DICCIONARIO MÉDICO
Cardioversión
La cardioversión es un procedimiento médico cuyo objetivo es restablecer el ritmo sinusal normal del corazón cuando se ha instalado una arritmia. Puede lograrse mediante una descarga eléctrica sincronizada (cardioversión eléctrica) o mediante la administración de fármacos (cardioversión farmacológica). La arritmia que con más frecuencia motiva este procedimiento es la fibrilación auricular. El término combina dos raíces: cardio-, del griego καρδία (kardía), "corazón", y versión, del latín versio, "acción de volver o girar". Cardioversión es, por tanto, la acción de "volver" el corazón a su estado rítmico previo. En la terminología médica anglosajona el concepto aparece en la década de 1960, vinculado a los trabajos del cardiólogo Bernard Lown en Harvard. Lown introdujo en 1962 una innovación que cambió la electrofisiología clínica: la sincronización de la descarga eléctrica con el complejo QRS del electrocardiograma. Hasta entonces, las descargas eléctricas se aplicaban sin sincronizar (desfibrilación), lo que conllevaba un riesgo elevado de provocar fibrilación ventricular si el choque caía en el período vulnerable del ciclo cardíaco. Al sincronizar la descarga con la onda R, Lown consiguió revertir arritmias supraventriculares de forma mucho más segura. Esa idea sencilla (entregar la energía en el momento justo) es lo que distingue técnicamente la cardioversión de la desfibrilación. Se reconocen dos modalidades según el agente empleado para restablecer el ritmo. Cardioversión eléctrica. Utiliza una descarga controlada y sincronizada con el electrocardiograma, aplicada mediante un desfibrilador externo con parches o palas colocados sobre el tórax del paciente. El choque interrumpe brevemente toda la actividad eléctrica del corazón, y en condiciones favorables el nodo sinusal retoma el mando del ritmo. La tasa de éxito inmediato supera el 90 % en la fibrilación auricular, según datos de la Fundación Española del Corazón. Requiere sedación breve. Cardioversión farmacológica. Emplea fármacos antiarrítmicos que actúan modificando las propiedades eléctricas del miocardio para facilitar la vuelta al ritmo sinusal. No precisa sedación, pero su eficacia es menor que la de la descarga eléctrica y el resultado puede tardar minutos, horas o incluso días en producirse. La elección entre una y otra modalidad depende de la situación clínica del paciente, del tipo de arritmia y de su duración. Ambos procedimientos emplean energía eléctrica sobre el corazón, pero no son equivalentes. La diferencia radica en la sincronización y en el contexto clínico. En la cardioversión, el dispositivo detecta la onda R del electrocardiograma y entrega la descarga justo después de ella, evitando el período vulnerable de la repolarización. Es un procedimiento programado o semiprogramado, aplicable a arritmias que mantienen cierta organización eléctrica (como la fibrilación auricular o el aleteo auricular). La desfibrilación, en cambio, administra la descarga sin sincronizar y a energías generalmente más altas. Se reserva para arritmias que carecen de complejo QRS identificable, sobre todo la fibrilación ventricular y la taquicardia ventricular sin pulso, situaciones de parada cardíaca en las que cada segundo cuenta. No se espera a detectar una onda R porque no la hay. La indicación más frecuente de la cardioversión es la fibrilación auricular, la arritmia sostenida más prevalente en la población adulta. Cuando esta arritmia se instaura y no revierte espontáneamente, el médico puede optar por una estrategia de control de ritmo (devolver al paciente al ritmo sinusal mediante cardioversión) o por una estrategia de control de frecuencia (aceptar la arritmia y limitarse a regular la velocidad de los latidos). La decisión no es trivial. El estudio AFFIRM, publicado en 2002, mostró que ambas estrategias ofrecían resultados comparables en mortalidad total, lo que matizó el entusiasmo inicial por el control de ritmo a toda costa. Cuando la arritmia lleva más de 48 horas instaurada, el riesgo de que se hayan formado coágulos en las aurículas obliga a verificar su ausencia antes de cualquier intento de cardioversión, o a garantizar que el paciente ha recibido anticoagulación adecuada durante las semanas previas. Del griego καρδία (kardía), "corazón", y del latín versio, "acción de volver". El concepto entró en el vocabulario cardiológico en la década de 1960 a partir de los trabajos de Bernard Lown en el Peter Bent Brigham Hospital de Boston. No. La cardioversión sincroniza la descarga con el electrocardiograma para evitar el período vulnerable; se aplica a arritmias organizadas. La desfibrilación entrega la descarga sin sincronizar, a mayor energía, en situaciones de parada cardíaca como la fibrilación ventricular. Se realiza bajo sedación breve, de modo que el paciente no percibe la descarga. Al despertar puede notar una ligera molestia en la zona de contacto de los parches con la piel, pero el procedimiento en sí no se experimenta de forma consciente. Sí. La recurrencia de la arritmia tras una cardioversión exitosa es relativamente frecuente. En esos casos puede repetirse el procedimiento, valorarse la adición de fármacos antiarrítmicos de mantenimiento o plantearse otras estrategias de control del ritmo. Si desea profundizar en conceptos asociados a la cardioversión, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cardioversión
Tipos de cardioversión
Diferencia entre cardioversión y desfibrilación
Contexto clínico habitual
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cardioversión?
¿Es lo mismo cardioversión que desfibrilación?
¿La cardioversión eléctrica es dolorosa?
¿Se puede repetir la cardioversión si la arritmia reaparece?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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