DICCIONARIO MÉDICO
Déficit selectivo de IgA
El déficit selectivo de IgA es la inmunodeficiencia primaria más frecuente en términos absolutos. Se define como una concentración sérica de inmunoglobulina A (IgA) inferior a 7 mg/dL en un individuo mayor de cuatro años que presenta niveles normales de IgG e IgM. Su prevalencia en población europea se sitúa en torno a 1 de cada 500-700 personas, aunque la mayoría de los afectados no presenta manifestaciones clínicas y descubre el déficit por casualidad en una analítica. "Selectivo" indica que la deficiencia afecta exclusivamente a un isotipo de inmunoglobulina: la IgA. Los demás anticuerpos circulantes —IgG, IgM, IgE— se mantienen dentro de rangos normales, y los linfocitos B están presentes en número adecuado. Lo que falla es el último paso de diferenciación de las células B productoras de IgA: existen linfocitos B con IgA de superficie, pero no maduran a células plasmáticas secretoras de IgA en cantidad suficiente. La entidad fue descrita por primera vez en 1961 por Charles Janeway y sus colaboradores, quienes documentaron la ausencia de IgA sérica en pacientes con ataxia-telangiectasia. Pronto se comprobó que el déficit aparecía también de forma aislada, sin acompañarse de otras anomalías inmunitarias ni neurológicas. La definición operativa actual —IgA sérica inferior a 7 mg/dL (o a 5 mg/dL según algunos autores), con IgG e IgM normales, en mayores de cuatro años— procede del consenso del Grupo Pan-Americano de Inmunodeficiencias (PAGID) y la Sociedad Europea de Inmunodeficiencias (ESID). El límite de los cuatro años existe porque antes de esa edad los niveles de IgA pueden ser fisiológicamente bajos sin que ello signifique un déficit permanente. Para entender el déficit conviene tener presente dónde actúa la IgA. Más del 70 % de la IgA corporal no circula por la sangre, sino que se encuentra en las secreciones de las mucosas: saliva, lágrimas, leche materna, secreciones nasales, pulmonares, intestinales y del tracto urogenital. En esas superficies, la IgA adopta su forma secretora —una molécula dimérica unida a un componente secretor que la protege de la degradación enzimática— y actúa como primera barrera: recubre los microorganismos, impide que se adhieran al epitelio y los neutraliza antes de que puedan atravesar la mucosa. ¿Por qué entonces la mayoría de los afectados no enferma? Porque el organismo dispone de mecanismos compensatorios. En ausencia de IgA, la IgM secretora asume parcialmente su función en las mucosas, y la inmunidad celular local refuerza la defensa epitelial. Esa compensación no es perfecta en todos los individuos, y de ahí que un porcentaje —que estudios recientes estiman mayor de lo que se creía, en torno al 80 % a lo largo de la vida— acabe presentando algún tipo de manifestación, generalmente leve: infecciones respiratorias de repetición, episodios gastrointestinales o fenómenos alérgicos. El déficit selectivo de IgA se asocia con frecuencia a la enfermedad celíaca: entre el 1 y el 2 % de los pacientes celíacos tiene un déficit de IgA, y esa coincidencia importa en la práctica porque los marcadores serológicos habituales de la celiaquía (anticuerpos antitransglutaminasa de clase IgA) pueden dar un falso negativo si la IgA está ausente. Otros cuadros autoinmunes que se asocian con mayor frecuencia de la esperada incluyen la púrpura trombocitopénica idiopática, el lupus eritematoso sistémico, la tiroiditis y la artritis reumatoide. Existe además un dato relevante para el seguimiento a largo plazo: algunos pacientes con déficit aislado de IgA evolucionan con el tiempo hacia una inmunodeficiencia común variable (IDCV), con descenso progresivo también de la IgG. El déficit de IgA y la IDCV comparten susceptibilidad genética ligada a determinados haplotipos HLA y, de hecho, no es infrecuente encontrar ambas entidades en miembros distintos de una misma familia. Otro aspecto que debe conocerse es el riesgo de reacción anafiláctica tras transfusiones de hemoderivados que contengan IgA: algunos pacientes con déficit completo desarrollan anticuerpos anti-IgA que pueden desencadenar una anafilaxia grave si reciben plasma o inmunoglobulinas no empobrecidas en IgA. Que solo está disminuida la IgA. Las demás inmunoglobulinas (IgG, IgM, IgE) permanecen en valores normales. Si descendieran también la IgG o la IgM, el cuadro ya no sería un déficit "selectivo" sino una hipogammaglobulinemia más amplia, y habría que descartar una IDCV u otra inmunodeficiencia primaria. No existe un tratamiento que reponga específicamente la IgA, porque la IgA administrada por vía intravenosa no llegaría a las mucosas donde realmente se necesita. El manejo se centra en las complicaciones concretas que pueda presentar cada paciente. Los detalles sobre ese manejo corresponden a la atención clínica especializada. Porque los anticuerpos antitransglutaminasa de clase IgA son el marcador serológico más usado para el cribado de la celiaquía. Si el paciente tiene un déficit de IgA, esos anticuerpos no se producen y el resultado será un falso negativo. Medir la IgA total permite saber si la serología celíaca es fiable o si hay que recurrir a marcadores de clase IgG. Sí, en un porcentaje pequeño de los casos. Ambas entidades comparten predisposición genética ligada a ciertos haplotipos HLA y pueden coexistir en familias. Por eso se recomienda un seguimiento periódico de los niveles de inmunoglobulinas en los pacientes con déficit de IgA, especialmente si empiezan a presentar infecciones de repetición o si la IgG tiende a descender. Si desea profundizar en conceptos asociados al déficit selectivo de IgA, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el déficit selectivo de IgA
La IgA como primera línea defensiva de las mucosas
Asociaciones clínicas y relación con la IDCV
Preguntas frecuentes
¿Qué significa "selectivo" en el nombre?
¿El déficit de IgA tiene tratamiento?
¿Por qué se mide la IgA cuando se sospecha enfermedad celíaca?
¿Un déficit de IgA puede convertirse en una IDCV?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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