DICCIONARIO MÉDICO
Antiemético
Un antiemético es toda sustancia capaz de prevenir o reducir las náuseas y el vómito. El término se aplica tanto a fármacos de síntesis como a compuestos de origen vegetal con actividad sobre el reflejo emético. Su clasificación se basa en el tipo de receptor sobre el que actúa cada grupo, lo que condiciona tanto su perfil de eficacia como el contexto clínico en que se emplea. En farmacología, el adjetivo antiemético designa cualquier agente que se opone a la emesis. La Real Academia Española lo define de modo conciso: "que sirve para contener el vómito". Se usa también como sustantivo masculino para referirse al medicamento que posee esa propiedad. La palabra procede del griego ἀντί (antí, 'contra') y ἐμέω (eméō, 'vomitar'), con el sufijo adjetival -τικός (-tikós). Es un neologismo culto del siglo XVIII: su primera documentación conocida aparece en francés como antiémétique hacia 1795. En español, el Diccionario de Medicina del cirujano Antonio Ballano ya recoge la voz antieméticos en 1815, donde describe los remedios destinados a detener los vómitos excesivos y menciona, entre ellos, la mezcla de ácido de limón con sal de ajenjos que se conocía como "antiemético de Riberio". Conviene no confundir el antiemético con el emético, su opuesto farmacológico: el emético provoca el vómito de forma deliberada (la ipecacuana fue durante siglos el ejemplo por excelencia), mientras que el antiemético lo suprime. Para entender cómo actúan los antieméticos es necesario conocer, al menos en esquema, la fisiología del reflejo nauseoso. El vómito no es un acto simple: resulta de la integración de señales procedentes de cuatro fuentes principales. Una de ellas es la zona gatillo quimiorreceptora (CTZ), localizada en el área postrema del bulbo raquídeo, que carece de barrera hematoencefálica y detecta directamente sustancias circulantes en la sangre. Otra fuente son las aferencias vagales que parten del tubo digestivo, ricas en receptores serotoninérgicos. A ellas se suman las señales del aparato vestibular (responsables, por ejemplo, del mareo cinético) y las que llegan desde la corteza cerebral, que explican el vómito anticipatorio. Todas estas vías convergen en el centro del vómito, situado en la formación reticular del bulbo. Los neurotransmisores que median estas señales son varios: serotonina (a través de receptores 5-HT₃), dopamina (receptores D₂), histamina (receptores H₁), acetilcolina (receptores muscarínicos) y sustancia P (receptores NK₁). La diversidad de mediadores es precisamente lo que explica que existan familias de antieméticos tan distintas entre sí y que, con frecuencia, la asociación de fármacos de mecanismos complementarios resulte más eficaz que cualquiera de ellos por separado. Los antieméticos se agrupan según el receptor que bloquean. Cada familia tiene un perfil de acción diferente y se adapta mejor a unos escenarios clínicos que a otros. Antagonistas de los receptores 5-HT₃ de serotonina. Bloquean la señalización serotoninérgica tanto en la zona gatillo como en las terminaciones vagales del tubo digestivo. Son especialmente eficaces frente a la emesis de origen periférico, la que se produce en las primeras horas tras la exposición a un estímulo emetizante. Antagonistas de los receptores NK₁ de sustancia P. Actúan sobre un mediador distinto, la neurocinina, con un papel relevante en la emesis que aparece de forma diferida (uno o varios días después del estímulo). Su incorporación a la práctica clínica es relativamente reciente, posterior al año 2000. Antagonistas dopaminérgicos. Bloquean receptores D₂ en la zona gatillo. Fueron los primeros antieméticos ampliamente utilizados en la segunda mitad del siglo XX. Algunos poseen, además, cierto efecto procinético sobre la motilidad gástrica, lo que los acerca funcionalmente a los procinéticos. Anticolinérgicos y antihistamínicos. Los primeros bloquean receptores muscarínicos; los segundos, receptores H₁. Ambos grupos actúan preferentemente sobre la vía vestibular, por lo que se emplean sobre todo en la cinetosis (mareo por movimiento). La escopolamina, un alcaloide de la belladona con actividad antimuscarínica, se utiliza desde hace décadas en parches transdérmicos con esta indicación. Corticoides. Su mecanismo antiemético no está del todo aclarado; se postula una acción central y una reducción de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica a sustancias emetógenas. Se emplean habitualmente en combinación con otros antieméticos, rara vez solos. Existen además otros grupos menores (cannabinoides, benzodiacepinas, antipsicóticos atípicos) que se utilizan en situaciones concretas. La farmacología antiemética es, en buena medida, farmacología de combinaciones: la asociación de agentes con mecanismos complementarios permite cubrir varias vías del reflejo emético simultáneamente. La frontera entre antieméticos y procinéticos no siempre es nítida. Un procinético es, estrictamente, un fármaco que estimula la motilidad del tubo digestivo y acelera el vaciamiento gástrico; esa acción, de forma indirecta, reduce la náusea en pacientes con estasis gástrica. Algunos antagonistas dopaminérgicos poseen ambas propiedades (antiemética central y procinética periférica), lo que a veces genera confusión terminológica. La diferencia conceptual, sin embargo, es clara: el antiemético actúa sobre los circuitos neuronales del vómito; el procinético actúa sobre el músculo liso gastrointestinal. Del griego ἀντί ('contra') y ἐμέω ('vomitar'), con el sufijo -τικός que indica aptitud o capacidad. Es un cultismo acuñado en el siglo XVIII, documentado en francés desde 1795 y en español desde 1815. No. El antiemético bloquea los circuitos neuronales responsables del reflejo del vómito. El procinético, en cambio, estimula la motilidad del tubo digestivo. Lo que crea confusión es que ciertos fármacos reúnen ambas propiedades, pero los conceptos designan mecanismos distintos. En absoluto. Hay al menos cinco familias principales, cada una dirigida a un receptor diferente: serotonina (5-HT₃), dopamina (D₂), sustancia P (NK₁), histamina (H₁) y acetilcolina (receptores muscarínicos). El perfil de cada familia varía; por eso es frecuente combinar fármacos de mecanismos complementarios para cubrir distintas vías del reflejo emético a la vez. Muy estrecha. La zona gatillo quimiorreceptora, localizada en el área postrema del bulbo raquídeo, expresa receptores de dopamina, serotonina, histamina y sustancia P. Al carecer de barrera hematoencefálica, detecta directamente sustancias emetógenas que circulan en la sangre y transmite la señal al centro del vómito. Buena parte de los antieméticos modernos ejercen su acción bloqueando uno o varios de esos receptores en esta estructura. La farmacología antiemética es, de hecho, en gran medida farmacología de la zona gatillo. Sí, aunque su eficacia era limitada y su mecanismo se desconocía. En el siglo XVIII se empleaban preparados como el llamado "antiemético de Riberio", una mezcla de ácido cítrico y sales alcalinas. El jengibre se ha utilizado empíricamente durante siglos en varias tradiciones médicas para aliviar las náuseas. El salto cualitativo llegó en la segunda mitad del siglo XX con la identificación de los receptores implicados en el reflejo emético y el desarrollo de fármacos diseñados para bloquearlos de forma selectiva. Si desea profundizar en conceptos asociados al término antiemético, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antiemético
El reflejo del vómito como diana farmacológica
Clasificación por mecanismo de acción
Diferenciación con los procinéticos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra antiemético?
¿Es lo mismo un antiemético que un procinético?
¿Todos los antieméticos actúan de la misma manera?
¿Qué relación tiene el antiemético con la zona gatillo quimiorreceptora?
¿Existían antieméticos antes de la era moderna?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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