DICCIONARIO MÉDICO

Coriocarcinoma

El coriocarcinoma es un tumor maligno que se origina en las células trofoblásticas, las mismas que durante la gestación forman la placenta. Pertenece al espectro de la enfermedad trofoblástica gestacional y se caracteriza por un crecimiento rápido, una marcada tendencia a la diseminación hematógena y la producción elevada de gonadotropina coriónica humana (beta-hCG). A pesar de su agresividad, es un tumor con altas tasas de curación.

Qué es el coriocarcinoma

Desde el punto de vista histológico, el coriocarcinoma reproduce de manera desorganizada las dos capas celulares del trofoblasto normal: el citotrofoblasto (células mononucleadas de aspecto más primitivo) y el sincitiotrofoblasto (masa multinucleada que en condiciones fisiológicas se encarga del intercambio materno-fetal y de la secreción hormonal). Lo que no aparece nunca en el coriocarcinoma son vellosidades placentarias. Esta ausencia es precisamente el rasgo que lo separa de la mola hidatiforme, en la que sí existen vellosidades, aunque con morfología anómala.

El nombre procede de χόριον (chórion), vocablo griego que designaba la membrana que envuelve al feto (de ahí corion, la capa externa de las membranas fetales), y de carcinoma, del griego καρκίνος (karkínos, cangrejo), término que la tradición médica reserva para los tumores malignos de estirpe epitelial. La denominación actual sustituyó a la más antigua de corioepitelioma, que había acuñado el patólogo alemán Felix Marchand en 1895 al demostrar que este tumor no procedía de la decidua materna, como se creía, sino de las células epiteliales del corion fetal.

Origen trofoblástico y producción de beta-hCG

Las células trofoblásticas normales tienen una capacidad de invasión que resulta imprescindible para la implantación del embrión: perforan el endometrio, remodelan las arterias espirales uterinas y establecen el flujo sanguíneo placentario. En el coriocarcinoma esa misma capacidad invasiva se descontrola. Las células tumorales infiltran la pared del útero, penetran en los vasos sanguíneos y acceden con facilidad a la circulación, lo que explica la frecuencia de metástasis tempranas, sobre todo en el pulmón.

Como el sincitiotrofoblasto tumoral conserva su función secretora, el coriocarcinoma produce cantidades muy elevadas de beta-hCG, la misma hormona que se determina en las pruebas de embarazo. Este dato tiene una importancia práctica enorme: la beta-hCG actúa como marcador tumoral fiable que permite confirmar la sospecha clínica, monitorizar la evolución de la enfermedad y detectar recidivas de forma precoz. Pocos tumores sólidos disponen de un marcador sérico tan sensible.

Formas gestacionales y no gestacionales

La inmensa mayoría de los coriocarcinomas son gestacionales, es decir, guardan relación con un embarazo previo. Pueden aparecer tras una mola hidatiforme completa (el antecedente más frecuente, presente en casi la mitad de los casos), tras un embarazo a término aparentemente normal, después de un aborto espontáneo o tras un embarazo ectópico. El intervalo entre el evento gestacional y la aparición del tumor es variable: puede ser de semanas o de varios meses.

Existe también una forma no gestacional, mucho menos frecuente, que surge como componente de tumores de células germinales en las gónadas. En el ovario y en el testículo pueden desarrollarse coriocarcinomas puros o mixtos (asociados a otros componentes germinales como teratoma o seminoma). Estos tumores gonadales producen igualmente beta-hCG, pero su biología y su abordaje clínico difieren de los del coriocarcinoma gestacional.

Epidemiología

El coriocarcinoma gestacional es una neoplasia rara. Las cifras de incidencia varían con la geografía: en Europa y Norteamérica se estiman entre 2 y 7 casos por cada 100 000 embarazos, mientras que en el Sudeste Asiático y en algunas regiones de América Latina las tasas son sensiblemente más altas. El grupo de edad más afectado corresponde a mujeres en etapa reproductiva, con un riesgo ligeramente mayor en los extremos (menores de 20 y mayores de 40 años). Antecedentes de mola hidatiforme previa constituyen el factor de riesgo más documentado.

Diferenciación con la mola hidatiforme

Mola y coriocarcinoma forman parte del mismo espectro, la enfermedad trofoblástica gestacional, pero son entidades distintas. La mola hidatiforme es una proliferación trofoblástica que conserva la estructura vellositaria de la placenta (vellosidades hinchadas, hidrópicas, con aspecto de racimo de uvas). El coriocarcinoma, en cambio, carece por completo de vellosidades: está formado exclusivamente por masas sólidas de citotrofoblasto y sincitiotrofoblasto que invaden tejidos y vasos sin organización vellositaria alguna. Una mola puede involucionar de forma espontánea tras su evacuación o, en un porcentaje pequeño de los casos, evolucionar hacia un coriocarcinoma; de ahí la necesidad de seguimiento con determinaciones seriadas de beta-hCG después de cualquier embarazo molar.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra coriocarcinoma?

De χόριον (chórion), la membrana fetal externa, y καρκίνωμα (karkínōma), tumor maligno. El nombre sustituyó al más antiguo «corioepitelioma», que Felix Marchand había propuesto en 1895.

¿Es lo mismo que una mola hidatiforme?

No. Ambos pertenecen a la enfermedad trofoblástica gestacional, pero la mola conserva vellosidades placentarias (aunque anómalas) y es en principio benigna, mientras que el coriocarcinoma es un tumor maligno sin estructura vellositaria. Una fracción pequeña de las molas puede evolucionar hacia coriocarcinoma, razón por la que se realiza seguimiento con beta-hCG tras su evacuación.

¿Solo aparece en mujeres?

La forma gestacional, sí. Sin embargo, existe una variante no gestacional que puede desarrollarse en tumores de células germinales del testículo o del ovario. El coriocarcinoma testicular es muy poco frecuente, pero clínicamente relevante porque produce beta-hCG y puede dar metástasis agresivas.

¿Qué relación tiene con la beta-hCG?

Directa. El sincitiotrofoblasto tumoral secreta grandes cantidades de esta hormona, lo que convierte a la beta-hCG en un marcador tumoral excepcionalmente útil. Niveles elevados fuera de un embarazo conocido obligan a descartar enfermedad trofoblástica, y las determinaciones seriadas permiten evaluar la evolución de la enfermedad con gran precisión.

Referencias

  1. MedlinePlus en español, Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Coriocarcinoma.
  2. National Cancer Institute (NCI). Enfermedad trofoblástica de la gestación.
  3. National Cancer Institute (NCI), Diccionario de cáncer. Definición de coriocarcinoma.
  4. MedlinePlus en español, Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Enfermedad trofoblástica gestacional.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al coriocarcinoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Corioepitelioma: sinónimo histórico del coriocarcinoma, acuñado por Felix Marchand a finales del siglo XIX.
  • Mola hidatiforme: proliferación trofoblástica con vellosidades anómalas; antecedente gestacional más frecuente del coriocarcinoma.
  • Corion: membrana fetal externa de la que derivan las células trofoblásticas.
  • Placenta: órgano gestacional formado por tejido trofoblástico y decidua materna.
  • Vellosidad corial: estructura placentaria encargada del intercambio materno-fetal, ausente en el coriocarcinoma.
  • Gonadotropina: familia hormonal a la que pertenece la hCG, marcador sérico fundamental en el seguimiento de esta neoplasia.
  • Corioamnionitis: inflamación de las membranas fetales (corion y amnios), proceso infeccioso sin relación con la enfermedad trofoblástica.

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