El problema reside en otra parte: son frágiles, se fragmentan con facilidad y los fragmentos viajan por el torrente sanguíneo hasta impactarse en arterias del cerebro, el bazo, el riñón o las extremidades.

La localización preferente es la línea de cierre de las válvulas mitral y aórtica, con las valvas intactas en la mayoría de los casos. Las vegetaciones suelen ser pequeñas (unos pocos milímetros), lo que complica enormemente su detección por ecocardiografía transtorácica y explica que un porcentaje considerable de casos solo se identifique en la autopsia. Estudios necrópsicos clásicos sitúan la prevalencia de ETNB en torno al 1-2 % de las autopsias generales, pero esa cifra asciende en pacientes con cáncer avanzado.

Patogenia: el endotelio dañado como superficie trombogénica

El endocardio valvular sano es una barrera antitrombogénica eficiente. Las células endoteliales que lo recubren producen prostaciclina y óxido nítrico, entre otras sustancias, que impiden la adhesión plaquetaria. Para que se formen vegetaciones estériles, esa superficie tiene que perder su integridad.

En las neoplasias avanzadas, sobre todo adenocarcinomas productores de mucina (páncreas, estómago, pulmón, ovario), la interacción entre monocitos, macrófagos y células tumorales genera niveles elevados de factor de necrosis tumoral e interleucinas que dañan el endotelio valvular. A ese daño local se suma un estado protrombótico sistémico: mucinas tumorales que activan la cascada de coagulación, inmunocomplejos circulantes que agravan la lesión endotelial, y un consumo de factores anticoagulantes naturales que desequilibra la hemostasia.

En las enfermedades autoinmunes, el mecanismo difiere. En el lupus eritematoso sistémico y en el síndrome antifosfolípido, los anticuerpos antifosfolípido se depositan en el subendotelio valvular y promueven la formación de trombos locales. La endocarditis de Libman-Sacks es la variante más conocida dentro de este grupo, y algunos autores la consideran un subtipo de ETNB.

Asociaciones clínicas principales

Las neoplasias representan la asociación más frecuente. No cualquier cáncer: los adenocarcinomas mucinosos concentran la mayor parte de los casos descritos, con el páncreas, el pulmón, el estómago y el ovario como localizaciones predominantes. Hasta la mitad de los pacientes con coagulación intravascular diseminada presentan vegetaciones trombóticas valvulares en estudios de autopsia, lo que sugiere una relación estrecha entre ambos procesos.

El lupus eritematoso sistémico y el síndrome antifosfolípido ocupan el segundo lugar en frecuencia. Otras condiciones que se han vinculado con la ETNB incluyen la sepsis grave, las quemaduras extensas y la uremia crónica. En todos estos contextos, el denominador común es un desequilibrio hemostático sostenido que favorece la trombogénesis local sobre el endocardio.

Relevancia de las embolias sistémicas

Lo que convierte a la ETNB en un problema clínico serio no es la lesión valvular en sí, que rara vez compromete la función del corazón, sino la embolización. Los fragmentos trombóticos se desprenden de las vegetaciones y viajan por el torrente arterial. El territorio cerebral es el más afectado: ictus isquémicos en distribuciones vasculares múltiples, a veces el primer signo que lleva al diagnóstico. Infartos en el bazo, el riñón, las arterias coronarias y las extremidades completan el cuadro embólico.

La dificultad estriba en que muchos pacientes no presentan un soplo cardíaco audible ni otros signos que orienten hacia el corazón. Los eventos embólicos aparecen en un contexto clínico ya complejo (cáncer avanzado, enfermedad autoinmune activa), y no siempre se busca una fuente cardíaca. Cuando se sospecha, la ecocardiografía transesofágica es más sensible que la transtorácica para detectar vegetaciones pequeñas.

Evolución del nombre

Ziegler fue el primero en describir la entidad en 1888, bajo el término "tromboendocarditis". Durante décadas se la conoció como endocarditis marántica, un adjetivo derivado del griego μαρασμός (marasmós, consunción) que aludía al estado de caquexia de los pacientes afectados. Gross y Friedberg propusieron en 1936 la expresión "endocarditis trombótica no bacteriana", más precisa porque describe la naturaleza de la lesión (trombótica) y su carácter estéril (no bacteriana) sin presuponer el estado clínico del enfermo. Es la denominación que ha prevalecido en la literatura médica actual.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo ETNB que endocarditis marántica?

Son sinónimos. "Marántica" es el nombre histórico, vinculado al estado de consunción de los enfermos; "trombótica no bacteriana" es la denominación descriptiva moderna. Algunos textos reservan "marántica" para los casos asociados a caquexia neoplásica.

¿Produce la ETNB un soplo cardíaco?

Rara vez. Las vegetaciones son pequeñas y no suelen alterar la mecánica valvular lo bastante como para generar un soplo audible, lo que contribuye a que la entidad quede sin diagnosticar con frecuencia.

¿Las vegetaciones de la ETNB pueden infectarse?

Sí. Una vegetación trombótica estéril puede servir como asiento para bacterias circulantes, convirtiéndose entonces en una endocarditis infecciosa secundaria. Esa transición se ha documentado especialmente en pacientes con líneas venosas centrales o estados de inmunosupresión prolongada.

¿Cuál es la neoplasia que se asocia con más frecuencia a la ETNB?

Los adenocarcinomas productores de mucina, en particular los de páncreas, pulmón y estómago. La mucina tumoral tiene la capacidad de activar directamente la cascada de coagulación, y eso explica en parte la asociación preferente.

Referencias

  1. Mayo Clinic. Endocarditis: síntomas y causas.
  2. Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU. (MedlinePlus). Coágulos de sangre.
  3. Manual MSD, versión para profesionales. Endocarditis infecciosa.
  4. Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Problemas de sangrado y coagulación.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos vinculados a la ETNB, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Endocarditis marántica: nombre histórico de la ETNB, con la etimología del adjetivo y la evolución terminológica.
  • Endocarditis de Libman-Sacks: variante de endocarditis no infecciosa vinculada al lupus eritematoso sistémico y al síndrome antifosfolípido.
  • Endocarditis: inflamación del endocardio, concepto general que abarca las formas infecciosas y no infecciosas.
  • Trombosis: formación de trombos en el sistema vascular, proceso que subyace a las vegetaciones de la ETNB.
  • Embolia: migración de material trombótico por el torrente sanguíneo, complicación principal de esta entidad.
  • Valvulopatía: alteración estructural o funcional de las válvulas cardíacas.

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