DICCIONARIO MÉDICO
Zona gatillo
La zona gatillo es, en su acepción neurofarmacológica, la región del bulbo raquídeo que detecta sustancias químicas en la sangre y desencadena el reflejo del vómito. Se sitúa en el área postrema, en el suelo del cuarto ventrículo, y carece de barrera hematoencefálica funcional. El término tiene además un uso muscular distinto, recogido en la entrada punto gatillo. El término "zona gatillo", en sentido neurofarmacológico, designa de forma habitual la zona gatillo quimiorreceptora (en inglés chemoreceptor trigger zone, abreviada CTZ): una región del sistema nervioso central que detecta sustancias químicas circulantes y, al hacerlo, dispara el reflejo del vómito. Es un sensor químico para el organismo, capaz de identificar fármacos, toxinas, metabolitos anómalos u hormonas que no deberían estar en la sangre, e iniciar la respuesta protectora que los expulsa. El nombre es un calco del inglés trigger zone, donde trigger significa "gatillo" o "disparador". La metáfora describe bien el mecanismo: igual que al apretar el gatillo de un arma el efecto se produce a distancia del dedo que lo acciona, la activación de esta zona pone en marcha una respuesta —el vómito— que se ejecuta lejos de ella, en el aparato digestivo y en la musculatura abdominal y diafragmática. La palabra "gatillo" en español está documentada desde el siglo XV como diminutivo de "gato", aplicado a la pieza del arma de fuego que sujeta el percutor; el sentido figurado de "lo que al accionarse desencadena un efecto" pasó al lenguaje médico para nombrar zonas del cuerpo cuya estimulación provoca respuestas a distancia. La zona gatillo quimiorreceptora se localiza en el área postrema, una pequeña estructura del bulbo raquídeo situada en el suelo del cuarto ventrículo cerebral. Su rasgo anatómico decisivo, y el que la hace funcionalmente única, es que carece de barrera hematoencefálica completa: los capilares de esta zona son fenestrados, es decir, presentan poros que permiten el paso libre de moléculas pequeñas y medianas desde la sangre hasta el tejido neural. En el resto del encéfalo la barrera filtra y restringe ese paso; aquí no. Esa peculiaridad explica todo lo demás. Las sustancias que circulan por la sangre —fármacos administrados por vía oral o parenteral, toxinas bacterianas, metabolitos acumulados en cuadros como la uremia o la cetoacidosis diabética— acceden directamente a las neuronas de la zona gatillo sin que la barrera tenga ocasión de detenerlas. Para esas sustancias, esta es la primera puerta del sistema nervioso central. La zona gatillo, situada como un puesto de vigilancia química en el límite entre la sangre y el cerebro, las detecta y, según su naturaleza, dispara la cascada del vómito. La zona gatillo expresa una variedad notable de receptores de membrana, lo que le permite responder a estímulos químicos muy distintos. Los más relevantes desde el punto de vista farmacológico son cinco: el receptor dopaminérgico D₂, el serotoninérgico 5-HT₃, el histamínico H₁, el de neurocinina NK-1 (que se une a la sustancia P) y el receptor opioide. Cada uno de ellos responde a un neurotransmisor o a una clase de fármaco propia. Cuando uno de estos receptores se activa, la neurona transmite la señal al centro del vómito, situado en el bulbo raquídeo, en la región del núcleo del tracto solitario y áreas vecinas. El centro del vómito es el integrador final: recoge entradas también de la mucosa digestiva (a través del nervio vago), del aparato vestibular (responsable del mareo del movimiento) y de la corteza cerebral (vómito anticipatorio, vómito por estímulos visuales o emocionales). Cuando la suma de aferencias supera el umbral, el centro del vómito orquesta la respuesta motora: cierre de la glotis, contracción del diafragma y de la musculatura abdominal, relajación del esfínter esofágico inferior, expulsión del contenido gástrico. La zona gatillo es, así, una de las vías que alimentan el reflejo, y la única que responde directamente a moléculas circulantes. La existencia de esta puerta química explica un fenómeno que de