DICCIONARIO MÉDICO
Antimuscarínico
Un antimuscarínico es toda sustancia que bloquea los receptores muscarínicos de la acetilcolina, el neurotransmisor principal del sistema nervioso parasimpático. Al ocupar el receptor sin activarlo, impide que la acetilcolina ejerza sus efectos sobre el músculo liso, las glándulas exocrinas, el corazón y determinadas áreas del sistema nervioso central. El término se aplica tanto al concepto farmacológico general como a los compuestos concretos que poseen esta actividad. El adjetivo antimuscarínico se construye con el prefijo griego ἀντί (antí, «contra») y el derivado muscarínico, que remite a la muscarina, un alcaloide tóxico aislado por primera vez del hongo Amanita muscaria. El nombre científico del hongo procede, a su vez, del latín musca («mosca»), porque en la Europa rural se empleaban fragmentos de su sombrero macerados en leche para atraer y paralizar moscas. La RAE recoge muscarina en su Diccionario con la definición de «sustancia tóxica que produce intoxicación aguda y grave del sistema nervioso». Fue el farmacólogo alemán Oswald Schmiedeberg quien aisló la muscarina de Amanita muscaria en 1869 y describió sus efectos sobre el corazón de rana: la frecuencia cardíaca se frenaba de un modo que imitaba la estimulación del nervio vago. Cuatro décadas después, el fisiólogo británico Henry Hallett Dale observó que la acetilcolina reproducía dos tipos de efectos muy distintos según el tejido expuesto. Los que imitaban la acción de la muscarina (secreción glandular, contracción del músculo liso visceral, ralentización cardíaca) los llamó muscarínicos; los que imitaban la acción de la nicotina sobre los ganglios y la placa motora los denominó nicotínicos. Esa clasificación, publicada en 1914, sigue vigente. Los receptores muscarínicos pertenecen a la familia de receptores acoplados a proteínas G, lo que los diferencia de los nicotínicos, que son canales iónicos de apertura directa. Se han identificado cinco subtipos, designados M1 a M5. Cada uno predomina en tejidos diferentes: M1 en la corteza cerebral y las glándulas gástricas, M2 en el miocardio, M3 en el músculo liso bronquial y vesical, M4 en el estriado y M5 en determinadas áreas límbicas. La distribución no es exclusiva (un mismo tejido puede expresar varios subtipos), pero basta para entender por qué el bloqueo indiscriminado de todos ellos produce un abanico amplio de efectos: boca seca, taquicardia, midriasis, retención urinaria o reducción del peristaltismo intestinal. Desde el punto de vista farmacológico, un antimuscarínico actúa como antagonista competitivo: se une al mismo sitio del receptor que la acetilcolina, pero sin desencadenar la cascada de señalización intracelular. Si la concentración de acetilcolina en la sinapsis aumenta lo suficiente, puede desplazar al antagonista y recuperar parcialmente la función del receptor. Esa reversibilidad distingue a los antimuscarínicos clásicos de los inhibidores irreversibles, mucho menos frecuentes en la práctica clínica. Anticolinérgico es el término de mayor extensión: designa cualquier sustancia que se oponga a la acción de la acetilcolina, tanto en receptores muscarínicos como en los nicotínicos. Un bloqueante neuromuscular, por ejemplo, es un anticolinérgico nicotínico; la atropina, un anticolinérgico muscarínico. En la práctica clínica diaria, sin embargo, la mayoría de los textos utilizan «anticolinérgico» como sinónimo directo de «antimuscarínico», sencillamente porque los compuestos de uso corriente actúan de forma preferente sobre receptores muscarínicos. El sinónimo clásico parasimpaticolítico, que alude a la supresión de la actividad del parasimpático, se lee todavía en manuales de farmacología pero ha perdido terreno frente a antimuscarínico en la literatura reciente. Del griego ἀντί («contra») y muscarínico, adjetivo derivado de muscarina. La muscarina es un alcaloide que el farmacólogo Oswald Schmiedeberg aisló en 1869 de la seta Amanita muscaria, cuyo nombre procede del latín musca («mosca»). Los receptores que responden a la muscarina se denominaron muscarínicos en 1914, cuando Henry Dale clasificó los dos tipos de efectos de la acetilcolina. Estrictamente, no. Anticolinérgico abarca todo lo que bloquea la acetilcolina, incluidos los receptores nicotínicos de la placa motora y los ganglios. Antimuscarínico se refiere solo al bloqueo de los receptores muscarínicos. La confusión surge porque la gran mayoría de los fármacos de uso habitual con perfil anticolinérgico actúan precisamente sobre receptores muscarínicos, y los textos clínicos rara vez distinguen ambos conceptos. Cada subtipo (M1 a M5) predomina en un tejido o función distinta. Esa diversidad permite que la acetilcolina produzca respuestas diferentes según dónde actúe: ralentizar el corazón a través de M2, contraer el músculo liso bronquial mediante M3 o modular la memoria en la corteza cerebral vía M1. Para la farmacología, la existencia de cinco subtipos representa, al menos en teoría, la posibilidad de diseñar antagonistas selectivos que bloqueen uno sin afectar a los demás, reduciendo así los efectos no deseados del bloqueo indiscriminado. Solo en el nombre. La muscarina de Amanita muscaria sirvió para identificar y bautizar un tipo de receptor en el siglo XIX. Los fármacos antimuscarínicos actuales no derivan químicamente de la muscarina ni de esa seta; son compuestos sintéticos o alcaloides de otras plantas (como la belladona, fuente clásica de la atropina y la escopolamina). Si desea profundizar en conceptos asociados al término antimuscarínico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antimuscarínico
Mecanismo de acción y subtipos de receptor
Diferenciación con anticolinérgico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra antimuscarínico?
¿Es lo mismo antimuscarínico que anticolinérgico?
¿Por qué existen cinco subtipos de receptor muscarínico?
¿Tiene relación la seta Amanita muscaria con los fármacos antimuscarínicos?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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