DICCIONARIO MÉDICO

Anticolinérgico

Un anticolinérgico es toda sustancia capaz de bloquear la acción de la acetilcolina sobre sus receptores. El término abarca tanto los compuestos que actúan sobre los receptores muscarínicos como los que interfieren con los receptores nicotínicos, si bien en la práctica clínica habitual se aplica casi siempre a los primeros.

Qué es un anticolinérgico

El adjetivo anticolinérgico se compone del prefijo griego ἀντί (antí, «contra»), del sustantivo χολή (kholé, «bilis»), del sufijo -érgico, derivado del griego ἔργον (érgon, «trabajo, acción»), y de la terminación química -ina que acompaña al nombre de la colina. La Real Academia Española lo define como adjetivo de biología aplicado a una sustancia que bloquea el impulso nervioso, si bien el uso médico contemporáneo lo ha extendido mucho más allá de esa acepción inicial.

Desde el punto de vista farmacológico, un anticolinérgico es un antagonista que ocupa el receptor colinérgico sin activarlo, con lo que impide que la acetilcolina ejerza su efecto fisiológico. Los receptores sobre los que puede actuar pertenecen a dos familias estructuralmente distintas. Los muscarínicos (M1 a M5) son receptores acoplados a proteínas G y median la mayor parte de las acciones del sistema nervioso parasimpático sobre glándulas, músculo liso y corazón. Los nicotínicos son canales iónicos presentes en la placa motora, los ganglios autónomos y determinadas regiones del sistema nervioso central.

La historia de estas sustancias precede en siglos al conocimiento de su mecanismo. Los extractos de plantas solanáceas (belladona, estramonio, beleño) se empleaban ya en la medicina antigua para dilatar la pupila, reducir secreciones y aliviar espasmos viscerales. Fue la atropina, aislada en 1831 por el farmacéutico alemán Philipp Lorenz Geiger, el primer alcaloide anticolinérgico obtenido en forma pura. El nombre del compuesto alude precisamente a Átropos, la Moira que en la mitología griega cortaba el hilo de la vida, en referencia a la toxicidad de la planta de la que procede.

Mecanismo de acción y receptores implicados

La acetilcolina, una vez liberada en la hendidura sináptica, se une al receptor y desencadena una cascada de señales intracelulares. El anticolinérgico compite con ella por el mismo sitio de unión: si su concentración local es suficiente, desplaza a la acetilcolina y el receptor permanece inactivo. No destruye el neurotransmisor ni altera la enzima que lo degrada; simplemente le cierra la puerta.

Cuando el bloqueo recae sobre receptores muscarínicos, las consecuencias reproducen, en espejo, lo que ocurriría si se suprimiese la actividad parasimpática: la frecuencia cardíaca tiende a subir porque se elimina el freno vagal (el nervio vago es la principal vía colinérgica sobre el corazón), las glándulas salivales y sudoríparas reducen su secreción, el músculo liso bronquial se relaja y la pupila se dilata, lo que se conoce como midriasis.

El bloqueo nicotínico, menos frecuente en la terapéutica convencional, interrumpe la transmisión en la placa motora y en los ganglios del sistema nervioso autónomo. El efecto que se observe depende, pues, del subtipo de receptor al que se dirija la sustancia y de la dosis alcanzada en cada tejido.

Categorías según el tipo de receptor

Los anticolinérgicos se dividen en dos grandes grupos, definidos por el receptor que bloquean de forma preferente.

Antagonistas muscarínicos (también llamados antimuscarínicos o parasimpaticolíticos). Son, con diferencia, los más numerosos y los que la mayor parte de los textos clínicos denominan simplemente «anticolinérgicos». La atropina y la escopolamina son los prototipos de origen natural. Existe una amplia gama de compuestos sintéticos diseñados para actuar con mayor selectividad sobre uno u otro subtipo de receptor muscarínico.

Antagonistas nicotínicos. Actúan sobre los receptores nicotínicos de la unión neuromuscular o de los ganglios autónomos. Su aplicación principal corresponde al ámbito de la anestesiología, donde los bloqueantes neuromusculares permiten la relajación del músculo esquelético durante intervenciones quirúrgicas. No se les suele denominar «anticolinérgicos» en la práctica corriente, pese a que, en rigor, lo son.

