DICCIONARIO MÉDICO
Mola
La mola hidatiforme, o embarazo molar, es una gestación anómala en la que el tejido trofoblástico prolifera de forma desordenada mientras el desarrollo embrionario se detiene o se limita a restos no viables. Es la forma no invasiva, y con diferencia la más frecuente, de la enfermedad trofoblástica gestacional. En un embarazo normal, el trofoblasto es el tejido que da lugar a la placenta. En la mola hidatiforme, ese mismo tejido crece de manera desordenada y sustituye a las vellosidades coriales por numerosas vesículas pequeñas llenas de líquido, mientras que el desarrollo del embrión se detiene por completo o queda reducido a restos no viables. Se clasifica dentro de la enfermedad trofoblástica gestacional, un grupo de entidades que incluye también la mola invasiva y el coriocarcinoma, del que representa la forma no invasiva y, con diferencia, la más habitual. El nombre coloquial de embarazo «en racimo de uvas» procede precisamente de ese aspecto ecográfico. Mola procede del latín mola, «muela de molino», que a su vez viene del griego μύλη (mýlē). El Diccionario de la lengua española recoge todavía ese doble sentido: la piedra que muele el grano y, en su acepción médica, la «masa carnosa e informe que en algunos casos se produce dentro de la matriz, ocasionando las apariencias de la preñez». Hidatiforme añade el griego ὑδατίς (hydatís, «vesícula» o «gota de líquido») y el latín forma: literalmente, «con forma de vesícula». La combinación describe con bastante fidelidad el hallazgo anatomopatológico que da nombre a la entidad. El origen está en una fecundación anómala. En la mola completa, un óvulo que ha perdido su núcleo es fecundado por un espermatozoide que duplica su propio material genético, o bien por dos espermatozoides de manera simultánea. El resultado es un cariotipo diploide, casi siempre 46XX, formado exclusivamente por cromosomas de origen paterno. No hay tejido embrionario: solo prolifera el trofoblasto. En la mola parcial el mecanismo cambia. Un óvulo normal es fecundado por dos espermatozoides, o por uno que duplica su carga genética tras la penetración, y el resultado suele ser un cariotipo triploide, 69XXY en la mayoría de los casos, con dos dotaciones paternas y una materna. Aquí sí puede identificarse tejido embrionario o fetal, aunque casi siempre con anomalías incompatibles con la viabilidad. La Organización Mundial de la Salud distingue tres formas dentro de la gestación molar: la completa, la parcial y la invasiva. Esta última penetra en el miometrio y se sitúa ya en el límite con las neoplasias trofoblásticas gestacionales, un grupo que reúne también el coriocarcinoma y el tumor del sitio placentario. Entre un 10 y un 30 % de los embarazos molares evolucionan hacia alguna forma de enfermedad trofoblástica persistente, con una frecuencia netamente mayor tras una mola completa que tras una parcial. Su incidencia varía según la región. En Europa y Norteamérica se sitúa en torno a 1 de cada 1000-1500 embarazos; en algunos países asiáticos la cifra asciende hasta 1 de cada 100-200, sin que la razón de esa diferencia esté completamente aclarada. Las edades extremas de la vida reproductiva, por debajo de los 17 años y por encima de los 35-40, y un embarazo molar previo se cuentan entre los factores de riesgo mejor establecidos. La mola hidatiforme se confunde con facilidad con un aborto diferido en curso, porque ambos cursan con sangrado vaginal y con un útero que puede no corresponderse con la edad gestacional esperada. La distinción definitiva la aporta el estudio anatomopatológico del tejido, junto con una cifra de gonadotropina coriónica humana desproporcionadamente elevada, poco habitual en una pérdida gestacional simple. También debe diferenciarse del embarazo ectópico, cuya localización extrauterina es ajena por completo a la mola. Existe además una confusión de nombre, no de fondo, con la llamada mola de Breus. Pese a compartir la palabra «mola», se trata de una lesión placentaria completamente distinta, sin relación con la proliferación trofoblástica ni con el origen genético de la gestación molar; la diferencia se desarrolla con detalle en la voz específica de este diccionario. No, al menos no en su forma más frecuente. La mola completa y la parcial son proliferaciones benignas del trofoblasto. El riesgo real está en su evolución: entre el 10 y el 30 % de los casos, sobre todo tras una mola completa, progresan hacia una enfermedad trofoblástica persistente, que sí exige un abordaje oncológico. Porque el óvulo que la origina carece de núcleo. Sin material genético materno no puede formarse ningún tejido fetal: todo el crecimiento procede de los cromosomas paternos, y queda limitado al trofoblasto. Solo en la variante parcial, y en casos muy raros cuando coexiste con un embarazo gemelar en el que uno de los sacos es normal. En la inmensa mayoría de las molas parciales, el tejido embrionario presente tiene alteraciones cromosómicas incompatibles con la vida. Sí. El riesgo de que se repita en una gestación posterior es bajo, de alrededor del 1-2 %, y la mayoría de las mujeres que han tenido un embarazo molar logran después gestaciones sin complicaciones. El seguimiento con determinaciones seriadas de gonadotropina coriónica sirve, precisamente, para confirmar que no persiste tejido trofoblástico activo.Qué es la mola hidatiforme
Origen del nombre
Mecanismo de formación
Clasificación
Epidemiología
Diferenciación con otras entidades
Preguntas frecuentes
¿La mola hidatiforme es un cáncer?
¿Por qué la mola completa no tiene tejido embrionario?
¿Puede haber un feto vivo en una mola hidatiforme?
¿Es posible un embarazo normal después de una mola?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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