DICCIONARIO MÉDICO
Anticuerpo antitiroglobulina
El anticuerpo antitiroglobulina (anti-Tg) es un autoanticuerpo dirigido contra la tiroglobulina, la glucoproteína de alto peso molecular (~660 kDa) sobre la que se ensamblan las hormonas T4 y T3 dentro de los folículos del tiroides. Pertenece a la familia de los anticuerpos antitiroideos y se detecta en la mayoría de los pacientes con tiroiditis de Hashimoto, aunque su sensibilidad es inferior a la del anti-TPO. Etimológicamente, antitiroglobulina combina el prefijo ἀντί (antí, «contra»), θυρεοειδής (thyreoeidḗs, «tiroides», literalmente «en forma de escudo») y el latín globulina (proteína de forma globular). El anticuerpo reconoce distintos epítopos de la tiroglobulina, una de las moléculas más grandes del organismo humano: un dímero de aproximadamente 330 kDa por subunidad que constituye el principal componente del coloide folicular. Se detecta en el 60-80 % de los pacientes con tiroiditis de Hashimoto y en el 30-50 % de los que presentan enfermedad de Graves-Basedow. En la población general, hasta un 10 % de las personas sanas puede mostrar títulos bajos de anti-Tg, con mayor frecuencia en mujeres y en edades avanzadas, sin que ello implique necesariamente disfunción tiroidea en el momento de la determinación. El aspecto que singulariza al anti-Tg frente a los otros anticuerpos antitiroideos es su capacidad de interferir con la cuantificación de la tiroglobulina en sangre. En los pacientes operados de un carcinoma diferenciado de tiroides (papilar o folicular), la tiroglobulina sérica se emplea como marcador de enfermedad residual o recurrente: tras una tiroidectomía total, los niveles deberían ser indetectables; si ascienden, se sospecha tejido tiroideo remanente o metástasis. Cuando el paciente tiene anti-Tg circulantes, estos pueden unirse a la tiroglobulina presente en la muestra y alterar el resultado de la prueba. En los inmunoanálisis de tipo sándwich (los más utilizados actualmente), la interferencia suele generar valores falsamente bajos, lo que puede enmascarar una recaída. Por eso, la determinación de anti-Tg se solicita siempre junto con la de tiroglobulina, y un título positivo obliga a interpretar con cautela cualquier resultado de tiroglobulina supuestamente indetectable. Ambos son anticuerpos antitiroideos, pero reconocen proteínas distintas. El anti-TPO va dirigido contra la peroxidasa tiroidea y es más sensible para la tiroiditis de Hashimoto (positivo en más del 90 % de los casos). El anti-Tg reconoce la tiroglobulina y, aunque tiene menor sensibilidad como marcador de autoinmunidad, desempeña un papel relevante en oncología tiroidea por la interferencia descrita. No de forma rutinaria. Su solicitud se justifica sobre todo cuando se va a utilizar la tiroglobulina como marcador tumoral, es decir, en el seguimiento del cáncer diferenciado de tiroides. En el contexto de la enfermedad autoinmune sin cáncer, el anti-TPO suele ser suficiente como marcador serológico inicial. En muchos pacientes, los títulos de anti-Tg descienden progresivamente tras la eliminación del tejido tiroideo (el antígeno fuente del estímulo inmune). Ese descenso puede tardar meses o años, y algunos pacientes mantienen niveles detectables de forma prolongada. Un ascenso del anti-Tg en un paciente previamente negativo puede ser un indicio indirecto de recurrencia tumoral. Si desea profundizar en conceptos vinculados al anticuerpo antitiroglobulina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el anticuerpo antitiroglobulina
Interferencia con la medición de tiroglobulina sérica
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre el anti-Tg y el anti-TPO?
¿Es necesario medir el anti-Tg en todos los pacientes tiroideos?
¿El anti-Tg desaparece tras la tiroidectomía?
Referencias
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