DICCIONARIO MÉDICO
Atrofia
La atrofia es la disminución adquirida del tamaño de un órgano o tejido que previamente alcanzó un desarrollo normal. Se produce por reducción del volumen celular, del número de células, o de ambos a la vez, y conlleva un descenso proporcional de la actividad funcional. No debe confundirse con la hipotrofia, que designa un desarrollo insuficiente desde el inicio, ni con la hipertrofia, el proceso inverso. En patología general, el término atrofia designa una respuesta celular adaptativa ante condiciones desfavorables: desuso prolongado, falta de estimulación hormonal o nerviosa, reducción del aporte sanguíneo, nutrición deficiente o compresión mecánica sostenida. La célula no muere de entrada, sino que reduce su maquinaria metabólica para sobrevivir con menos recursos. Cuando el estímulo adverso persiste, la pérdida de volumen puede hacerse irreversible. Procede del latín tardío atrophia, tomado del griego ἀτροφία (atrophía), formado por el prefijo privativo ἀ- (a-, 'sin') y τροφή (trophé, 'nutrición'). Literalmente significa 'falta de nutrición'. Aristóteles empleaba ya la voz en el siglo IV a. C. con un sentido próximo al actual, y el término pasó al latín tardío y medieval sin apenas cambio semántico. En español se documenta desde 1450, antes incluso que en francés (1538). Dos vías principales gobiernan la reducción del contenido celular en la atrofia. La primera es la vía ubiquitina-proteasoma: las proteínas marcadas con ubiquitina son reconocidas por un complejo enzimático cilíndrico (el proteasoma 26S) que las degrada en fragmentos peptídicos reutilizables. En el músculo esquelético, la activación de esta vía durante la inmovilización prolongada explica la rapidez con que se pierde masa muscular en un paciente encamado. Opera también la apoptosis, la muerte celular programada que elimina células sin provocar inflamación local. En la atrofia fisiológica del timo durante la pubertad, por ejemplo, la apoptosis es el mecanismo dominante. Hay un tercer proceso que conviene mencionar: la autofagia, en la que la propia célula digiere orgánulos dañados o prescindibles dentro de vacuolas llamadas autofagosomas. La autofagia no siempre conduce a la muerte celular; a menudo funciona como mecanismo de reciclaje que permite a la célula sobrevivir con una dotación de orgánulos más reducida. Atrofia por desuso. Se observa en músculos inmovilizados por reposo prolongado, férulas o lesiones neurológicas que anulan la contracción voluntaria. La pérdida puede comenzar en cuestión de días. Conviene no subestimar su velocidad: un paciente en cama pierde entre un 1 % y un 3 % de masa muscular por día durante las dos primeras semanas. Atrofia por denervación. Cuando un nervio motor se secciona o se lesiona, el músculo que inerva pierde su estímulo trófico y se atrofia con mayor intensidad y rapidez que en el desuso simple. Las fibras musculares denervadas sufren además fasciculaciones espontáneas visibles bajo la piel. La atrofia por déficit vascular es consecuencia de la isquemia crónica. Los tejidos que reciben menos sangre de la necesaria reducen su metabolismo y su volumen; si la isquemia se agrava, la atrofia puede evolucionar hacia la necrosis. Atrofia endocrina. La retirada del estímulo hormonal provoca la involución del órgano diana. El endometrio uterino y la glándula mamaria tras la menopausia constituyen ejemplos clásicos. La atrofia gonadal sigue un mecanismo comparable cuando desciende la estimulación por gonadotropinas. Existe también la atrofia por compresión: un tumor de crecimiento lento o un aneurisma pueden comprimir el parénquima adyacente hasta provocar su adelgazamiento progresivo, algo que se observa con frecuencia en la atrofia parenquimatosa renal por obstrucción ureteral prolongada. Atrofia senil. El envejecimiento lleva consigo una reducción generalizada del volumen de múltiples órganos (cerebro, riñón, piel, hueso). No obedece a una sola causa, sino a la suma de varios de los mecanismos anteriores actuando de forma simultánea durante décadas. No toda atrofia indica enfermedad. La involución del timo a partir de la adolescencia, la regresión del conducto arterioso tras el nacimiento o la reducción del útero en el posparto son ejemplos de atrofia fisiológica: el organismo programa activamente la disminución de estructuras que ya no necesita. La RAE recoge específicamente la voz atrofia involutiva para referirse a la que acompaña al envejecimiento normal. Cuando la reducción de volumen se asocia a un proceso patológico subyacente, hablamos de atrofia patológica. La diferencia entre ambas no siempre es nítida. En un varón de 80 años, cierto grado de atrofia cerebral cortical entra dentro de lo esperable; si la pérdida de volumen es desproporcionada para la edad, puede indicar una enfermedad neurodegenerativa como la que subyace a la atrofia multisistémica. La atrofia se distingue de la aplasia (ausencia congénita de un órgano) y de la agenesia (falta de formación embrionaria). En la atrofia, el tejido existió y funcionó antes de reducirse. También difiere de la caquexia, un estado de consunción generalizada asociado a enfermedades graves (cáncer, insuficiencia cardíaca avanzada, infecciones crónicas) en el que intervienen mediadores inflamatorios sistémicos, no solo la falta de uso o de estímulo local. Conviene distinguirla igualmente de la fibrosis. La fibrosis es el depósito de tejido conjuntivo cicatricial que reemplaza al parénquima funcional perdido; puede coexistir con la atrofia, pero son procesos diferentes. Un riñón puede estar atrófico y fibrótico a la vez, o solo atrófico sin cicatriz significativa. Del griego ἀτροφία (atrophía), compuesto por ἀ- ('sin') y τροφή ('nutrición'). Aristóteles ya la empleaba en el siglo IV a. C. Pasó al latín tardío como atrophia y al español hacia 1450, varias décadas antes de que se documentara en francés. No. La atrofia implica una reducción del tamaño o el número de células en un tejido que previamente fue normal. La distrofia, en cambio, se refiere a un desarrollo anómalo del tejido desde su origen, generalmente por un defecto genético que altera la estructura de las proteínas constitutivas (como ocurre en las distrofias musculares). Depende de la causa y del tiempo transcurrido. La atrofia por desuso puede revertirse parcial o totalmente con rehabilitación y ejercicio si se interviene antes de que la fibrosis reemplace al tejido muscular. La atrofia por denervación, en cambio, solo es recuperable si se restaura la continuidad del nervio dañado, y la ventana temporal para lograrlo es limitada. Sí, en cierta medida. A partir de los 40 años se pierde volumen cerebral a un ritmo aproximado de un 0,5 % anual. Esa cifra es un promedio; la variabilidad individual es considerable. Lo que distingue la atrofia fisiológica de la patológica es el ritmo y la distribución regional de la pérdida de volumen. Si desea profundizar en formas específicas de atrofia y conceptos asociados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la atrofia
Mecanismos celulares implicados
Clasificación según la causa
Atrofia fisiológica y atrofia patológica
Diferenciación con procesos afines
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra atrofia?
¿Es lo mismo atrofia que distrofia?
¿La atrofia muscular es siempre irreversible?
¿La atrofia cerebral forma parte del envejecimiento normal?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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