Diferenciación con la anticolinesterasa

La confusión entre anticolinérgico y anticolinesterasa es una de las más frecuentes en farmacología introductoria. Conviene detenerse en ella. El anticolinérgico bloquea el receptor, de modo que la acetilcolina queda sin efecto aunque esté presente. La anticolinesterasa, en cambio, inhibe la colinesterasa (la enzima que degrada la acetilcolina), con lo que el neurotransmisor se acumula en la hendidura sináptica y su acción se prolonga. El resultado farmacológico es opuesto: el anticolinérgico reduce la actividad colinérgica; la anticolinesterasa la incrementa.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra anticolinérgico?

Del griego ἀντί (antí, «contra»), χολή (kholé, «bilis», raíz de colina) y ἔργον (érgon, «acción»). Literalmente, algo que actúa contra la colina, en alusión a la acetilcolina. La RAE recoge el término en su Diccionario de la lengua española con una definición centrada en el bloqueo del impulso nervioso.

¿Es lo mismo anticolinérgico que antimuscarínico?

No exactamente. Anticolinérgico es el concepto amplio: incluye cualquier sustancia que antagonice la acetilcolina, tanto en receptores muscarínicos como nicotínicos. Antimuscarínico es un subgrupo dentro de los anticolinérgicos que bloquea específicamente los receptores muscarínicos. En la práctica clínica, sin embargo, muchos textos utilizan «anticolinérgico» como sinónimo de «antimuscarínico» porque la inmensa mayoría de los compuestos de uso corriente actúan sobre receptores muscarínicos.

¿Qué relación tiene con la carga anticolinérgica?

La carga anticolinérgica es un concepto acuñado en geriatría para cuantificar el efecto acumulativo que se produce cuando un paciente toma simultáneamente varios fármacos con actividad anticolinérgica, aunque ninguno de ellos haya sido prescrito con esa finalidad. Antihistamínicos, ciertos antidepresivos y algunos antipsicóticos, entre otros, poseen un componente anticolinérgico «oculto» que, sumado, puede provocar efectos indeseados, sobre todo en personas de edad avanzada. Existen escalas clínicas que ayudan a valorar ese riesgo.

¿Un anticolinérgico y una anticolinesterasa tienen el mismo efecto?

Justo el contrario. El anticolinérgico frena la acción de la acetilcolina; la anticolinesterasa la potencia. De hecho, las sustancias anticolinesterásicas se emplean como antídoto en las intoxicaciones graves por anticolinérgicos (y viceversa: la atropina es el antídoto clásico frente a la intoxicación por anticolinesterasas organofosforadas).

Referencias

  1. Real Academia Española. Anticolinérgico. Diccionario de la lengua española, 23.ª edición.
  2. Manual MSD, versión para profesionales. Generalidades sobre el sistema nervioso autónomo.
  3. MedlinePlus, Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Fármacos de control para la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
  4. Parkinson's Foundation. Fármacos anticolinérgicos.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al término anticolinérgico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Acetilcolina: neurotransmisor cuya acción bloquean los anticolinérgicos.
  • Anticolinesterasa: sustancia que inhibe la enzima que degrada la acetilcolina, con efecto farmacológico opuesto al anticolinérgico.
  • Antimuscarínico: subgrupo de anticolinérgicos que actúa selectivamente sobre los receptores muscarínicos.
  • Colinérgico: adjetivo que designa todo lo relacionado con la acetilcolina.
  • Antagonista: sustancia que ocupa un receptor sin activarlo, impidiendo la acción del ligando natural.
  • Receptor muscarínico: receptor de acetilcolina acoplado a proteínas G, con cinco subtipos descritos.
  • Receptor nicotínico: canal iónico que responde a la acetilcolina y a la nicotina.
  • Parasimpaticolítico: sinónimo clásico de antimuscarínico, en referencia a la supresión de la actividad parasimpática.
  • Midriasis: dilatación pupilar, uno de los efectos más reconocibles del bloqueo muscarínico.

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