DICCIONARIO MÉDICO
Emesis
Emesis es el término médico que designa la expulsión forzada del contenido gástrico a través de la boca. Se trata de un acto reflejo complejo, coordinado por estructuras del bulbo raquídeo, que puede obedecer a causas muy diversas: desde una simple irritación digestiva hasta la respuesta a agentes quimioterápicos. El vocablo procede del griego ἔμεσις (émesis), derivado del verbo ἐμέω (eméō, «vomitar»), con el sufijo -σις (-sis) que indica acción o proceso. En la lengua griega clásica ya se empleaba con este sentido preciso. Su incorporación al vocabulario médico en lenguas modernas se documenta en inglés hacia 1875, mientras que en español la primera aparición registrada en el CORDE corresponde a 1964, en la obra de M. Díaz Rubio sobre patología del aparato digestivo. La RAE lo recoge como sinónimo culto de vómito. Conviene distinguir la emesis de la regurgitación, que es un retorno pasivo y sin esfuerzo del contenido esofágico o gástrico, sin la contracción muscular activa que caracteriza al vómito propiamente dicho. También difiere de la rumiación, en la que el alimento regurgitado se remastica de forma voluntaria. La emesis no es un acto simple. Requiere la coordinación secuencial de musculatura estriada y lisa, con participación del diafragma, los músculos abdominales y la musculatura del esófago y el estómago. Todo este programa motor se orquesta en una región del bulbo raquídeo que la fisiología clásica denominó «centro del vómito», aunque hoy se prefiere hablar de un generador central de patrones emético, distribuido en el núcleo del tracto solitario y la formación reticular adyacente. Las aferencias que activan este generador llegan por varias vías. Los mecanorreceptores y quimiorreceptores del tubo digestivo envían señales a través del nervio vago; el aparato vestibular informa sobre el movimiento y la posición de la cabeza (de ahí la cinetosis); y la zona gatillo quimiorreceptora, situada en el área postrema del suelo del cuarto ventrículo, detecta sustancias circulantes en la sangre porque carece de barrera hematoencefálica. Algunos estímulos corticales, como el asco, los olores intensos o la ansiedad, también pueden desencadenar el reflejo sin necesidad de ninguna señal periférica. En la fase prodrómica aparecen náuseas, salivación profusa y, con frecuencia, taquicardia. Le siguen las arcadas: contracciones espasmódicas del diafragma y de la pared abdominal contra una glotis cerrada, sin que el contenido gástrico llegue a la boca. Solo cuando la presión intrabdominal supera la resistencia del esfínter esofágico superior se produce la expulsión propiamente dicha. Varios sistemas de neurotransmisión participan en las vías emetógenas. La serotonina (5-HT₃) desempeña un papel destacado en la emesis inducida por quimioterapia: los fármacos citotóxicos dañan las células enterocromafines del intestino, que liberan serotonina masivamente y activan las fibras vagales aferentes. La sustancia P, que actúa sobre los receptores NK₁ del bulbo, participa sobre todo en la fase tardía. Los receptores dopaminérgicos D₂ de la zona gatillo median parte de la respuesta a opiáceos y a la uremia, y los receptores histamínicos H₁ y muscarínicos del aparato vestibular explican la emesis asociada al mareo por movimiento. En oncología, donde el control de la emesis tiene relevancia clínica particular, se distinguen tres patrones temporales. La emesis aguda aparece en las primeras 24 horas tras la administración de quimioterapia; está mediada sobre todo por la vía serotoninérgica vagal. La emesis tardía, que se manifiesta entre el segundo y el quinto día, depende más de la sustancia P y de vías centrales, lo que explica que responda peor a los antagonistas de 5-HT₃ que a los inhibidores de NK₁. Existe también una emesis anticipatoria, un fenómeno de condicionamiento clásico en el que el paciente experimenta náuseas y vómitos antes de recibir la infusión, desencadenados por estímulos asociados a sesiones previas (el olor de la sala, la visión del equipo de infusión). Su frecuencia aumenta con el número de ciclos y con el control deficiente de la emesis aguda en los primeros tratamientos. Resulta difícil de revertir una vez instaurada. Del griego ἔμεσις (émesis), formado sobre el verbo ἐμέω («vomitar») y el sufijo de acción -σις. El término llegó al vocabulario médico europeo moderno en el siglo XIX y al español médico documentado en 1964. Sí. Emesis y vómito son sinónimos. La diferencia es de registro: emesis pertenece al lenguaje médico formal y se utiliza en contextos clínicos y farmacológicos, mientras que vómito es la forma habitual tanto en el habla cotidiana como en la comunicación con el paciente. No. La emesis puede ser una respuesta protectora normal del organismo ante la ingestión de sustancias tóxicas o alimentos en mal estado. En el primer trimestre del embarazo, por ejemplo, los vómitos son frecuentes y se consideran fisiológicos dentro de ciertos límites. Lo que requiere valoración médica es la emesis persistente, intensa o acompañada de otros signos de alarma. Es un fenómeno de condicionamiento que se observa en pacientes sometidos a ciclos repetidos de quimioterapia. El organismo aprende a asociar ciertos estímulos ambientales (olores, imágenes, incluso el trayecto al hospital) con la experiencia previa de náuseas y vómitos, de modo que estos se desencadenan antes de que se administre la medicación. Su manejo es complejo y requiere un enfoque preventivo desde las primeras sesiones. Si desea profundizar en conceptos asociados a la emesis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la emesis
El arco reflejo de la emesis
Neurotransmisores implicados
Clasificación temporal de la emesis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra emesis?
¿Es lo mismo emesis que vómito?
¿La emesis es siempre un signo de enfermedad?
¿Qué es la emesis anticipatoria?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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