DICCIONARIO MÉDICO
Parénquima
El parénquima es el tejido que realiza la función específica de un órgano, distinto del estroma, que solo lo sostiene. El término se emplea en el hígado, el pulmón, el riñón o el bazo, y sirve también para clasificar los órganos en parenquimatosos o huecos. El parénquima es, en anatomía e histología, el conjunto de células que desempeñan la función propia de un órgano: los hepatocitos del hígado, las neuronas del cerebro y, en el pulmón, la pared alveolar donde ocurre el intercambio de gases. La Real Academia Española lo recoge de forma escueta como tejido de los órganos glandulares, una definición que apunta a la idea central sin agotarla: no es cualquier tejido, es el que hace el trabajo. Viene del griego parénkhyma, formado por pará (junto a, al lado de), en (en) y khymós (flujo, líquido biológico). La acuñó Erasístrato, médico alejandrino del siglo III a. C., aunque con un significado que hoy resultaría irreconocible: para él, el parénquima era sangre extravasada y coagulada alrededor de los vasos del hígado o el pulmón, un residuo del proceso de irrigación, no el elemento funcional del órgano. Galeno, que escribía cinco siglos después, ya desconfiaba de esa explicación y prefería llamar a ese tejido simplemente carne. Hasta 1783 no se documenta el significado actual, el tejido funcional de un órgano, en un tratado del médico escocés William Cullen (el mismo que, unos años antes, había acuñado el término neurosis). Entre Erasístrato y Cullen median más de dos mil años de uso con el sentido contrario al que hoy se le da a la palabra. Ningún órgano sólido está formado solo por parénquima. Junto a las células funcionales hay siempre una red de tejido conjuntivo, con vasos, fibras y en ocasiones una cápsula, que sostiene, nutre e irriga esas células sin participar directamente en su función: es el estroma. La distinción es clásica en histología y tiene consecuencias prácticas en el lenguaje médico: hablar de afectación parenquimatosa no es lo mismo que hablar de afectación del estroma; la primera compromete la función del órgano, la segunda, su arquitectura de sostén. La entrada dedicada al estroma desarrolla esta distinción con más detalle. En el hígado, el parénquima lo forman los hepatocitos, dispuestos en láminas que irradian desde la vena central de cada lobulillo. El pulmón lo reparte entre los bronquiolos respiratorios y los alvéolos. Las nefronas, aproximadamente un millón por riñón, constituyen el parénquima renal, mientras que en el bazo son la pulpa roja y la pulpa blanca las que asumen ese papel. El páncreas, por su parte, reparte el suyo entre dos poblaciones funcionalmente distintas: los acinos exocrinos y los islotes de Langerhans, de naturaleza endocrina. Algunos de estos órganos, como el riñón o el propio encéfalo, organizan el parénquima en dos zonas reconocibles a simple vista: una corteza periférica y una médula más profunda, con arquitecturas celulares distintas entre sí. La distinción entre parénquima y estroma tiene una aplicación directa en la clasificación de los órganos. Los formados mayoritariamente por tejido parenquimatoso (hígado, riñón, bazo, páncreas, tiroides) se consideran órganos macizos. Frente a ellos están los órganos huecos, como el estómago o la vejiga, construidos por capas concéntricas alrededor de una luz central y sin un parénquima propiamente dicho. La entrada parenquimatoso desarrolla esta clasificación con más detalle. Parénquima es una palabra esdrújula: la fuerza de la voz recae en la tercera sílaba, no en la penúltima. La forma sin tilde en esa sílaba es un error frecuente incluso en textos médicos; una nota publicada en 2011 en la revista colombiana Acta Médica Colombiana lo señalaba expresamente como uno de los llamados lapsus médicos. Sí, aunque con un sentido distinto. En botánica, parénquima designa el tejido que forma la mayor parte de hojas, tallos y raíces, compuesto por células poco diferenciadas. No guarda relación funcional con el parénquima animal: solo comparte el nombre. El parénquima es la parte que trabaja: las células que filtran, secretan, metabolizan o transmiten señales, según el órgano de que se trate. El estroma, en cambio, no participa directamente en esa función, sino que la sostiene, con colágeno, fibroblastos, vasos y nervios. Un símil sencillo, aunque no del todo exacto, es el de un taller y su instalación: las máquinas y los operarios serían el parénquima, y las paredes, el cableado y las tuberías, el estroma. Ambos tejidos son necesarios; ninguno sustituye al otro. La proporción entre uno y otro varía mucho de un órgano a otro: el hígado tiene relativamente poco estroma, mientras que órganos como la mama presentan un componente estromal considerable. No siempre. El hígado regenera buena parte de su parénquima tras una resección parcial, hasta recuperar gran parte del volumen original en pocas semanas. El tejido nervioso central apenas lo hace: una neurona destruida no se reemplaza. La capacidad de regeneración depende, por tanto, del tipo de célula parenquimatosa implicada, y no puede generalizarse a todos los órganos.Qué es el parénquima
Relación con el estroma
El parénquima según el órgano
Diferenciación: órganos parenquimatosos y huecos
Preguntas frecuentes
¿Se dice parénquima o parenquima?
¿El parénquima existe también en las plantas?
¿Qué diferencia hay entre parénquima y estroma?
¿Puede regenerarse el parénquima de un órgano?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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