DICCIONARIO MÉDICO
Ataxia telangiectasia
La ataxia-telangiectasia (A-T) es una inmunodeficiencia primaria sindrómica de herencia autosómica recesiva causada por mutaciones en el gen ATM. Combina una ataxia cerebelosa progresiva, telangiectasias oculocutáneas, inmunodeficiencia variable y una predisposición elevada a neoplasias, sobre todo linfomas y leucemias. Su prevalencia se estima en torno a 1 de cada 100 000 nacidos vivos. El nombre une dos términos que describen las manifestaciones más visibles de la enfermedad. «Ataxia» procede del griego ἀ- (a-, «sin») y τάξις (taxis, «orden»): la incapacidad de coordinar los movimientos voluntarios, en este caso por degeneración progresiva del cerebelo. «Telangiectasia» combina el griego τέλος (telos, «final, extremo»), ἀγγεῖον (angeion, «vaso») y ἔκτασις (ektasis, «dilatación»): la dilatación permanente de los vasos sanguíneos más pequeños, visible en la conjuntiva ocular y en zonas de la piel expuestas al sol. La enfermedad fue reconociéndose gradualmente a lo largo de tres décadas. Ladislav Syllaba y Kamil Henner describieron un cuadro compatible en Praga en 1926; Denise Louis-Bar documentó un caso con detalle en Bélgica en 1941, y de su apellido procede el epónimo síndrome de Louis-Bar. Elena Boder y Robert Sedgwick, ya en 1957-1958, acuñaron el nombre definitivo «ataxia-telangiectasia» y publicaron la serie más amplia. El gen responsable, denominado precisamente ATM (ataxia-telangiectasia mutated), se identificó en el cromosoma 11q22.3 en 1995. La proteína ATM es una quinasa que actúa como sensor central de las roturas de doble cadena en el ADN. Cada vez que el ADN de una célula se rompe (algo que ocurre constantemente por radiación ambiental, errores de replicación u otros agentes), la ATM coordina la respuesta: detiene el ciclo celular para dar tiempo a la reparación y activa las enzimas encargadas de restaurar la integridad de la doble hélice. Sin ATM funcional, las roturas se acumulan y la inestabilidad cromosómica aumenta. Las consecuencias son graves. Las neuronas de Purkinje del cerebelo resultan especialmente sensibles a este fallo reparador, lo que explica la ataxia progresiva que suele comenzar entre el primer y el segundo año de vida. El niño empieza a tropezar, a caminar con las piernas separadas y a perder habilidades de motricidad fina que ya había adquirido. Conforme avanza la degeneración cerebelosa, aparecen disartria y dificultades para la deglución. La gravedad de la inmunodeficiencia varía mucho de un paciente a otro. Muchos presentan un déficit de IgA (de hecho, fue en pacientes con A-T donde se describió por primera vez el déficit selectivo de IgA, en 1961), a menudo combinado con déficit de subclases de IgG, sobre todo IgG2 e IgG4. Los linfocitos T también pueden estar disminuidos en número y función, aunque no en todos los casos ni con la misma intensidad. El resultado es una susceptibilidad aumentada a infecciones respiratorias de repetición que, con los años, pueden producir daño pulmonar acumulativo. Sin reparación eficaz del ADN, la acumulación de mutaciones favorece la transformación maligna. Los linfomas y las leucemias linfoblásticas son los tumores más frecuentes en la infancia y la adolescencia de estos pacientes. Hay un dato que condiciona todo el manejo clínico: la extrema radiosensibilidad de los tejidos. Las dosis convencionales de radioterapia pueden causar daño tisular grave, y las pruebas radiológicas innecesarias deben evitarse siempre que exista una alternativa. Un marcador de laboratorio característico, aunque no específico, es la elevación sérica de la alfa-fetoproteína (AFP), que se detecta en más del 90 % de los pacientes a partir de los dos años de edad. La AFP elevada, junto con la ataxia progresiva, las telangiectasias y la inmunodeficiencia, orienta firmemente hacia la confirmación molecular del gen ATM. De las dos manifestaciones más llamativas de la enfermedad. «Ataxia» (del griego «sin orden») describe la falta de coordinación motora por degeneración cerebelosa. «Telangiectasia» (del griego «dilatación de los vasos finales») designa las dilataciones vasculares visibles en la conjuntiva y la piel. Elena Boder y Robert Sedgwick acuñaron la denominación en 1957. Sí. «Síndrome de Louis-Bar» es el epónimo de Denise Louis-Bar, la neuróloga belga que describió un caso detallado en 1941. Hoy se prefiere la denominación descriptiva o la sigla A-T, pero ambos nombres designan la misma enfermedad. Porque la proteína ATM es la encargada de reparar las roturas del ADN que produce la radiación ionizante. Sin ella, la célula no puede restaurar su material genético y muere o acumula mutaciones peligrosas. Las dosis de radioterapia convencionales pueden resultar tóxicas, y las pruebas radiológicas innecesarias deben sustituirse por alternativas no ionizantes siempre que sea posible. Los portadores, aproximadamente el 1 % de la población general, no desarrollan A-T. Pero estudios epidemiológicos han asociado el estado de portador con un riesgo moderadamente aumentado de ciertos tumores, sobre todo cáncer de mama. Es un dato relevante para el consejo genético familiar. Si desea profundizar en conceptos asociados a la ataxia-telangiectasia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la ataxia-telangiectasia
El gen ATM y sus consecuencias sobre la reparación del ADN
Componente inmunológico
Predisposición tumoral y radiosensibilidad
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «ataxia-telangiectasia»?
¿Es lo mismo ataxia-telangiectasia que síndrome de Louis-Bar?
¿Por qué es tan importante evitar la radiación en estos pacientes?
¿Los portadores del gen ATM (heterocigotos) tienen algún riesgo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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