otra forma sería desconcertante: que sustancias muy distintas entre sí produzcan náuseas y vómitos como efecto secundario común. Los quimioterápicos antineoplásicos liberan serotonina desde las células enterocromafines del tubo digestivo y actúan también sobre los receptores de la CTZ; los opioides activan los receptores opioides de la zona; los agonistas dopaminérgicos como la apomorfina o la levodopa estimulan directamente los receptores D₂; los anestésicos generales, los glucósidos digitálicos, la teofilina y muchas toxinas bacterianas o metabólicas comparten la misma vía final. Todas estas situaciones convergen, anatómicamente, en el mismo punto. Conocer este mecanismo ha tenido una consecuencia práctica importante: el desarrollo de los antieméticos modernos se basa, en buena parte, en bloquear de forma selectiva los receptores de la CTZ. Los antagonistas de 5-HT₃ —el ondansetrón es el ejemplo más conocido— actúan precisamente sobre el receptor serotoninérgico de esta zona, y por eso son eficaces frente al vómito de la quimioterapia. Los antagonistas D₂ clásicos bloquean el receptor dopaminérgico. Los antagonistas NK-1, más recientes, ocupan el receptor de la sustancia P. La farmacología antiemética moderna es, en gran medida, farmacología de la zona gatillo quimiorreceptora. Por completitud, conviene señalar que el término "zona gatillo" se utiliza también, sobre todo en el ámbito de la fisioterapia y la rehabilitación, para designar el punto gatillo miofascial: un nódulo hiperirritable localizado dentro de una banda tensa del músculo esquelético, que produce dolor local y dolor referido a distancia. Aunque ambas acepciones comparten la metáfora del gatillo —una zona discreta cuya estimulación dispara una respuesta lejos del punto—, son conceptos médicos completamente distintos, sin parentesco anatómico ni funcional. Para esa acepción, consulte la entrada punto gatillo. Es un calco del inglés trigger zone. La metáfora reproduce la del arma de fuego: igual que al apretar un gatillo el efecto (el disparo) se produce a distancia, la activación de esta zona del bulbo desencadena una respuesta —el vómito— que se ejecuta lejos de ella. La palabra "gatillo" en español se documenta desde el siglo XV como diminutivo de "gato", la pieza del arma que sujeta el percutor. Porque actúan sobre los receptores específicos de la zona gatillo quimiorreceptora. Los quimioterápicos liberan serotonina, que activa el receptor 5-HT₃ de la CTZ. Los antagonistas de 5-HT₃ —fármacos como el ondansetrón— bloquean ese receptor y rompen la cascada del vómito en su eslabón inicial. La precisión del efecto se explica por la precisión anatómica del blanco. No. Son dos estructuras del bulbo raquídeo que cooperan pero cumplen funciones distintas. La zona gatillo quimiorreceptora detecta sustancias químicas en sangre y envía la señal. El centro del vómito recibe esa señal —junto con otras aferencias del aparato digestivo, del sistema vestibular y de la corteza— y orquesta la respuesta motora del vómito. La CTZ es el sensor; el centro del vómito es el integrador y el coordinador de la respuesta. No. El dedo en gatillo es una tenosinovitis estenosante de un tendón flexor de la mano, que produce un bloqueo intermitente del dedo al doblarse y extenderse. La coincidencia con la palabra "gatillo" es solo nominal: el mecanismo, la localización y la disciplina clínica son completamente distintos. Si desea profundizar en conceptos asociados a la zona gatillo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la zona gatillo
Localización: el área postrema y la ausencia de barrera
Receptores y mecanismo del reflejo emético
Importancia clínica de la CTZ
La otra acepción: zona gatillo miofascial
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "zona gatillo"?
¿Por qué los antieméticos modernos funcionan tan bien sobre el vómito de la quimioterapia?
¿Es lo mismo la zona gatillo que el centro del vómito?
¿Tiene algo que ver con el "dedo en gatillo"?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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